lunes, 9 de febrero de 2015

¿Guerra o fútbol?

A medida que la masturbación mediática se vuelve hábito consuetudinario en Occidente, aparecen estos “shocks” informativos que confunden al público durante los cuatro o cinco segundos de actividad cerebral continua que le permite el sistema, antes de mandarlo de vuelta a babearse en Facebook. Fíjense, por ejemplo, en las vueltas retóricas que tuvo que dar un diario como El País de España, tratando de explicar como si fueran una “opción” las desesperadas volteretas diplomáticas de EEUU y Europa en estos últimos tres días. Justo a tiempo para evitar (un suponer) que empiecen a aparecer empalados diez mil nazis ucranianos en la ruta que va de Donetsk a Lugansk:

Título: Obama y Merkel buscan un frente común para estabilizar Ucrania

Subtítulo: Los líderes estadounidense y alemán dan unos días a la diplomacia

Texto: El presidente Barack Obama y la canciller Angela Merkel quieren dar tiempo a la diplomacia antes de adoptar nuevas medidas punitivas contra Rusia por su papel en la crisis de Ucrania.

Si el esfuerzo francoalemán para alcanzar un alto el fuego fracasa, se abrirá el debate, entre Estados Unidos y la Unión Europea, sobre el siguiente paso. Y aquí llegan las discrepancias. Mientras que Merkel rechaza armar al Gobierno de Ucrania, Obama contempla el suministro de ayuda letal a las fuerzas ucranias como una de las opciones en el conflicto.

 “No hemos tomado ninguna decisión [sobre la posibilidad de armar a Ucrania]”, dijo este lunes Obama en una rueda de prensa en Washington junto a Merkel.
“Sobre la exportación de armas, he dado mi opinión", dijo Merkel. "Pero decidamos lo que decidamos, la alianza entre Estados Unidos y Europa seguirá en pie, seguirá siendo sólida, aunque no estemos de acuerdo en algunos temas”.

Ambos coincidieron en que, sea cual sea la decisión sobre una mayor implicación militar de los países de la OTAN en el conflicto, la solución no será militar.

La reunión entre Merkel y Obama llega en una semana que puede ser clave para Ucrania, y un año después de que las protestas en la capital, Kiev, precipitasen la caída del presidente prorruso Victor Yanukovich, la anexión por Rusia de la península de Crimea y la insurrección prorrusa en el Este del país.

En Europa, la escalada bélica de las últimas semanas ha movilizado a las principales capitales en busca de un acuerdo. En Washington, el presidente Obama afronta una presión creciente de los halcones del Congreso y de algunos miembros de su Gobierno para que arme a las fuerzas ucranias.

Merkel y el presidente francés, François Hollande, prevén reunirse el miércoles en Minsk, la capital de Bielorrusia, con el presidente ruso, Vladímir Putin. Obama se ha resistido hasta ahora a enviar armamento a Ucrania. Desde que hace un año estalló la crisis, el presidente de EE UU ha procurado coordinar las sanciones económicas a Rusia con los socios europeos.

“Seguimos implicados en una resolución diplomática de esta cuestión”, dijo Obama. “Se espera de nosotros que lo intentemos una y otra vez”, dijo Merkel.

La negociación se desarrolla en varios tableros a la vez. Entre los socios europeos: los partidarios de la mano dura contra Rusia y los más contemporizadores; entre la UE y EE UU; y también dentro de Estados Unidos y de la propia Administración Obama."

¿Entienden lo que pasa, chicos? Mientras Obama juega al golf lo bombardean todo el tiempo los neocones para que incendie medio planeta. El bueno de Obama contemporiza y larga: "Bué, metan fierro en Ucrania, men". Merkel y Hollande hacen codito con energía y dicen "De acá!". Merkel se toma el bondi a la Casa Blanca y le explica a Obama: "Vos callate un rato que los rusos están enojados". Obama: "Bué, saquen los fierros, men"


Es que tanto rusos como novorusos ya están preparándose física y espiritualmente para la guerra global, mientras que Occidente no decide aun con qué se idiotiza a las masas este lunes: ¿Fútbol o Donetsk? Fulbo, claro. Un bloguero ruso frecuentemente citado por nosotros resumió la dispar actitud del público en general en cada bloque. Bajo el título: "Social warning" from Russia: we are ready for war; are you?”, el “Peregrino” (del sitio: decía hoy:  

“One of the most striking differences between the Russian and Western media is the fact that the topic of a possible war is constantly discussed in the former and almost never in the latter.  In Russia, the main news shows discuss the risks of war, as do a lot of well-known personalities, and on talk-shows this is a recurrent topic.  Even Putin recently had to declare that he did not believe that a war was likely.  It is as if both Russia and the West were like two trains on the same tracks, going at full speed towards each other but with one big difference: the western "train" is steaming forward with its eyes closed, while the Russian train is going forward with its eyes wide open.

The second big difference is the rage and determination which are expressed by Russians of all walks of life.  The most often heard sentence now is "Russians don't surrender".  Russians find it amazing and absolutely crazy that the western "leaders" have apparently convinced themselves that the Russians will "blink" and let Obama scare them into not standing up for the Donbass.  The mood is "if you really want a fight, then we will give you one".”



Lo concreto es que, más allá de la pavada "informativa", el ruido que provocan estas movidas de piso al Imperio son verdaderamente notables. Tal vez sea el humor de James H. Kunstler ( quien mejor resuma la situación de este momento. Bajo el título: “All Twerked Out” manda una de esas piezas que merecerían figurar en algún futuro volumen sobre Historia Contemporánea, en el capítulo: “Clima de época en el ocaso americano”.  Acá va: 

“Bruce Jenner’s journey to transgender sainthood was interrupted Saturday on the road to Malibu, and with it perhaps the Kardashian Klan’s hopes and dreams for achieving supremacy of the known universe. All of America was twerking at the news because that is what we do and who we are now. The nation’s attention these blizzardy days would have otherwise gone straight from the Super-bowl halftime hallucination to the stupendous narcissistic grandiosity of the Grammy Awards. America becomes, day upon day, one gigantic act of “performance art” geared to shocking a bourgeoisie that has dwindled so deeply that, curiously, there may be absolutely nobody left to shock.

Of course the Kardashians are a mere metaphor for what has happened to this country, and Bruce Jenner is a metaphor for what has happened to American men. Maybe that’s why they persist in the spotlight. It is a well-known fact that motorists on a highway always slow down to see just what happened at the grisly scene of the accident. We can’t take our eyes off these freaks and geeks.

The Romans, on their journey to decadence, lacked the voltage and the wiring to amplify the anomie overtaking them. We’re bathed and bombarded with the images of exactly how disgusting we are. People of WalMart, throw off your chains of debt, indeed! Imagine trying to govern a land of such vicious dolts. Well, here’s a news flash: no one is really trying — whether from a lack of conviction or courage or intelligence, or out of sheer contempt, it is hard to say.

It is heartening, finally, to see Europe attempt to creep away from the intrigues of our Klown Konfederacy at least in the current matter of Ukraine, that poor perpetually over-trodden land of potato-eaters lately torn asunder by America’s idiotic wish to wrest it away from Russia’s 1000-year sphere of influence. Merkel and Hollande stole over to Moscow last week to confab with Mr. Putin. They evidently omitted to inform the haircut-in-search-of-a-brain, Secretary of State John Kerry. Who would want that mule-faced ninny at the table? The Europeans are beginning to say some sane and arresting things, such as: Russia and Europe are part of the same civilization — note the implication that perhaps America is not so much in that club anymore. Perhaps it should be left twerking out on one of its fabulous lost highways until it is all twerked out.

Europe, of course, has its own problems and they are very grave, and they are hard to understand because they derive from a financial system grown so abstruse and impenetrable that the ancient black magic arts look like a game of Go Fish in comparison. At this late stage, they can only pretend to figure out where all the entwined obligations really lead, and what might happen if someone starts to yank on a thread somewhere. The question for the moment therefore is: can they continue to succeed in pretending? A sickening sense of look-out-below spreads through the sentient ranks. This week will be a doozy.

One thing is clearing up: Europe does not want or need to start a war with Russia at America’s insistence. What America needs is a war with itself, a war against the lazy narcissism that has left it susceptible to armies of grifters and racketeers, because ordinary people were too busy twerking and jerking to pay any real attention to the systematic dismemberment of their culture. Waiting in the wings is a whole category of human endeavor quaintly known as virtue, lately absent in the collective consciousness. What a shock it would be if Americans began to witness acts of fortitude and valor among us.”

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