martes, 7 de junio de 2016

Una carta


Mientras tanto, en el Frente Oriental de las guerras del Imperio, sobre el borde de la Federación Rusa, en la República Popular de Donbass (RPD), al este de lo que los fascistas de Kiev se empeñan todavía en denominar "Ucrania", un hombre de nacionalidad serbia, voluntario y ya legendario, escribe una carta que merece ser leída. Así lo cuenta el sitio web Slaviangrad.es (cuyo lema es una frase de V. M. Molotov: "Nuestra ira no tiene límites":



Título: La despedida de Dejan Beric

Texto: Dejan Beric, sin duda el más famoso de los voluntarios serbios, francotirador y capitán del ejército de la RPD, ha manifestado su intención de abandonar Donbass. Dejan ha luchado desde el principio, desde Crimea, y ha pasado por las batallas más duras: desde Marynka al aeropuerto de Donetsk. Fue capturado y liberado, herido varias veces. Es el momento de tomarse un descanso. Aquí está la carta abierta de Dejan Beric publicada en su perfil de Facebook:

Buenas tardes a todos,

Por aquí nada ha cambiado en exceso: la artillería ucraniana sigue trabajando y la infantería lucha en algunas zonas.

Como cuentan, ayer fue un día duro en Donetsk y en los suburbios. Fuimos a la línea del frente por la mañana, pero volvimos, ya que nos dijeron que no nos necesitaban allí. Sin embargo, por la noche nos llamaron otra vez para que volviéramos y echáramos una mano con los francotiradores.

Así que nada ha cambiado.

Excepto una cosa: después de mucha consideración, he decidido dar por finalizada mi estancia en Donbass. Ha sido una sorpresa para mis superiores pero, como cualquier persona normal, están de acuerdo con mi decisión. Durante casi medio año, los médicos me prohibieron estar de forma permanente en la línea del frente, no solo por mi espalda, que se curó sin problemas porque no uso chaleco antibalas ni llevo nada pesado, sino por las severas contusiones, que amenazan mi salud. En ese caso nadie me necesitará, ni siquiera yo mismo. Así que es el momento de pensar un poco en el futuro.

No puedo permitirme dejar que mis soldados vayan al frente sin mí un día sí y otro también para siempre, así que nunca me he sometido al tratamiento al que debería haberme sometido.

También es el momento de hacer algo a nivel personal. Tengo 41 años y necesito pensar en el futuro.

Según nuestros planes, pasará más o menos un mes más hasta que transfiera mis funciones. También tengo que solucionar el problema de dos francotiradores ucranianos que operan con grandes calibres. Después de eso, podré seguir adelante.

He considerado esta decisión durante más de dos meses y se lo anuncié a mis superiores el pasado lunes.

Muchos aquí dicen que sería una gran ayuda moral a los ucranianos y un duro golpe para nuestros soldados. Pero todos deberían comprender que aquí todos somos voluntarios. En algún momento, uno se da cuenta de que ya no puede dar el máximo. Entonces es mejor abandonar que defraudar a tu grupo o batallón por culpa de tus condiciones físicas.

No dudo de los ucranianos. Intentarán aprovecharse de las noticias. Pero pronto, los francotiradores que hemos entrenado les demostrarán que en la guerra luchan personas bien entrenadas y de gran corazón. Mis chicos y chicas (tenemos dos mujeres que están a punto de completar su entrenamiento, que ha sido largo y tremendo) les enseñarán que son dignos herederos del batallón especial de la RPD.

Sinceramente, no me arrepiento de un solo momento que he pasado luchando por el pueblo de Donbass, por proteger a la población civil de los nuevos fascistas apoyados por Occidente. No me arrepiento de una sola herida ni de un solo día que pasamos sin nada, ni siquiera migas de pan. Y ha habido muchos.

Ahora hay un ejército bien organizado, que no solo puede rechazar un ataque sino que puede avanzar.

En el cuartel general tienen la esperanza de que volveré después de unas merecidas vacaciones, que serán tan largas como deban ser para volver a una condición física normal. Pero estoy convencido de que he tenido más que suficiente.

Nunca he rechazado una orden, aunque muchas de ellas no daban ninguna posibilidad de volver. Pero sobrevivimos. Nadie aquí ha acabado con tantos francotiradores enemigos como este serbio. Y no cuento a los soldados enemigos ordinarios.

Así que estoy muy orgulloso de lo que yo, como serbio, he hecho aquí. El nombre de SERBIA, aunque algunos quieran quitarle importancia, permanecerá aquí, escrito en mayúsculas en la historia.”


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