miércoles, 8 de junio de 2016

Mientras tanto, en Níger...


No es fácil la vida en Níger, sobre todo en su esquina sudeste, junto al (cada vez más seco) Lago Chad. Allí opera  el grupo terrorista Boko Haram, cuyos miembros se mueven entre ese país y los vecinos Chad y Nigeria. La cantidad de personas desplazadas como consecuencia de este conflicto alcanza ya proporciones de tragedia humanitaria. Las dos notas que siguen fueron escritas por José Naranjo para el diario español El País:  


Título: La ofensiva de Boko Haram en Níger obliga a 50.000 personas a huir de su casa

Subtítulo: El grupo terrorista nigeriano causa la muerte de 81 personas en la región de Diffa, junto al Lago Chad

Texto: Ochenta y un muertos confirmados (26 soldados y 55 terroristas) y 112 heridos. Este es el balance provisional de la última oleada de ataques protagonizada porBoko Haram en Níger y la contraofensiva del Ejército, la semana pasada. Los enfrentamientos tuvieron lugar en las localidades de Bosso, Yébi y Toumour, todas ellas en la región de Diffa, muy cerca del lago Chad, y han provocado también un nuevo movimiento de desplazados, unos 50.000 según Naciones Unidas, que se están instalando en emplazamientos improvisados a lo largo de esta misma región. El presidente nigerino, Mahamadou Issoufou se trasladó este martes a Yamena para pedir ayuda militar a su homólogo chadiano, Idris Déby, en la lucha contra Boko Haram.

Aunque la información ha ido saliendo a cuentagotas, se ha podido saber que los principales ataques tuvieron lugar el 31 de mayo y el 3 de junio. No es la primera vez que la región de Diffa es golpeada por el terrorismo de Boko Haram. Solo este año ha habido una treintena de escaramuzas o atentados, la mayor parte en el departamento de Bosso, próximo al lago Chad, que está siendo utilizado por los miembros del grupo terrorista como refugio natural ante la ofensiva del Ejército de Nigeria que les asedia desde el sur. Sin embargo, esta oleada ha sido la más mortífera de todas.

Entre los 26 soldados muertos hay 24 nigerinos y dos nigerianos y entre los 112 heridos, 111 son militares y una mujer civil. Llama la atención que todos los terroristas neutralizados (55) estén muertos y no haya ningún herido entre ellos, según el balance oficial facilitado por las autoridades de Níger. “En este momento la ciudad de Bosso está totalmente bajo control”, aseguró este martes el portavoz del Gobierno, Assoumana Malam Issa, en un comunicado leído en la televisión pública tras la existencia de intensos rumores acerca de la presencia de miembros de Boko Haram aún en la ciudad el pasado lunes.

Lo cierto es que las operaciones de búsqueda de posibles cómplices están en marcha ante la sospecha de que Boko Haram contaba con una célula durmiente en Bosso que ha participado en estos violentos ataques, algunos de cuyos miembros pueden haberse escondido entre la población que ha huido de la ciudad. El domingo, el ministro de Defensa se desplazó hasta esta localidad en medio de una gran presencia del Ejército nigerino.

Las agencias de Naciones Unidas han suspendido por ahora sus actividades en Bosso , pero alertan del agravamiento de la crisis humanitaria en la región de Diffa, que según un censo del pasado mes de mayo contaba ya con 240.000 personas sin hogar a causa del conflicto. Según el coordinador humanitario de Naciones Unidas en esta zona, Fodé Ndiaye, los 50.000 nuevos desplazados de la última semana necesitan sobre todo agua potable, víveres, refugio y acceso a la atención sanitaria. “Esto viene a agravar una situación ya crítica en la región de Diffa. La mayor parte de las personas forzadas a huir por la inseguridad ya eran desplazados y se encuentran ahora en una situación de vulnerabilidad extrema. Necesitan acciones humanitarias urgentes para su supervivencia y la preservación de su dignidad”, dijo Ndiaye.

Tras decretar tres días de duelo nacional, este martes, el presidente nigerino Mahamadou Issoufou se trasladó a Yamena, la capital chadiana, donde se entrevistó con su homólogo Idris Déby con el objetivo de pedirle ayuda para hacer frente a Boko Haram, “que está haciendo un daño enorme no solo a nuestras poblaciones, sino también a nuestra religión porque es en nombre del Islam que Boko Haram siembra el terror”, dijo Issoufou. El encuentro, que duró aproximadamente una hora, parece haber dado sus frutos ya que el propio Déby anunció la adopción de medidas para proteger a la población. “Ya que Boko Haram actúa con los medios a su alcance, nosotros lo haremos con los nuestros”, aseguró Déby.

El conflicto que enfrenta a Boko Haram con el Ejército de Nigeria ha provocado unos 17.000 muertos desde el año 2009, así como la huida de 2,4 millones de personas de sus hogares, la mayor parte desplazados internos en la propia Nigeria y unos 300.000 refugiados en los países vecinos. Sin embargo, desde 2014, cuando Boko Haram anunció la creación de un califato en el noreste de Nigeria, este conflicto ha sobrepasado las fronteras del citado país y afecta con especial intensidad al norte de Camerún, el este de Níger y la región del Lago en Chad. Una contraofensiva del Ejército nigeriano y la creación de una fuerza militar conjunta han contribuido a debilitar al grupo terrorista que, sin embargo, sigue mostrando músculo en Níger, su tradicional zona de retaguardia.


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Título: Entre la miseria y Boko Haram

Subtítulo: La carretera de Diffa, en Níger, se ha convertido en un campo de miles de desplazados

Texto: A veces Moussa Boulama se pasa toda la noche sentado bajo un árbol. Hace dos semanas Boko Haram atacó su pueblo, situado en la frontera entre Níger y Nigeria, y todos decidieron abandonar sus casas y sus cultivos y buscar un lugar más seguro. Ahora, los 4.000 habitantes de Argou Goumseri viven en abrigos de ramas y paja cubiertos de plásticos que no levantan un metro y medio del suelo y que fueron construyendo junto a la única carretera asfaltada de la región. Pero ni ahí se sienten seguros de la furia de una secta que solo en los últimos dos años se estima que ha matado a 16.000 personas. “Estamos a tres kilómetros de la frontera, al otro lado solo queda la gente de Boko Haram, por eso apenas duermo”, asegura Boulama.

El viento del desierto golpea con fuerza, y por la noche la temperatura baja hasta los 10 grados. Sin mantas, apenas sin comida y sin agua, los niños están todos enfermos: conjuntivitis, diarreas, resfriados. Es un gotear sin fin de personas —Boko Haram ha empujado al éxodo a casi dos millones de personas— que llegan con lo puesto y se instalan donde pueden. La carretera nacional 1 que atraviesa la región de Diffa, en Níger, es el lugar de asentamiento de decenas de miles de refugiados y desplazados que huyen de Nigeria o de las zonas próximas a una frontera, donde 70 pueblos han sido abandonados.


Un goteo de ataques

El paisaje es desolador. Las agencias de Naciones Unidas hablan de 350.000 personas que han dejado sus hogares y que se han instalado en una región de 600.000 habitantes. Podrían ser muchos más porque cada semana se suman miles. No hay un censo fiable y el reparto de la ayuda y la construcción de puntos de agua es lento y condicionado a los ataques de Boko Haram. Naciones Unidas y las ONG se están viendo superadas por la rapidez de los movimientos de población.

“Hasta principios de 2015, esta era la zona de repliegue de los insurgentes”, asegura Hassan Ardo, secretario general del gobernador de Diffa. Pero “ahora es difícil saber quién es quién. Hay infiltraciones y complicidad en los pueblos”, asegura. Hace dos días, a 38 kilómetros de Diffa, un enfrentamiento entre insurgentes y gendarmes provocó un muerto; una semana atrás una mina escondida entre la arena mató a seis militares.

Nadie sabe por dónde vendrá el próximo golpe. El río estacional Komadougou Yobe, la frontera natural entre Níger y Nigeria en esta región, se seca rápidamente en esta época y hay zonas donde se puede cruzar a pie con facilidad.

En el hospital regional de Diffa están los que han vivido muy de cerca esos ataques. Madou Ganá, agricultor de 27 años, fue atacado a tiros por dos miembros de Boko Haram cuando fue a trabajar a su campo de pimientos cerca del río. “Me lancé al agua y sentí que una bala me daba en la cabeza”, asegura mientras muestra un enorme vendaje en la parte superior del cráneo. A su lado, Madou Adji, de 36 años, tiene la pierna inmovilizada: “Me disparó un soldado en la estación de autobuses, debió pensar que yo era un terrorista”. Desde que empezaron los ataques a Diffa, hace un año, unas 650 personas han sufrido heridas de bala, arma blanca y quemaduras.

Los primeros ataques en el lado nigerino de la frontera comenzaron en febrero de 2015, pero la secta radical, también conocida con el nombre de Estado Islámico de África Occidental, acumula un sangriento historial en Nigeria. Nacido en 2002 en Maiduguri, capital del Estado de Borno, el grupo persigue la implantación de la sharia o ley islámica en el país. La secta se radicalizó a partir de 2009 tras la muerte de su fundador, Mohammed Yusuf, a manos de la policía. Desde entonces, la escalada de violencia ha sido imparable. Al frente se encuentra Abubakar Shekau, uno de los terroristas más buscados del continente. Su imparable extensión por Borno, Yobe y Adamawa hizo que a mediados de 2014 anunciara la fundación de un califato y que, a principios de 2015, se desencadenara una contraofensiva por parte de Nigeria que, sin embargo, está lejos de haber acabado con los radicales.

Los incidentes parecen multiplicarse a medida que el Ejército nigeriano hostiga a Boko Haram en el sur. El grupo terrorista, acorralado junto al Lago Chad y en las fronteras de Níger y Camerún, aprovecha cualquier ocasión para atacar en los tres países. En octubre pasado, los radicales lanzaron tres ofensivas contra el pueblo de Baroua, en la ribera nigerina del lago. Hoy sus 10.000 habitantes se han trasladado junto a la localidad de N’guanguam. “Robaron todo lo que pudieron; y lo que no se podían llevar, lo quemaron”, asegura Boulama El Hadji Manga, jefe del pueblo.

Los vecinos sin hogar viven en refugios construidos con bambú y paja cerca de una base militar. Médicos sin Fronteras les ha construido unas letrinas y facilita su asistencia médica en el centro de salud cercano. Pero el principal problema es la comida, que llega con cuentagotas y gracias al complicado trabajo de las agencias de la ONU en un contexto de inseguridad como este.

Alhadji Boucar Modou Gambó ha tenido que huir en tres ocasiones de la violencia. Conoció a dos jóvenes que se unieron a Boko Haram. “Lo hacen por ser superiores a los demás. Cuando entran en la secta les dan un arma, una moto y empiezan a tener dinero”, explica. Ahora busca cómo sobrevivir en Diffa, donde la actividad económica está prácticamente paralizada y el 75% de los cultivos han sido abandonados dado que la mayoría se encuentran junto al río y el lago, las zonas más peligrosas. La pesca está prohibida. Gambó acaba de ser padre del pequeño Ari Dawa y sólo desea encontrar un lugar donde su hijo crezca en paz.


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