sábado, 3 de octubre de 2015

Neoliberalismo en acción: “Gordi, decí alpiste!”



No resistimos la tentación de re-postear esta nota que Montserrat Mestre subió al ilustre sitio web El Pájaro Rojo, de Juan José Salinas. Una joya para coleccionar, chicos; el neoliberalismo en acción. Sí, también a cargo de David Cameron, el de los chanchos muertos (http://astroboy-en-multiverso.blogspot.com.ar/2015/09/derrumbe-de-las-elites-neoliberales-de.html).


Título: REINO UNIDO: Los desempleados obesos o con adicciones dejarán de cobrar ayudas públicas

Texto: El pasado febrero el primer ministro de Reino Unido, David Cameron, anunció su plan para retirar las prestaciones sociales a los desempleados británicos obesos o con problemas de adicciones. Para calibrar mejor el cinismo de esta idea es importante conocer algunos datos.

En Europa, la obesidad grave será una verdadero problema de salud pública dentro de 15 años, según estudios estadísticos de la OMS en 53 países europeos. A la cabeza de esta pandemia están el Reino Unido e Irlanda y una de las causas señaladas por los investigadores del problema es justamente el excesivo liberalismo económico en ambos países: “el Reino Unido e Irlanda, donde la prevalencia de la obesidad es una de los más elevadas, poseen economías de mercado liberales reguladas de una forma similar a EEUU, donde las grandes empresas multinacionales de la alimentación tratan de maximizar sus ganancias promoviendo el consumo excesivo de alimentos; sin embargo, países como Holanda,Bélgica, Suecia, Dinamarca, Finlandia o Austria tienen economías de mercado más reguladas”.

Desde organizaciones científicas señalan también las presiones de la industria alimentaria, que se opone a que se pongan al alcance de todos los bolsillos los alimentos saludables, que en Europa son mucho más caros que la comida basura. Por ejemplo, en un McDonald´s una persona se puede saciar por 1 euro, en cambio si quisiera comer comida saludable, con 1 euro podría comprar 1 litro de leche; o dos barras de pan industrial en un supermercado barato. Un euro no le alcanzaría ni para un kilo de la fruta más barata, ni para media docena de huevos, y tendría que buscar mucho para que le alcanzara para un kilo de patatas. Con subsidios de desempleo de 300 ó 400 euros -que son la media en Europa- ¿cómo pretenden  la gente se pague una alimentación sana? Por otra parte, los desempleados que recurren a los Bancos de Alimentos o Cáritas, lo que reciben en la caja son mayomente hidratos de carbono y productos dulces: muchos fideos, tomate en lata (que ya no es “al natural” sino que lleva azúcar), galletitas dulces y leche.  Con la crisis, implementar esta medida es aun más canalla de lo que de entrada ya supone.

Los científicos coinciden en que la epidemia de obesidad se ha globalizado en los últimos 20 años, cuando antes era un problema típico de los EEUU. Y aquí es donde entra el gran responsable de esta crisis de salud: la larga mano de las multinacionales de la alimentación que se han extendido por todo el mundo. Las asociaciones médicas británicas han pedido al gobierno que prohiba los anuncios televisivos de “comida basura” en horario infantil, ya que la tasa de niños obesos crece constantemente. En Irlanda el 27,5 % de los menores de 5 años están obesos y en el Reino Unido, el 23,1%. España se encuentra a mitad de la lista, con un 18,4% de menores de 5 años con obesidad.

Las grandes firmas internacionales han comprado todas las pequeñas industrias nacionales, incluso locales, de alimentación, conservando en muchos casos el nombre pero cambiando los ingredientes. Es decir, han sustituido los ingredientes locales y de proximidad por otros que compran en grandes cantidades en los lugares más remotos del planeta, el producto se manufactura en el otro extremo del mundo, y para su conservación se añaden grasas saturadas, o se sustituyen ingredientes por otros de menor calidad.

En la feroz competición entres las dos o tres multinacionales que han copado el mercado, se añaden todo tipo de ingredientes a todos los productos para resultar más atractivos y sabrosos para el consumidor: todo lleva nata, montañas de azúcar y extractos de media docena de cosas exóticas que uno nunca ha visto ni oído hablar.

Además, a todos los alimentos se les agregan suplementos de vitaminas y minerales, que antes sólo se tomaban por prescripcion médica: la leche, los yogures, los huevos, el atún, los fideos , los cereales, las galletitas, vienen “enriquecidos” con dos o tres vitaminas, un par de minerales y “ácidos grasos” de 2 ó 3 clases. Obviamente esto encarece los productos, pero lo más grave es que la gente está tomando suplementos que ningún facultativo ha dicho que necesiten. Todo eso sin contar, con el tema de las hormonas de crecimiento que han recibido todos los animales de granja y establo, criados para consumo o para la industria lechera.

Hay otro punto que demuestra claramente la responsabilidad de la globalización y la llegada a todo el mundo de las multinacionales de la alimentación, en esta epidemia de obesidad de la cual ahora el Reino Unido -y no dudo que pronto saldrán gobiernos que lo imiten- quiere responsabilizar y condenar a los ciudadanos, normalmente los más pobres y desinformados.

Me refiero a algo fácil de apreciar si uno viaja por los países donde la larga mano de las multinacionales de la alimentación no campa a sus anchas, por ejemplo, en la Federación Rusa no se ven obesos. Hay, como siempre ha habido en todos lados algunas personas mayores con unos kilos de más, pero no gente con obesidad severa como se ve por decenas en las calles del Reino Unido, Irlanda, Alemania o EEUU. También se puede comprobar a simple vista, a la salida de cualquier escuela en España, lo que está ocurriendo con los niños asiáticos hijos de inmigrantes, que se están criando aquí y adoptan la dieta “globalizada” (hamburguesas y patatas fritas industriales, bollería industrial, bebidas gaseosas, refrescos azucarados): tienen serios problemas de obesidad infantil.


Que el gobierno de Cameron quiera ahora responsabilizar a la gente por los desmanes de la industria alimentaria, es una canallada que no tiene nombre. O sí, tiene uno: en Europa ya conocimos un sistema que responsabilizó a los individuos por sus enfermedades crónicas, sus minusvalías o por haber nacido con alguna discapacidad y los eliminó, porque como dice Cameron “costaban mucho dinero a la sociedad”.


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