sábado, 7 de marzo de 2015

La banalidad del mal


El relato que sigue no dice nada nuevo a los lectores de Astroboy sobre la situación en Ucrania. Lo posteamos por la sencilla razón de que pone los pelos de punta. El artículo es de Alexei Sakhnin y apareció originalmente en el sitio Liva.com. Hoy lo publica Slaviangrad.es. Acá va:


Título: La impunidad de la extrema derecha

Texto: El 9 de febrero, en pleno centro de Kiev, el nacionalista radical sueco Mikael Skillt y otros soldados del batallón voluntario paramilitar Aidar arrestaron a dos hombres que cruzaban la plaza de Maidan en el centro de la capital. Estos dos hombres simplemente caminaban por la calle, supuestamente hablando por teléfono en tono excesivamente elevado “sobre el Ejército Ucraniano, concretamente sobre cuántos soldados ucranianos deberían morir”, declararon los soldados de Aidar al canal de televisión ucraniano Espresso-TV.

Estos alertos patriotas y el voluntario sueco, que pasaban por allí, inmediatamente arrestaron a estos “separatistas”. Registraron a los “arrestados” y afirmaron haber encontrado medallas de “las organizaciones terroristas RPD y RPL”.

De hecho, según la ley, los miembros de batallones voluntarios no tienen derecho a detener, interrogar o registrar a ciudadanos (aunque muchos de los miembros de estos batallones voluntarios están oficialmente registrados como empleados del Ministerio del Interior ucraniano). En realidad, lo hacen habitualmente. De hecho, en septiembre de 2014, Amnistía internacional publicaba un informe en el que el batallón Aidar de repetidos casos de secuestro, tortura e incluso ejecuciones.

La opositora Tatiana Montyan, líder del partido “Spilna Diya” (Acción Común), en una conversación con la revista sueca Aftonbladet afirmó que no creía que los detenidos fueran “separatistas”. “Son los cuentos de los bosques de Viena”, dijo. Nadie en Kiev se pasearía hablando en alto sobre su simpatía por los rebeldes; y menos aún llevarían medallas otorgadas por “la otra parte”.

Según Tatiana, este episodio podría tener cualquier otro tipo de explicación, incluyendo un simple robo a pleno día, de alguna forma tapado como una “acción patriótica”. Ese tipo de casos, afirma, se están haciendo cada vez más frecuentes en Ucrania. Quienes están armados sienten completa impunidad y se permiten cometer actos ilegales abiertamente, mientras la policía teme involucrarse. Recientemente se ha dado el caso de “patriotas” armados lanzando una granada a la policía.

“El caos va en aumento en el país; todas las instituciones estatales se están colapsando”, dice Montyan.

Pero si bien las víctimas de los soldados de Aidar eran muy probablemente ciudadanos inocentes que pasaban por allí, la presencia de los soldados en esta calle principal de la ciudad no tiene nada de accidental. Habían acudido al centro de la ciudad en busca de “provocadores pro-rusos”, que es como se describe hoy en día a quienes protestan contra el aumento de las tarifas del metro y del resto del transporte, que se han duplicado.

Según el memorándum que el Gobierno ucraniano ha firmado con el Fondo Monetario Internacional, el ejecutivo se compromete, comenzando este año, a elevar la edad de jubilación a los 65 años, multiplicar por entre cuatro y seis el precio del gas natural, despedir a 230,000 empleados del sector público (principalmente médicos y profesores) e implementar otra serie de impopulares medidas de austeridad. Todo ello, unido al aumento del paro y la odiada movilización del ejército, deja a Ucrania al borde de una explosión social.

En una situación así, es casi natural que aparezcan guardias radicales y nacionalistas en dichas protestas sociales. Los llamados batallones voluntarios, muchos de los cuales alardean de su ideología ultraderechista, están financiados por grandes empresarios, como por ejemplo el multimillonario gobernador de Dnipropetrovsk Igor Kolomoisky.

“Todos ellos pertenecen a los oligarcas, políticos y oficiales”, confirma Tataiana Montyan, “y ejecutarán cualquier orden, independientemente de si es contraria a la ley”.

En una situación de grave crisis social, estos destacamentos bien armados y entrenados pueden convertirse en el soporte de quienes detentan el poder en Ucrania y que rápidamente están perdiendo su popularidad. Hoy, la retórica patriótica comienza a mezclarse con el racismo social y la discriminación.

“He detenido a dos separatistas y resulta que uno de ellos tiene tuberculosis. Ahora me da un escalofrío cada vez que toso”, se quejaba Mikael Skillt en su cuenta de Twitter. Uno de sus lectores explicaba cómo se asocia la enfermedad con los “separatistas”: “La mayor parte de ellos son criminales y la tuberculosis es algo común en las cárceles rusas”, escribió.


Pero Mikael Skillt, el soldado sueco que lucha por la raza blanca, no se ha desanimado. “Esa mierda no mata a los vikingos”, dice.

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