miércoles, 3 de octubre de 2012

Westfalia (2)



Cada tanto El País de Madrid nos sorprende; por ejemplo, esta mañana, con este luminoso artículo del historiador José Alvarez Junco: “El sueño ilustrado y el Estado-Nación” (http://elpais.com/elpais/2012/09/28/opinion/1348855849_016658.html). Al lector interesado le comentamos que aquí (http://elpais.com/autor/jose_alvarez_junco/a/) aparecen los artículos de este historiador publicados por El País. La treintena de títulos publicados a partir de 1995 dan vueltas alrededor de este mismo tema. Son TODOS interesantes.

Al lector atento le resultará un tanto frustrante que en la misma página web, un poquito más abajo, a la derecha, bajo la sección “Lo más visto” (esto es, los títulos más cliqueados por los lectores de El País), figure el siguiente título en el primer puesto: “Máxima tensión entre Mourinho y los jugadores del Real Madrid”.

En la Argentina, como ocurre en tantos otros países post-coloniales de América y Africa, el Estado precede a la Nación. Adicionalmente, la República tiene sólo 200 años de existencia. Sin embargo, Astroboy sospecha que en dos o tres siglos, si seguimos existiendo para entonces, vamos a tener problemas parecidos a los de la España de hoy. Por el momento se alegra de no tener que tolerar titulares al estilo de: “La Nación Santafesina”, o “¡Cuyo Libre!”, o “Por la autodeterminación de Patagonia”. Ya vendrán, sin duda. De hecho, ya vinieron. Recordará el lector el obsceno festival de propuestas desintegradoras surgidas de los “think-tanks” económicos neoliberales hacia los años 2001 y 2002. La “inviabilidad” de la Argentina. La “inviabilidad” de Tierra del Fuego. El tiempo demostró la inviabilidad de estos economistas, aunque los tipos no se den por enterados. 

Cataluña será o no será. El País Vasco será o no será. Galicia será o no será. Lo que entristece es ver desatadas las furias independentistas justito justito cuando la bancarrota de Bankia, por ejemplo, es asumida como deuda de los españoles por decisión del Estado español. Adicionalmente, entristece la sintonía entre la desintegración de un país europeo justito justito cuando el Imperio, por su parte, decide la desintegración de los estados de medio planeta por la vía de la invasión y el genocidio. Que los catalanes o vascos lo hagan por la vía del voto no lo vuelve más ameno. Repetimos: a los efectos del Nuevo Gran Juego estratégico, está de moda propiciar la creación de centenares de nuevas “naciones”, micro-estados, todos impotentes, endeudados y peleados con sus vecinos. ¿Qué casualidad, no?

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