jueves, 5 de marzo de 2015

¿Acuerdo USA-Irán?

Secretario de Estado de los EEUU, John Kerry, tranquilizando sauditas

Bueno, parece que podría no haber guerra con Irán después de todo. Imaginamos el ataque de furia de la derecha israelí y estadounidense; chusma sanguinaria como Netanyahu y McCain, por ejemplo, siempre listos para destrozar algún país de Medio Oriente. Bien por Obama esta vuelta: give peace a chance. Por supuesto, siempre está el congreso estadounidense, más reaccionario que nunca, capaz de bloquear los eventuales acuerdos. En fin, se verá. Estas tres noticias salieron hoy en el diario español El País:


Título: Kerry y Zarif inician la fase final de las negociaciones nucleares

Subtítulo: Los jefes de las agencias de energía de Irán y EEUU se unen por primera vez a las deliberaciones en Ginebra

Texto: El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y el ministro de Exteriores iraní, Mohammad Javad Zarif, se han reunido en Ginebra este domingo y volverán a hacerlo mañana lunes, a cinco semanas de que concluya el plazo que se fijaron para alcanzar un acuerdo nuclear. Ambos intentan dar impulso político a las negociaciones técnicas que sus equipos llevan a cabo desde el pasado viernes y a las que se han unido, por primera vez, los responsables de las respectivas agencias de energía. Pero detrás de las sonrisas que los dos jefes negociadores exhiben ante la prensa, las diferencias son aún grandes.

“Los segundos han tenido buenos debates, pero no se ha alcanzado ningún avance concreto”, ha declarado Zarif esta mañana a su llegada a esa ciudad suiza.

“Aún hay importantes lagunas, queda camino por recorrer”, manifestó por su parte Kerry la víspera en Londres, tras entrevistarse con el jefe del Foreign Office, Philip Hammond. Esa escala en la capital británica retrasó varias horas su llegada a Ginebra.

La participación ahora del jefe de la Agencia de la Energía Atómica de Irán, Ali Akbar Salehi, y del secretario norteamericano de Energía, Ernest Moniz, ha despertado expectativas sobre la inminencia de un acuerdo. “No sacaría ninguna conclusión”, ha advertido Kerry tras atribuir su presencia a la naturaleza “muy técnica” de las deliberaciones. Además de sus cargos, Salehi es ingeniero nuclear y Moniz es físico nuclear. Ambos han mantenido tres reuniones durante el día de hoy.

El objetivo de las negociaciones, formalmente entre las grandes potencias (EEUU, China, Rusia, Reino Unido, Francia y Alemania) e Irán, es alcanzar un acuerdo que permita a este país el desarrollo de un programa nuclear civil, pero no dotarse de armas nucleares, como EEUU y sus aliados sospechan que era su intención. A cambio de aceptar esos límites, Teherán obtendrá el levantamiento de las graves sanciones económicas y financieras con las que la comunidad internacional viene castigando su desafío y que lastran su desarrollo.

El ritmo de las conversaciones técnicas se ha acelerado en los últimos meses, con múltiples reuniones entre los equipos de Irán y EEUU. También Zarif y Kerry se han entrevistado varias veces desde principios de año en distintas capitales europeas para impulsar los aspectos políticos. Algunos analistas, como Laura Rozen, aseguran que “se hicieron progresos en los encuentros que mantuvieron en Munich entre el 6 y el 8 de febrero”.

Al parecer, se habría logrado un acercamiento de posturas sobre la capacidad de enriquecimiento de uranio que Irán podrá mantener, entre otros puntos en disputa. Ese proceso, que tanto sirve para fabricar combustible para una central nuclear como material fisible para un arma atómica, constituye el eje central del debate. EEUU ha presentado a los negociadores iraníes varias posibilidades para alcanzar una capacidad de enriquecimiento aceptable (para Washington, que haga imposible fabricar una bomba en menos de un año).

El equipo estadounidense espera que Teherán dé su acuerdo a una de esas propuestas. Los negociadores iraníes, por su parte, insisten sobre el ritmo de levantamiento de las sanciones. Mientras EEUU propone plazos que permitan verificar el cumplimiento del acuerdo, ellos aspiran a liberarse de un castigo que siempre han considerado inmerecido.

El tiempo apremia. Ambas partes pactaron el pasado noviembre sobre un calendario en dos fases para alcanzar un acuerdo político antes del 31 de marzo y luego ultimar los detalles técnicos para el 1 de julio. Sin embargo, en las últimas semanas, Teherán ha insistido en un pacto global que incluya todos los aspectos.

“No habrá ningún otro acuerdo antes de que se alcance uno completo”, ha manifestado Zarif haciéndose eco del deseo expresado por el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, que tiene la última palabra en todos los asuntos de seguridad nacional y política exterior.

Tampoco Estados Unidos está dispuesto a alargar eternamente el proceso que se inició en noviembre de 2013 y que ya se ha ampliado en dos ocasiones.

“El presidente [Barack] Obama no tiene ninguna intención de extender estas negociaciones más allá de la fecha fijada”, ha señalado Kerry, convencido de que el mandatario estaría “dispuesto a parar las conversaciones” si tiene la impresión de que Teherán no está preparado para un compromiso.

Además, las presiones internas azuzan a ambos gobiernos. Los conservadores iraníes temen que sus rivales políticos se beneficien del previsible auge económico y la apertura social que traería el acuerdo. Los neocon estadounidenses, alentados por sus relaciones con Israel, intentan boicotearlo con nuevas sanciones.


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Título: EE UU intenta tranquilizar a los árabes del Golfo por el pacto con Irán

Texto: El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, ha asegurado este jueves a sus aliados de la península Arábiga que las negociaciones nucleares con Irán no van a traducirse en un “gran pacto” que suponga cerrar los ojos a las acciones desestabilizadoras de ese país en la región. Kerry, que viajó a Riad para informar a sus interlocutores de la marcha de esas deliberaciones, se reunió además de con el rey Salman de Arabia Saudí, con los ministros de Exteriores de los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).

“Mientras debatimos con Irán sobre su programa nuclear, no vamos a apartar nuestra vista del resto de las acciones desestabilizadoras de Irán en otros lugares como Siria, Líbano, Irak y la península Arábiga, en especial Yemen”, declaró el secretario de Estado, citado por Reuters, al término de su visita.

Los miembros del CCG (que además de Arabia incluye Kuwait, Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Omán) temen que el acuerdo que EE. UU. está ultimando con Irán no sea suficiente para impedir que este país se convierta en una potencia nuclear. O lo que para ellos es casi igual de grave, que a cambio de que renuncie a esa posibilidad, la comunidad internacional haga la vista gorda a su creciente intervención en los asuntos regionales.

“Permítanme subrayarlo: no estamos buscando un gran pacto. No va a cambiar nada al día siguiente de este acuerdo, si lo alcanzamos, con respecto al resto de los asuntos a los que nos enfrentamos en esta región”, enfatizó Kerry.

A su lado, el ministro saudí de Asuntos Exteriores, el príncipe Saud al Faisal, expresó su preocupación por la implicación de Irán en la ofensiva que las fuerzas iraquíes están y las milicias chiíes han lanzado para desalojar al Estado Islámico (EI) de Tikrit.

“La situación en Tikrit es un buen ejemplo de lo que nos preocupa. Irán está haciéndose con el país”, manifestó Saud en referencia a Irak.

Los países del CCG, con la excepción de Omán, están dirigidos por monarquías suníes. A la cabeza del grupo, por tamaño y población, Arabia Saudí, erigida en baluarte de esa rama del islam, ve al Irán chií como un rival con cada vez mayores ambiciones. Teherán apoya de forma activa a las fuerzas gubernamentales en Irak y Siria (en ambos casos chiíes), y se le vincula con los rebeldes yemeníes de esa confesión que han desalojado del poder a un Gobierno apoyado por el CCG y EE. UU.

Esa hostilidad está alentando el sectarismo. Sin embargo, Estados Unidos considera que, precisamente por su carácter suní, el respaldo de esos estados es clave en la lucha contra el EI, grupo que se reclama de esa confesión, y también para pacificar Irak, donde la brecha sectaria amenaza con dividir el país. De hecho, Arabia Saudí y, en distinta medida, el resto de las monarquías árabes, contribuye a la coalición internacional que combate a los yihadistas e incluso se comprometió a albergar los campos de entrenamiento para los insurgentes sirios moderados (en guerra contra el régimen de Bachar el Asad, que apoya Irán).

Consciente del delicado juego de intereses del que pende la estabilidad de Oriente Próximo, Kerry voló el miércoles por la noche a Riad desde Montreux (Suiza), donde durante tres días había mantenido varias sesiones de trabajo con su homólogo iraní, Mohammad Javad Zarif. Aunque ambos señalaron que aún quedan divergencias significativas, también hablaron de avances y eso es lo que preocupa a los aliados de Washington.

“Presidente Obama, escuche a Netanyahu sobre Irán”, ha pedido en un artículo de opinión Faisal J. Abbas, el director de Al Arabiya English, un medio de propiedad saudí aunque con sede en Dubái. Los portavoces oficiales no han llegado a tanto. Pero los gobernantes saudíes, como la mayoría de los del CCG, comparten el temor del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a un Irán fuerte, que recupere su condición de potencia regional.


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Título: Netanyahu augura que el pacto con Irán lleva a una “pesadilla nuclear”

Texto: El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, intentó persuadir este martes al Congreso de Estados Unidos para que torpedee las negociaciones de la Administración Obama con Irán. En un discurso ante los legisladores, Netanyahu dijo que el acuerdo sobre el programa nuclear iraní dejará en pie la infraestructura de este país para fabricar una bomba y colocará a Israel, Oriente Próximo y el mundo bajo la amenaza de una “pesadilla nuclear”.

“Es un mal acuerdo. Es un muy mal acuerdo”, dijo Netanyahu en el Capitolio, el mismo día en que el secretario de Estado de EE UU, John Kerry, negociaba en Montreux (Suiza) con su homólogo iraní, Javad Zarif.

El primer ministro israelí vaticinó que, si los planes de Obama prosperan, el mundo afrontará en unos años “un Irán más peligroso, un Oriente Próximo lleno de bombas nucleares, y una cuenta atrás hacia una pesadilla nuclear potencial”.

No es inusual que un líder extranjero se dirija al Congreso, pero sí que lo haga en las circunstancias de Netanyahu: a dos semanas de las elecciones en Israel, invitado por el líder republicano del Congreso a espaldas de la Casa Blanca, y con el objetivo declarado de socavar la autoridad del presidente de EE UU, su aliado más estrecho.

Obama ha rechazado reunirse con Netanyahu durante su visita a Washington. El vicepresidente Joe Biden, que por su cargo es presidente del Senado, se encuentra de viaje a Centroamérica. Más de 50 congresistas demócratas se ausentaron de la cámara en protesta.

El argumento de Netanyahu es que, aunque el acuerdo que negocian EE UU y las cinco potencias de la ONU (más Alemania) congelase el programa nuclear, a Irán le bastaría un año o menos para reactivarlo. El primer ministro cuestiona la eficacia de los inspectores. Y afirma que este tendría una vigencia de una década y entonces podría fabricar la bomba.

“Es por esto que es un acuerdo tan malo. No bloquea el camino de Irán hacia la bomba: allana el camino para que Irán consiga la bomba. ¿Por qué alguien querría este acuerdo?”, dijo. Obama ha invertido en el acuerdo parte de su capital político. No se trata sólo del programa nuclear: el éxito de la negociación permitiría el deshielo con Irán, enemigo de más de tres décadas, y reconfiguraría los equilibrios en Oriente Próximo.

El presidente ofrece levantar las sanciones que ahora pesan sobre el régimen iraní a cambio de concesiones. Entre ellas, un periodo de un año: el tiempo necesario para que Irán lograse la bomba en caso de que decidiese romper lo pactado; el acceso de inspectores; y la vigencia del acuerdo de 10 años como mínimo. La fecha límite para llegar a un acuerdo marco es el 31 de marzo.

Ante el Congreso, Netanyahu dijo que su alternativa al acuerdo de Obama no es la guerra sino un acuerdo mejor. No lo concretó. Pero dijo que la comunidad internacional debe exigir, antes de negociar con los iraníes, que estos dejen de agredir a sus vecinos, fomentar el terrorismo internacional y amenazar la existencia de Israel

“El primer ministro no ha ofrecido alternativas viables”, defendió Obama. Ni las sanciones ni una guerra evitarán que Irán se arme, añadió. Nancy Pelosi, líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, describió el discurso de Netanyahu como un “insulto a la inteligencia de Estados Unidos”.

El Congreso, de mayoría republicana, podría desbaratar los planes de Obama con más sanciones contra Irán. Pese al desplante de un grupo de demócratas, el líder israelí recibió una acogida cálida, digna de un discurso sobre el estado de la Unión. Entre los invitados se hallaban el superviviente del Holocausto Elie Wiesel y el magnate de Las Vegas Sheldon Adelson. Con su inglés impecable y su habilidad para agasajar a los congresistas, parecía un presidente de EE UU o un jefe de la oposición.

El discurso de Netanyahu, unido a la reacción hostil de Obama, tensa las relaciones bilaterales y divide a demócratas y republicanos, habitualmente unidos en el apoyo a Israel. Para los seguidores de Netanyahu, el discurso tuvo ecos churchillianos: un líder que avisa de los peligros del apaciguamiento. Para sus detractores, fue la intervención de un oportunista que inyecta electoralismo en una alianza duradera.


Existen precedentes de un líder israelí buscando alianzas en el Congreso contra la Casa Blanca. El demócrata Obama podría citar a otro presidente, el republicano Ronald Reagan. Cuando en los ochenta Menahem Begin intentó torpedear la venta de aviones AWACS a Arabia Saudí, Reagan enfatizó: “No corresponde a otras naciones hacer la política exterior americana”.

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