miércoles, 6 de abril de 2016

Mientras tanto, en Holanda…



La dirigencia europea acaba de recibir un baldazo de agua fría con los resultados del referéndum llevado a cabo ayer en Holanda, por el cual se consultó a los ciudadanos de ese país si estaban de acuerdo o no con la integración de Ucrania en la Unión Europea. Recordemos que Holanda es el único país de la UE que todavía no había firmado el acuerdo marco UE-Ucrania, acuerdo que significa de hecho el primer paso a la integración comunitaria. Pues bien, los holandeses dijeron que no ("nee") con claridad (61% a 38%). Habrá que ver cómo se toma el resto de la Unión este resultado.

Mientras tanto, es inocultable el estupor de los chicos del diario El País, ultrapartidario del europeísmo bobo, otanista, neoliberal y reaccionario, que no saben cómo disimular el sopapo holandés. Leamos primero la nota que sacaron hoy con los resultados en la mano; más abajo hemos agregado las dos notas que escribieron antes del referéndum.



Título: El ‘no’ al acuerdo de la UE con Ucrania triunfa en la consulta holandesa

Subtítulo: El 61% de los votantes rechaza el pacto de asociación planteado por Bruselas

Texto: Los holandeses estaban este miércoles convocados a las urnas para votar sobre el acuerdo de asociación entre la UE y Ucrania, cita que suponía una significativa medición de la fortaleza del euroescepticismo, con graves amenazas para la estabilidad del Gobierno holandés y para la política europea en el Este. Con el escrutinio finalizado, el no logra el 61,1% de papeletas frente al 38,1% de síes, pero la participación (32,2%) apenas rebasa el límite necesario para validar la consulta.

Holanda es el único país que no ha ratificado el acuerdo de asociación entre la UE y Ucrania y manejar el resultado no resultará fácil. El primero en reconocerlo fue el primer ministro, Mark Rutte: “No se puede hacer de cualquier manera; habrá que hablar, despacio, con todas las instancias involucradas, como la UE y el Parlamento”. El otro problema urgente es la aparente desafección ciudadana, pues más de dos tercios de los votantes se quedaron en casa. Todos los partidos coincidieron en que resulta preciso “analizar si ha sido porque el asunto de Ucrania no interesa, o se ha explicado mal”.

Desde que en 2005 la Constitución Europea fuese rechazada en otra consulta directa, La Haya ha subrayado que la respuesta popular no ponía en duda la cooperación europea. Era solo que el ciudadano se sentía poco involucrado en las decisiones comunitarias, un error subsanable. Geert Wilders, el líder xenófobo y partidario de dar la espalda a Bruselas y al euro, aprovechó entonces ese malestar. Ahora ha hecho lo mismo secundado por los socialistas radicales y el Partido de los Animales. Solo que las dudas han desembocado en una votación convocada por grupos antieuropeístas ajenos a la política activa que ha sorprendido al Gobierno. Y otra vez deberá dar explicaciones en Bruselas. Y también en Kiev. Tras conocerse el resultado, que no es vinculante, Wilders sostuvo que el voto holandés supone “el principio del fin de la UE”.

El convenio crea una zona de libre comercio entre Ucrania y la UE y debe reforzar la democracia y los derechos humanos en Kiev. Pero el mensaje, en apariencia impecable, parecía no cuajar y el Ejecutivo pasó de ignorar casi la consulta a lanzarse en favor del sí. Y es que solo con el voto afirmativo podía respirar tranquila la actual coalición de centro izquierda. Eso, o bien con una abstención masiva que evitara superar la barrera del 30% para validar la consulta.

La situación ha provocado roces entre liberales de derecha y socialdemócratas, los socios en el poder. Como el convenio ha sido aprobado ya por el Parlamento, los primeros dieron a entender que la maquinaria legislativa forzaría su ratificación. Había que evitar que La Haya se viera obligada a buscar una solución acomodaticia en Bruselas. Pactar, por ejemplo, una cláusula excepcional para eludir la aplicación de algunos pasajes políticos. Como nadie quería dar otra vez la sensación de que la ciudadanía es un ente lejano, los liberales pasaron a decir que “para decidir hay que contar con todos los datos sobre la mesa”.

Diederik Samsom, líder socialdemócrata y a favor del sí, fue más contundente: “Un voto negativo claro puede impedir la ratificación, y ya sabemos quién descorchará una botella de champán: el presidente ruso, Putin, que desea una Ucrania inclinada hacia su lado”. La mayoría parlamentaria, a favor del acuerdo, ha intentado convencer al votante de que la ratificación no equivale a la entrada de Kiev en la UE. Pero el argumento de que no se puede negociar con un país corrupto ganó fuerza con la filtración de los papeles de Panamá, en los que aparece nada menos que el presidente ucranio, Petró Poroshenko. Su grupo empresarial figura en tres sociedades opacas en las Islas Vírgenes Británicas, Chipre… y Holanda.

De los casi 13 millones de holandeses convocados a las urnas, unos cuatro millones debían ejercer el voto para que la consulta fuera validada (hubo un 0,8% de papeletas en blanco que solo incidieron en la participación).

En Ucrania, entretanto, el interés ha sido enorme. No se entendía que Holanda pudiera negarle la oportunidad de reformas. En Rusia, por otro lado, la televisión emitió reportajes sobre el referéndum. Y en Alemania, el Gobierno subrayó que el convenio “no es contra Rusia porque una buena relación entre Ucrania y Moscú es importante para todos”.


UN PACTO CONTRA LA DEPENDENCIA DE RUSIA

La UE firmó un acuerdo de asociación con Ucrania en 2014, en un contexto de hostilidad extrema con Rusia por el conflicto en el este ucranio y con el objetivo declarado de reducir la dependencia energética que Kiev tenía de Moscú.

El desarme arancelario acordado permitirá ahorrar a Ucrania 500 millones de euros anuales en sus exportaciones agrícolas e industriales. Al mismo tiempo, la Unión Europea pensó en movilizar una ayuda de hasta 11.000 millones de euros.


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Título: Holanda examina la profundidad del eurodesencanto en la Unión Europea

Subtítulo: Bruselas espera un resultado positivo en Países Bajos que allane el camino en el referéndum británico

Texto: Hace poco más de una década, allá por 2005, el no a la Constitución Europea en el referéndum holandés rompió algo en la UE: tras medio siglo de construcción europea prácticamente ininterrumpida, las negativas de Holanda y de Francia a la carta magna marcaron un punto de inflexión que acabó convirtiéndose en una cuesta abajo de la integración europea con la irrupción de la Gran Crisis. Europa volvía este miércoles al lugar de los hechos. Holanda ha convocado un referéndum sobre un asunto menor —un tratado comercial de 2.100 páginas entre la Unión y Ucrania, que según los eurocríticos puede abrir la puerta de la UE a Kiev— que puede convertirse en una especie de termómetro del eurodesencanto en un momento muy delicado. Es el primer obstáculo de los muchos con los que Europa se topará en breve, obligada medirse con el euroescepticismo británico (en junio) y con un aluvión de crisis que se superponen: el eterno problema de Grecia, la anemia económica del euro (con 23 millones de parados y riesgo de deflación) y la enorme sacudida que suponen las crisis de refugiados y de seguridad, tras los recientes atentados en Bruselas.

Se trata de una simple consulta, pero Bruselas y La Haya temen algo más: una suerte de plebiscito sobre Ucrania y Rusia, sobre el propio Gobierno holandés (una coalición de liberales y socialdemócratas en horas bajas) y, en fin, sobre la propia Unión. “La cuestión, en términos europeos, es si los holandeses creen que Europa debe ser más poderosa y ambiciosa o no, además del impacto y el potencial efecto contagio que pueda tener ese voto en otros países”, apunta una fuente europea.

Hace tiempo que Europa dejó de ser un territorio de encarnizadas luchas ideológicas entre izquierda y derecha: el asunto ha virado hacia un conflicto entre ciudadanía y élites, o entre partidos tradicionales y anti-establishment. El auge de los populismos en Grecia y en Alemania, y desde luego en Holanda —con la extrema derecha arriba en las encuestas— evidencia ese cambio de retórica. Rem Korteweg, del Centro para la Reforma de Europa —un think tank londinense— se hace eco de las encuestas y apunta que el no holandés “es probable”. Y tendrá consecuencias: “Minaría la relación entre la UE y Ucrania, daría al presidente ruso Vladímir Putin una victoria inmerecida y avivaría los populismos a lo largo de Europa”, subraya.

A la corta, en Bruselas preocupa especialmente el contagio sobre Reino Unido; pero a la larga una negativa holandesa tendría poderosos efectos secundarios. Los referendos británico y holandés son el pistoletazo de salida de un arreón de consultas —puede que también acerca de la reunificación de Chipre en la segunda mitad del año— que de alguna manera acercan a Europa a la democracia directa en un momento de dudas respecto a la democracia representativa. Esas dos votaciones podrían ser la respuesta natural al creciente aislamiento de las élites políticas con el electorado europeo. Pero los expertos apuntan que, con contadas excepciones, los referendos tienen consecuencias inesperadas aunque se planten con las mejores intenciones. “El voto holandés, como el británico, supone grandes riesgos para la UE y puede provocar que la vecindad por el Este sea aún menos estable”, cierra Korteweg.


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Título: Qué se juega Holanda en el referéndum sobre el acuerdo entre la UE y Ucrania

Subtítulo: Los ciudadanos están llamados a pronunciarse sobre la asociación entre Bruselas y Kiev

Texto: El acuerdo de asociación entre la UE y Ucrania entró parcialmente en vigor el pasado 1 de enero de 2016 y pretende estrechar las relaciones económicas entre ambas partes. El establecimiento de una zona de libre comercio permitirá reformar la economía y por ende la sociedad misma, puesto que Kiev deberá luchar contra la corrupción y reforzar la democracia. El Parlamento holandés ya ha aprobado el pacto, pero este miércoles se celebra un referéndum que puede poner en aprietos su ratificación definitiva ante el Consejo Europeo. Buena parte de la ciudadanía está indecisa y admite que no conoce bien la naturaleza del convenio. De todos modos, los últimos sondeos señalan que casi la mitad del electorado cree que la ratificación del acuerdo supondrá la anexión de Ucrania a la familia comunitaria. El Gobierno no ha conseguido convencerles de lo contrario, y la ciudadanía está dividida entre euroescépticos, que hablan incluso de abandonar la UE, (un Nexit similar al Brexit británico) y europeístas.

Los holandeses se encontrarán en la papeleta la siguiente cuestión: “Está usted a favor o en contra de la ley que aprueba el tratado de asociación entre la UE y Ucrania”.


¿Quién ha convocado el referéndum?

Tres grupos euroescépticos han reunido 446.000 firmas para pedirlo. La legislación holandesa exige 300.000 rúbricas, y aunque el resultado no es vinculante, de superarse la barrera del 30% de participación, el Gobierno puede verse en apuros. Los convocantes son el portal digital informativo y satírico GeenStijl, al que se ha sumado el centro de pensamiento Forum para la Democracia y la asociación Comité de Ciudadanos EU (siglas de Unión Europea en holandés). En una entrevista recién publicada por el rotativo NRC Handelsblad, la dirección de esta última admitió que “Ucrania no nos interesa nada, pero como no se puede organizar un referéndum para salir de la UE, un Nexit, intentamos tensar lo más posible las relaciones entre Holanda y Bruselas”. El trío quiere demostrar que la opinión de los ciudadanos no cuenta en las grandes decisiones comunitarias, sobre todo a la hora de ampliar el club de socios.


¿Cuáles son los argumentos a favor del sí al acuerdo de asociación?

Ayudará a modernizar la economía de Ucrania y la obliga a adaptar sus normas a los estándares comunitarios. La caída de barreras arancelarias permitirá el aumento de las exportaciones desde la UE porque abaratará costes. Ucrania supone un mercado de 45 millones de personas adonde Holanda ya exporta por valor de unos 800 millones de euros anuales.

Para que todo ello sea posible, Ucrania debe avanzar en la democracia y luchar contra la corrupción. Como consecuencia de ello, mejorará la protección de los derechos humanos y la estabilidad política en un país que es la frontera natural entre la UE y Rusia.

Holanda, Francia, Alemania, Austria y Bélgica rechazan la integración de Ucrania en la UE. Mark Rutte, primer ministro holandés, ha dicho que “solo fuera de la UE podrá mantener buenas relaciones con ambas partes”.

¿Qué dicen los partidarios del no?

El acuerdo es el primer paso hacia la integración de Ucrania en la UE y no hay otra manera de evitarlo que con el rechazo en la consulta. Por culpa del acuerdo, el contribuyente pagará de su bolsillo a un país corrupto, dicen los partidarios del no, con el que Holanda no debe tener relaciones estrechas.

Ucrania, argumentan, está en guerra y presionada por Rusia y es mejor quedarse al margen. Holanda comercia con Rusia, país mucho más influyente y poderoso, y el acuerdo entorpecerá la labor de las empresas holandesas. Los ucranios podrán entrar en Holanda, y el resto de la UE, sin visado e inundarán el mercado de mano de obra barata.


¿Dónde se sitúan los principales partidos?

La derecha xenófoba holandesa, la izquierda radical y el Partido de los Animales están en contra del acuerdo de asociación. La coalición de centro izquierda en el poder, y el resto del arco político apoyan la firma del convenio. A pesar de que el Gobierno ha despejado algunas dudas esenciales (el visado solo es por 90 días y no para trabajar, y el apoyo financiero destinado a Kiev saldrá de fondos europeos ya existentes) no ha logrado disipar la duda de que la puerta de la UE esté abierta de par en par para Ucrania.


El Gobierno holandés ha destinado 30 millones de euros a ambos lados de la consulta para que sus representantes puedan hacer sus respectivas campañas. La jornada electoral corre a cargo de los ayuntamientos, unos 400. Los colegios estarán abiertos de las 7.30 a las 21.00.

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