viernes, 27 de junio de 2014

Trio


El papimafi del centro es Petro Poroshenko, denominado El Rey del Chocolate, actual presidente de Ucrania. A la izquierda, elevando una manita que más bien parece un sapo frío, lo vemos a José Manuel "El Resbaloso" Barroso, presidente de la Comisión Europea. A la derecha, poniendo carita de sopresa, como si todo fuera muy espontáneo, aparece Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo. Ucrania y la Unión Europea firmaron hoy un pacto de asociación. El proceso va a demorar varios años, y las posibilidades de que se carguen a media Europa por el costo de ingreso son altas. Pero se logró lo que se buscaba: seguir provocando a Rusia tal y como lo ordena el Imperio. Las noticias no acaban allí: Hoy asume como nuevo presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Junker, conservador de... Luxemburgo. Sí, Luxemburgo, el paraíso fiscal más próspero de Europa. Pero eso no es lo grave del asunto. Junker ha sido acusado de se un ex (¿ex?) agente de los servicios secretos de la OTAN. Así lo contaba hoy Thierry Meyssan en Red Voltaire:

Título: El suicidio de los gobiernos europeos en el seno de la Unión

Texto: Los gobiernos europeos parecen dispuestos a cometer, el 27 de junio de 2014, un verdadero suicidio colectivo. El Consejo de jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea validará ese día la nominación de Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea, argumentando que su partido (el Partido Popular Europeo) obtuvo la mayor cantidad de votos en las elecciones para el Parlamento Europeo.

   Por consiguiente, el próximo presidente de la Comisión será la única personalidad electa por los ciudadanos de la Unión Europea, aunque sólo un 45% de los electores se hayan tomado el trabajo de concurrir a las urnas. Desde esa posición, en caso de desacuerdo entre él y el Consejo [conformado por los jefes de Estado y de gobierno], Juncker podrá simplemente mandar a paseo a la canciller alemana o al presidente francés quienes, en definitiva, “sólo” representan esas pequeñas «regiones electorales» que son la República Federal de Alemania y la República Francesa.

   Algunos afirman que no designar al presidente de la Comisión de esa manera, cuando así «se había» prometido, sería visto como una violación de la democracia que desencantaría a los electores.

   Pero es que el procedimiento a seguir para la designación del presidente de la Comisión Europea nunca se discutió antes de la elección del Parlamento Europeo. Nadie sabe de dónde salió esa idea que no aparece en los tratados, que estipulan que el presidente de la Comisión Europea es electo por los jefes de Estado y de gobierno según un sistema de mayoría cualificada. Es por lo tanto con un gran descaro que los partidarios de la OTAN presentan esa innovación como un «progreso democrático», haciendo así pasar por democracia un escrutinio electoral sin electores, cuando la verdadera democracia es «el gobierno del Pueblo, por el Pueblo y para el Pueblo», conforme a la tan conocida frase de Abraham Lincoln.

   ¿Es necesario recordar que en la República Checa, por ejemplo, la tasa de participación en la reciente elección para el Parlamento Europeo sólo llegó a un 13%? Pero es con ese magro por ciento de participación que se pretende imponer a los electores de ese país una personalidad cuyas prerrogativas estarán por encima de la autoridad de su gobierno nacional.
   Los únicos que cuestionaron ese proceso durante la campaña electoral fueron los ex parlamentarios euroescépticos de la Alianza de Conservadores y Reformistas Europeos y los nacionalistas de la Alianza Europea por la Libertad. Los gobiernos afectados sólo entendieron la trampa cuando ya era demasiado tarde. Angela Merkel se puso a la cabeza de la rebelión, pero desistió cuando comparó sus propios resultados con los de Jean-Claude Juncker y lo hizo sin preocuparse por la situación de los demás jefes de Estado de la Unión ni por lo que habrá de suceder con Alemania cuando ella ya no esté. Sólo el húngaro Viktor Orban y el británico David Cameron se mantuvieron firmemente opuestos a este precedente, aunque fue por razones diferentes: el presidente Orban piensa en la situación de su pequeño país en el seno de la gran Unión Europea mientras que el primer ministro británico se dirige hacia una salida de su país de dicha Unión.

   Detrás de la designación del presidente de la Comisión se halla la influencia de Estados Unidos, que espera facilitar así el progreso de su propia agenda: limitación de la soberanía de los Estados miembros de la Unión Europea y creación de un vasto mercado transatlántico. Desde ese punto de vista, Jean-Claude Juncker es la personalidad ideal para Washington desde que se vio obligado a dimitir en su país –Luxemburgo– cuando se demostró que era un agente operativo de los servicios secretos de la OTAN [1].

   De esa manera, no sólo los jefes de Estado y de gobierno de los países de la Unión Europea están renunciando a su propia autoridad sino que además ponen por encima de ellos a un agente del Gladio.

   Las consecuencias de esa nominación no se harán sentir de inmediato pero el gusano está dentro de la fruta. Cuando sobrevenga la crisis entre los diferentes protagonistas, ya será demasiado tarde.


NOTA: [1] «Gladio en Luxemburgo: Juncker obligado a dimitir», Red Voltaire, 16 de julio de 2013.


¿Quieren saber qué decía esa nota de Red Voltaire? Acá va:

Título: Gladio en Luxemburgo: Juncker obligado a dimitir

Texto: El hasta ahora inamovible primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker, presentó su dimisión al Gran Duque luego de 7 horas de debate en la Cámara de diputados. Se espera la rápida convocación de elecciones legislativas anticipadas en el Gran Ducado.

   El demócrata cristiano Jean-Claude Juncker se vio abandonado por sus aliados socialistas durante el examen, el 10 de julio de 2013, de su papel como primer ministro en el manejo de los servicios secretos a raíz de la publicación, el 5 de julio, del Informe de la Comisión Investigadora sobre el Servicio de Inteligencia del Estado (SREL, siglas en francés.)

   Los parlamentarios fingieron creer que la red stay-behinddesignada bajo el nombre de Gladio fue efectivamente disuelta en 1990 y que las ulteriores acciones del SREL no son más que una deriva que se puede atribuir a una mala supervisión de ese servicio por parte del primer ministro.

   Este último, por su parte, al no poder reconocer abiertamente que la red secreta creada por la OTAN a fines de la Segunda Guerra Mundial no ha dejado de existir, no tuvo otra salida que defenderse afirmando que sus responsabilidades en el seno del Eurogrupo no le permitieron dedicar la debida atención al control del servicio de inteligencia del Gran Ducado.
   Esa versión del señor Juncker queda desmentida por el hecho que él mismo se las arregló para infiltrar a su chofer en el SERL para disponer así de información directa sobre el funcionamiento de ese servicio de inteligencia.

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