jueves, 17 de noviembre de 2016

Trump: cambio o continuidad


El sitio web Red Voltaire ha comunicado estos días dos visiones contrapuestas sobre el significado del triunfo de Donald Trump en el corazón del Imperio. Por un lado, el director de RV, Thierry Meyssan, sugiere que con Donald Trump se abre una etapa de cambios reales. Por el otro, el analista Manlio Dinucci sostiene que, con Trump, cambia algo para que, en el fondo, no cambie nada. Veamos ambas notas:


Título: ¿Puede Trump tener éxito?

Autor: Thierry Meyssan

Epígrafe: Mientras la prensa atlantista se empeña en proyectar sobre Donald Trump los debates artificiales que Hillary Clinton impuso durante la campaña electoral por la presidencia de Estados Unidos y se multiplican los llamados a asesinar al presidente electo, este último se prepara para cambiar de paradigma, echando abajo la ideología puritana que domina su país desde hace dos siglos. Pero, ¿puede lograrlo?

Texto: La prensa internacional trata de convencernos de que los electores de Donald Trump expresaron con sus votos una revuelta de los “blanquitos” contra las élites. Lo que en realidad hace esa prensa es prolongar el discurso de Hillary Clinton que los electores estadounidenses acaban de rechazar. Esa prensa se niega a aceptar el hecho que la actual división interna estadounidense nada tiene que ver con los temas que ella privilegió durante la campaña electoral.

Sin embargo, todos hemos visto aparecer une nueva grieta, no entre los dos grandes partidos estadounidenses sino dentro de ellos. Numerosos líderes republicanos apoyaron a la señora Clinton, mientras que algunos líderes demócratas respaldaban a Trump. De hecho, el propio Bernie Sanders acaba de proponer sus servicios al presidente electo. Al mismo tiempo, el análisis del resultado de la votación por categorías comunitarias (mujeres, hispanos, negros, musulmanes, gays, etc.) ha dejado de tener sentido. A pesar de que nos repitieron hasta el cansancio que votar por Donald Trump era votar por el odio a las minorías, al menos una tercera parte de los miembros de las minorías votó por él.

Algunos periodistas tratan de apoyarse en el antecedente del Brexit, cuando el resultado del referéndum británico los dejó igualmente sorprendidos y totalmente incapaces de explicarlo. Si el análisis se hiciese en base a los antecedentes extranjeros, habría que tener en cuenta al menos los sorpresivos resultados electorales del hoy presidente de la India Narendra Modi y del actual presidente Rodrigo Dutertre en Filipinas (una ex colonia de Estados Unidos).

A pesar de lo que sigue afirmando la propaganda, los británicos no votaron contra los europeos, los indios no votaron contra los musulmanes y los filipinos no votaron contra los chinos. Al contrario, cada uno de esos tres pueblos está tratando de salvar su propia cultura y de vivir en paz. Aunque en 2002 fue responsable de los motines anti-musulmanes en Gujarat, el hoy presidente indio Narendra Modi tendió la mano a Pakistán, convencido de que los problemas entre la India y ese país fueron organizados y alimentados por las potencias coloniales. Lo mismo sucede en Filipinas, donde el presidente Rodrigo Dutertre sorprendió a todos acercándose al «enemigo chino».

Hace varias semanas expliqué, desde estas mismas columnas [1], que lo que hoy divide a Estados Unidos no es la procedencia étnica, ni la procedencia social sino la ideología puritana. Si mi explicación es correcta, seremos testigos de una lucha existencial de los partidarios de esa ideología contra la administración Trump. Todas las iniciativas del nuevo presidente serán saboteadas de forma sistemática. Ya en este momento, las manifestaciones contra el resultado de la elección y la amplísima cobertura que los grandes medios les reservan demuestran que los perdedores no respetarán las reglas de la democracia.

Más que pensar en cómo sacar ventaja de la administración Trump, tendríamos que preguntarnos cómo podemos ayudarla a liberar su país de su propio imperialismo, a poner fin al mundo unipolar y a la «doctrina Wolfowitz», cómo podemos poner fin al enfrentamiento y pasar a la cooperación.

Mientras la prensa estadounidense especula sobre la inclusión de personalidades de la administración Bush en la futura administración Trump, nosotros debemos anticipar el papel político que van a desempeñar los cuadros comerciales de la Trump Organisation, únicas personas en las que el nuevo presidente podrá confiar.

Y habrá que tener muy en cuenta el papel que puede desempeñar el general Michael T. Flynn, quien –a pesar de ser demócrata– fue el principal consejero del candidato Donald Trump en materia de política exterior y de defensa. Como director de la inteligencia militar estadounidense, desde la celebración de la conferencia Ginebra 1 y hasta el inicio de la embestida del Emirato Islámico (Daesh) contra Irak, el general Michael T. Flynn luchó constantemente contra el presidente Obama, la secretaria de Estado Hillary Clinton, los generales David Petraeus y John Allen, y también contra el secretario general adjunto de la ONU Jeffrey Feltman, empeñados todos en seguir recurriendo a los yihadistas y al terrorismo para mantener la hegemonía del imperialismo estadounidense. Desde un cargo como los de consejero presidencial para la seguridad nacional, director de la CIA o secretario de Defensa, pudiera llegar a ser el mejor aliado de la paz en el Levante.


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Título: La alternancia del Poder imperial

Autor: Manlio Dinucci

Epígrafe: Contrariamente a Thierry Meyssan, Manlio Dinucci no piensa que el presidente electo Donald Trump tenga intención, ni tampoco poder para modificar la política exterior de Estados Unidos.

Texto: La derrota de Hillary Clinton es, en primer lugar, la derrota del presidente Barack Obama quien, después de haberse lanzado en una intensa campaña a favor de ella, ahora ve como el electorado cuestiona su propia presidencia, cargo que él mismo había alcanzado prometiendo –en 2008– que no respaldaría solamente a Wall Street sino también al «Main Street», o sea al ciudadano medio.

A pesar de aquella promesa electoral, durante los dos mandatos de Obama, la clase media estadounidense ha visto empeorar su situación y aumentar la tasa de pobreza mientras que los ricos se hacían cada vez más ricos. Ahora, presentándose como el paladín de la clase media, es el outsider millonario Donald Trump quien acaba de conquistar la presidencia.

¿Qué cambia este relevo en la Casa Blanca en cuanto a la política exterior de Estados Unidos? Ciertamente, no cambia el objetivo estratégico fundamental de Estados Unidos, que es seguir siendo la potencia mundial dominante, una posición cada vez más tambaleante. Estados Unidos está perdiendo terreno en el plano económico, e incluso en el terreno político, ante China, Rusia y varios «países emergentes» y es por eso que está poniendo su espada en la balanza, lo cual explica la serie de guerras en las que Hillary Clinton desempeñó un papel protagónico.

Como puede leerse en su autobiografía autorizada, fue la señora Clinton quien –en sus tiempos de «first lady»– convenció a su marido-presidente para desatar la guerra que arrasó Yugoslavia, dando así inicio a la serie de «intervenciones humanitarias» contra «dictadores» acusados de «genocidio».

Como puede verse en sus correos electrónicos, también fue la señora Clinton quien –como secretaria de Estado– convenció al presidente Obama para que desatara la guerra que acabó con Libia y para que iniciara una operación similar contra Siria. También fue la señora Clinton quien promovió la desestabilización interna contra Venezuela y Brasil y el «pivot to Asia» estadounidense con intenciones anti-chinas. Y fue igualmente la señora Clinton quien, utilizando incluso la Fundación Clinton, preparó el terreno en Ucrania para el putsch de la plaza Maidan, que inició la escalada de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia en Europa.

Dado el hecho que todo lo anterior no ha bastado para frenar la pérdida de influencia de Estados Unidos, ahora le tocará a la administración Trump corregir el tiro, tratando de alcanzar el mismo objetivo. Es irrealista la hipótesis de que Trump tenga intenciones de abandonar el sistema de alianzas creado alrededor de una OTAN a las órdenes de Washington, aunque sí es muy probable que dé un puñetazo en la mesa para lograr que los aliados incrementen sus compromisos, sobre todo en materia de gasto militar. También podría tratar de llegar a un acuerdo con Rusia, incluso para tratar de separarla de China, país hacia el que ha anunciado la adopción de medidas económicas, posiblemente acompañadas de un ulterior incremento de la presencia militar de Estados Unidos en la región Asia-Pacífico.

Ese tipo de decisiones, que ciertamente conducirán a nuevas guerras, no dependen del temperamento belicoso de Donald Trump sino de los centros de poder a los que la Casa Blanca se somete.

Esos centros de poder son los colosales grupos financieros que controlan la economía –hay que recordar que sólo el valor de las acciones de las empresas cotizadas en la bolsa de Wall Street es superior a todo el ingreso nacional de Estados Unidos.

Son las transnacionales, cuyas dimensiones económicas sobrepasan las de Estados enteros, las que prefieren “deslocalizar” la fabricación de sus productos para realizarla en los países que ofrecen la fuerza de trabajo más barata, ocasionando así el cierre de fábricas en Estados Unidos, con el subsiguiente aumento del desempleo, que a su vez empeora la situación de la clase media estadounidense.

Son los gigantes de la industria bélica los que se benefician con las guerras.

Es el capitalismo del siglo XXI, cuya máxima expresión es precisamente Estados Unidos, el que crea una creciente polarización entre riqueza y pobreza. Un 1% de la población mundial posee más riquezas que todo el 99% restante.


Y a esa clase de súper ricos pertenece el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, a quien el primer ministro italiano Matteo Renzi ya ha jurado fidelidad, como antes hizo con el presidente Obama.


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