martes, 12 de abril de 2016

Olor a petróleo


Lo hemos dicho más de una vez: el golpe "institucional" actualmente en curso contra la presidenta del Brasil Dilma Rousseff huele a petróleo. Al respecto, leemos en RT en español:

Título: "'Impeachment' de Rousseff quiere favorecer a las multinacionales petroleras norteamericanas"

Subtítulo: La presidenta de Brasil tacha de intento de golpe de Estado la decisión de un juicio político en su contra.

Texto: El Partido Progresista (PP) de Brasil, que formaba parte de la coalición en el poder, ha decidido este martes dejar el Gobierno y ha asegurado que la mayoría de sus miembros y afiliados votará a favor de la destitución de la presidenta del país, Dilma Rousseff, informa el portal Jornal o Globo.
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"El partido se retiró de la base aliada (los poderes gobernantes) por decisión de la mayoría", cita el periódico 'Nuevo Herald' a la vocera del partido. No obstante, anteriormente el Gabinete tenía la intención de reconstruir su base en la Cámara de diputados junto con el PP.

El analista político, Carlos Alberto Almeida, por su parte ha comentado a RT, que, en su opinión, quienes apoyan el 'impeachment' quieren favorecer a las multinacionales petroleras, en su mayoría norteamericanas, que ya organizaron agresiones contra Libia, Irak y otros países.

"Eso se está intentando hacer en Brasil, pero sin necesidad de un bombardeo, como hicieron en Libia. Acá lo están haciendo por un golpe parlamentario, con cobertura de un proceso golpista mediático y también una participación de sectores judiciales", afirma el experto. "Es evidentemente la transferencia de riquezas que pertenecen al pueblo brasileño para empresas transnacionales con el apoyo de estos que quieren el 'impeachment' de Dilma", añadió.   


Tiempo "de farsa y traición"

Dilma Rousseff, por su parte, tacha de intento de golpe de Estado la  decisión de un juicio político en su contra. Además ha dicho que actualmente su país vive un tiempo "de farsa y traición" y ha recalcado que existe un "desprecio al Estado democrático de derecho y a la Constitución" de Brasil.
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La mandataria ha apuntado directamente al vicepresidente, Michel Temer, a quien considera uno de los jefes de la conspiración. Según la presidenta, intenta reducir su periodo de mandato. Estas declaraciones las ha efectuado después de que se hiciera público un discurso del vicepresidente en el que hablaba como si ya se hubiese aprobado el proceso de destitución de Rousseff.

Ese mismo día la comisión especial recomendó iniciar un juicio político contra la mandataria, cuyo futuro ahora está en manos de los 513 diputados de la Cámara baja que, en caso de votar afirmativamente, remitiría el asunto al Senado. Sería la última instancia que decidiría el destino de Dilma Rousseff, que podría ser apartada de su cargo por un plazo máximo de 180 días.


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Ampliación: Posteamos acá una buena nota de Daniel Matos, desde San Pablo, para La Izquierda Diario de hoy. El texto profundiza, desde una postura de izquierda, en los mecanismos golpistas que se vienen utilizando en ese país para la destitución de Dilma Rousseff. La joyita de la foto es Michel Temer, del PMBD, actual vicepresidente del Brasil.


Título: Las idas y vueltas del golpismo institucional

Epígrafe: El próximo domingo 17 se someterá a votación en la cámara de diputados el inicio del impeachment a Dilma. En caso de ser aprobado pasará al Senado. ¿Qué dinámica expresa esta crisis?

Texto: Si tras las grandes manifestaciones de la derecha el camino hacia la destitución parecía imparable, el cinematográfico traslado por la fuerza de Lula para hacer una declaración y la escandalosa filtración de escuchas ilegales de las conversaciones entre Dilma y Lula golpearon duramente la legitimidad de las operaciones jurídicas y parlamentarias en curso. Sumado al bloqueo de la asunción de Lula como jefe de Gabinete, quedó en evidencia que detrás de las masas reaccionarias de la clase media en las calles y del aparente interés por “justicia” de las investigaciones de los esquemas de corrupción en Petrobras (conocida como operación "Lava Jato"), se esconden todo tipo de maniobras golpistas.


Un país dividido

De un lado están aquellos a quienes no les importa que los métodos que usa el juez que conduce la Operación Lava-Jato, Sérgio Moro, legitimen el ataque a libertades democráticas elementales, en un vale todo para sacar al PT del poder, aunque sea reemplazado por algo más de derecha. De otro lado están los que rechazan el golpismo institucional, aunque se dividen entre los defensores entusiastas del gobierno del PT, y los que critican los ataques a los trabajadores, la entrega de recursos nacionales y los métodos corruptos que el PT asimiló para gobernar el capitalismo.


El arbitraje del poder judicial

De la mano de la gran prensa dirigida por la derecha, la operación Lava Jato y sus operaciones pasaron a ser vistas por amplios sectores como instrumentos de disputa política entre los distintos bloques dominantes. Los ministros del Supremo Tribunal Federal asumieron el papel de árbitros de la crisis: por un lado censuraron los métodos del juez Sérgio Moro, que hasta ese momento era "héroe nacional" incontestado; por otro lado, mantuvieron el veto a la asunción de Lula, haciéndose parte del golpismo institucional por la vía de debilitar al gobierno para favorecer el impeachment.


Una destitución de dudosa legitimidad

La legitimidad del pedido de impeachment ha sido criticada dentro y fuera de Brasil. Una reconocida revista de la prensa imperialista, The Economist, se ha pronunciado abiertamente en contra de la destitución de Dilma en base al proceso presentado en el Congreso. Obama tampoco se mostró partidario del mismo. Es que si bien el proceso pretende sacar provecho del "clima" generado por la operación Lava Jato, no tiene ninguna relación con la corrupción. Se trata de un caso de irresponsabilidad administrativa, por autorización de gastos no previstos en el presupuesto votado por el Congreso. Un "crimen" común entre gobernadores oficialistas y opositores, moneda corriente en Brasil y en el mundo. El vicepresidente Michel Temer (PMDB) también tiene un pedido de impeachment muy similar en curso en la Cámara por haber firmado decretos de este tipo en ausencia de la presidenta.


El protagonismo de Lula

A pesar de no haber asumido como jefe de Gabinete, Lula se puso al frente de las negociaciones para frenar el impeachment y constituir una base de apoyo para un nuevo gobierno con él a la cabeza. Este protagonismo permitió mantener en el gobierno a la mayor parte de los ministros del otrora aliado PMDB, a pesar de que este partido rompió formalmente con el gobierno hace pocos días. En este marco, una reciente encuesta de opinión de una consultora dirigida por la prensa golpista indicó un aumento de la popularidad del expresidente de entre 4 y 5 puntos porcentuales en eventuales escenarios de elecciones presidenciales anticipadas. Al mismo tiempo, volvió a aumentar su aprobación como el presidente más popular de la historia del país.


La mayor crisis económica en décadas

Mientras los partidos capitalistas se sacan los ojos para ver quién controla la maquinaria estatal, la aplastante mayoría de la población pobre y trabajadora sufre una dura recesión. Los ataques de parte del gobierno nacional del PT se expresan en recortes presupuestarios en educación, salud y demás presupuestos ligados a estas áreas sociales, en uno de los mayores planes de privatizaciones desde la ofensiva neoliberal de los años 90, en despidos y ajuste salarial de empleados estatales y reformas constitucionales que quitan derechos. Ataques apoyados por la oposición en el Congreso y replicados por los gobiernos estaduales y municiapales oficialistas y opositores. A estos ataques se suma el enorme aumento del desempleo y la caída del poder de compra del salario por la inflación.


El freno de las burocracias sindicales

Los sindicatos y centrales sindicales dirigidas por el PT y sus aliados utilizan la ofensiva golpista de la derecha para paralizar y derrotar la lucha contra los ataques de "su" gobierno y de la patronal. Por un lado, hablan en contra de los ajustes de Dilma y venden la idea de que la asunción de Lula llevaría a un gobierno "antiajuste". Por otro, mantienen aisladas las luchas de resistencia que explotan, traicionándolas abiertamente cuando amenazan salirse de control, siempre con el argumento de que "luchar en forma independiente es hacerle el juego a la derecha".


Dos escenarios

Si el impeachment avanza, el escenario de un eventual gobierno de Temer y el PSDB estará repleto de crisis. No solo porque lo envolverá el aura de un poder golpista cuyos jefes también están involucrados en la Lava Jato, sino también porque tendrá que enfrentar una situación de crisis económica y duros ataques con el PT en la oposición.

Si Lula logra evitar el impeachment, su gobierno como "superministro" no tendrá menos crisis. No solo porque el golpismo judicial y parlamentario seguirá asediándolo para impedir un nuevo triunfo del PT en las elecciones presidenciales de 2018. Sino también porque Lula también tendrá que administrar las expectativas por izquierda que generó demagógicamente para movilizar apoyo popular contra el impeachment.


El "partido judicial" al acecho

Sea ganando o perdiendo el impeachment, el "partido judicial" seguirá actuando. Con el desgaste provocado por las dictaduras militares en los años 70, la extensión de la democracia burguesa junto a la ofensiva neoliberal, y mientras los trabajadores no sean una amenaza que exija ser frenada con el uso de las fuerzas armadas, el imperialismo y sus agentes nativos usan el poder judicial como agente bonapartista para "remover" gobiernos o sistemas de partidos disfuncionales a sus intereses y sustituirlos por otros más serviles. El poder judicial ya investiga la utilización del dinero de la corrupción del "petrolão" en la campaña presidencial de 2014, que si llegara a comprobarse podría dar lugar a elecciones presidenciales anticipadas.

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