lunes, 11 de abril de 2016

Mientras tanto, en Ucrania...


El "NO" del pueblo holandés a la incorporación de Ucrania a la Unión Europea se está cobrando algunas víctimas. Este domingo fue el turno de Arseni Yatseniuk, primer ministro de ese país y niño mimado de la administración Obama (¿se acuerdan del "Yats" de Vicky Nuland?). La nota que sigue, del diario español El País, informa del hecho, mientras que las que continúan más abajo, todas del mismo diario, ofrecen un contexto sobre los pormenores de la renuncia y de la situación actual en Ucrania. 

Una buena síntesis de las consecuencias de las brillantes intervenciones de Occidente (el imperio y sus lacayos) en países como Ucrania es el siguiente párrafo extractado de una nota reproducida más abajo:

En Ucrania la crisis se nota a simple vista en las carreteras llenas de baches, las avejentadas instalaciones públicas y los centros comerciales transformados en mercadillos y desordenados bazares. La renta per capita anual se ha reducido de 3.500 dólares en tiempos de Yanukóvich a menos de 2.000 dólares en la actualidad (...) El PIB estatal se ha encogido desde 185.000 millones de dólares a 85.000 millones; de esta contracción, un 20% se debe a la pérdida de los mercados rusos, explica el economista.



Título: Dimite el primer ministro de Ucrania

Subtítulo: Con este cese, Yatseniuk da la opción de remodelar el Gobierno sin convocar elecciones anticipadas

Texto: El primer ministro de Ucrania, Arseni Yatseniuk, de 41 años, ha anunciado este domingo su dimisión y ha abierto así la posibilidad de remodelar el Gobierno sin tener que convocar elecciones anticipadas para resolver la profunda crisis que afecta a la dirección del país.

Con este cese, que el mismo Yatseniuk anunció por televisión el domingo, concluye una etapa de agitada coexistencia entre el Gobierno y el presidente Petró Poroshenko. La cotización política de ambos, a juzgar por las encuestas, se ha visto fuertemente afectada (más en el caso del primer ministro que del presidente) por la falta de reformas y por la corrupción endémica.

El Frente Popular (FP), la fuerza política de Yatseniuk, y el Bloque Petró Poroshenko (BPP) continuarán unidas en una coalición que en conjunto reúne a unos 220 diputados, es decir, por debajo de los 226 necesarios (la mayoría simple de la Rada Suprema, el Parlamento, que cuenta con 450 legisladores) para asegurar que la candidatura del nuevo primer ministro es aprobada por el Legislativo. La dimisión de Yatseniuk se formalizará ante el Parlamento esta semana. En la coalición parlamentaria que sostuvo inicialmente el Gobierno había otros tres partidos, entre ellos Batkivschina (Patria), de la ex primera ministra Yulia Timoshenko, que se retiraron por desacuerdo con la política de Yatseniuk.

Para sustituir al primer ministro cesante, el BPP ha propuesto a Vladímir Groisman, de 38 años, el jefe de la Rada Suprema, que antes había sido viceprimer ministro. Groisman tiene experiencia en descentralización y administración territorial, habiéndose distinguido como alcalde de la ciudad de Vínnitsa. De acuerdo con la Constitución, el grupo o coalición mayoritaria en el Parlamento presenta al presidente la candidatura del primer ministro y éste a su vez la propone a la Rada, donde el FP y el BPP tratan ahora de obtener los apoyos que les faltan.

Tanto Poroshenko como Yatseniuk son responsables políticos de instituciones que se han visto involucradas en escándalos de corrupción, desde la Fiscalía al servicio de Aduanas. La sociedad da muestras de creciente impaciencia y, el pasado viernes, en Kiev el aire volvió a impregnarse del humo negro de los neumáticos quemados por los manifestantes, lo que recordaba las protestas del Euromaidán (de noviembre de 2013 a febrero de 2014), que culminaron con la caída del régimen de Víctor Yanukóvich.

Un duro golpe contra la élite política ucrania ha sido el referéndum celebrado el miércoles pasado en Holanda, en el que el 61,1% de los votantes se manifestaron en contra del acuerdo de asociación entre la UE y Ucrania. Además de la mala situación económica y financiera, Ucrania se enfrenta con una guerra latente en el Este del país y la pérdida de facto de la península de Crimea, anexionada por Rusia en 2014.

El cese de Yatseniuk fue planteado en la Rada Suprema el pasado 16 de febrero, pero no obtuvo los votos suficientes. Ahora ha sido el mismo Yatseniuk el que ha anunciado su marcha. El primer ministro ha dicho que la “crisis política en el Estado” había sido “aventada de forma artificial” y que “el deseo de relevar a una persona cegó a los políticos y paralizó su voluntad de realizar cambios reales en el país”. “Este Gobierno es el mejor de la historia de Ucrania”, ha afirmado Yatseniuk, quien a partir de ahora considera que su tarea es “más amplia que las competencias de primer ministro”.

El político cesante ha mencionado la nueva legislación electoral, la reforma de la Constitución, la reforma judicial, el control por el rumbo del nuevo Gobierno, el apoyo internacional a Ucrania y el objetivo de que Ucrania sea miembro de la OTAN y de la UE. “Este será mi programa”, ha anunciado Yatseniuk. Ha pedido a los diputados que apoyaran su cese y ha subrayado que su partido continuará en la coalición gubernamental. Yatseniuk ha sido primer ministro desde el 27 de febrero de 2014. Antes, había sido ministro de Economía y de Exteriores y presidente de la Rada. El 24 de julio de 2014 presentó él mismo su cese, pero en aquel entonces no fue aceptado por el Parlamento. Yatseniuk hizo carrera en el partido de Yulia Timoshenko, a la que reemplazó cuando esta fue encarcelada en tiempos de Yanukóvich.


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Título: La corrupción y la crisis económica amenazan con colapsar Ucrania

Subtítulo: El deterioro del nivel de vida suscita desconfianza sobre las reformas entre la población

Texto: No más promesas. Golpeados por el deterioro del nivel de vida, los ciudadanos de Ucrania quieren medidas tangibles que reflejen la voluntad de reforma de sus líderes, a los que acusan de actuar de modo parecido al de sus predecesores, “barridos” por la revuelta del Maidán hace ahora dos años.

“No es que estos políticos sean parecidos a sus antecesores. Es que son los mismos”, corrige Yulia, una maestra de Kiev, que con su esposo, Vitali, y la hija de ambos subsiste con 11.000 grivnias al mes (380 euros). De ellas, 4.000 se destinan al alquiler del apartamento familiar y 1.000 a los servicios comunales, cuya factura era de 300 grivnias hace un año. La familia no puede costear un piso (por los intereses del 25% al 30%) y tampoco acceder a programas hipotecarios subvencionados, porque “hubiéramos tenido que pagar una mordida de 10.000 dólares”, afirma Yulia. La maestra cree que el “sistema está podrido”. No obstante, en la Rada Suprema (Parlamento estatal) ve “muchos jóvenes con iniciativa, a los que no dejan abrirse camino”.

El malestar se siente en el Parlamento, incluso en el mismo partido del presidente (el Bloque de Petró Poroshenko o BPP) donde un grupo de 13 diputados (de los 140 que tiene el BPP en una Cámara de 450) han formado una “plataforma anticorrupción” que exige el cese del primer ministro, Arseni Yatseniuk, y otros altos cargos del Ejecutivo. El Gobierno está formado por una coalición de partidos, siendo los principales el BPP y el Frente Popular, la formación del primer ministro.

“Queremos acabar con el ambiente tóxico transmisor de la corrupción”, afirma el diputado y periodista Serguéi Leschenko, uno de los fundadores de la plataforma. “El primer ministro ha perdido la confianza del Parlamento y de la sociedad y debe irse”, dice el legislador. En las grandes empresas del Estado los “vigilantes” siguen existiendo”, admite Leschenko refiriéndose a quienes han sido colocados en puestos claves para desviar a bolsillos privados los flujos financieros de la administración.

 “La diferencia es que ahora somos más pobres y hay mucho menos dinero a repartir”, explica Leschenko; ”la sociedad tiene una tolerancia cero ante la corrupción y obligará a los políticos a ser más limpios”. Reconoce el legislador que también el presidente está implicado en estructuras opacas, pero se remite a las encuestas, según las cuales la sociedad desconfía más de Yatseniuk que de Poroshenko, y la gestión económica depende del Gobierno. “Yo aconsejé a Poroshenko que se desprenda de sus empresas en Rusia [industria chocolatera] para indicar que no se le puede chantajear”, afirma.

En juego no está solo la reforma económica atascada, sino también el mismo modelo de reforma. El economista Vladímir Pánchenko cree que la aplicación de concepciones ultraliberales por parte de “políticos irresponsables y poco cualificados” “no mejorará la economía y propiciará el deslizamiento hacia modelos del subdesarrollo“.  “Desindustrialización, degradación y despoblación” es su pronóstico para un país que, hasta no hace mucho, confió en que sus recursos intelectuales, técnicos e industriales le permitirían un papel de vanguardia en la modernidad.

Según Pánchenko, la dimisión del ministro de desarrollo económico, Aivaras Abromávicius, es consecuencia de la lucha de los clanes de Yatseniuk y Poroshenko por el control del sector del petróleo y del gas, que ha sido el turbio beneficiario del brutal incremento de las tarifas domésticas. Pánchenko cree que en el Frente Popular hay gente capaz de abordar una reforma a fondo. El problema es cómo modificar un modelo dominado por oligarcas, que, por falta de capital e inversores, no pueden modernizar sus empresas, pero se niegan a perder el control sobre ellas.

A juzgar por las opiniones de expertos, la alta política ucrania se cuece en Washington. Para remodelar el Gobierno o para convocar elecciones anticipadas las autoridades de Ucrania parecen pedir permiso a la Administración estadounidense y la presionan para que renuncie a seguir promoviendo la unidad del tándem Poroshenko-Yatseniuk. En Washington, unos dirigentes ucranios se orientan hacia el vicepresidente Josep Biden y otros, a la vicesecretaria de Estado Victoria Nuland, encargada de los asuntos euroasiáticos y de la crisis de Ucrania.


SUBNOTA: EL FMI URGE ACELERAR LAS REFORMAS

Esta misma semana, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advertía a Ucrania del riesgo de perder el apoyo financiero del organismo si el Gobierno no acelera el ritmo de sus reformas. “Sin esfuerzos sustanciales para mejorar la reforma de la gobernanza y la lucha contra la corrupción, el programa de ayuda no podrá mantenerse”, dijo su directora, Christine Lagarde, en una nota.

En Ucrania la crisis se nota a simple vista en las carreteras llenas de baches, las avejentadas instalaciones públicas y los centros comerciales transformados en mercadillos y desordenados bazares. La renta per capita anual se ha reducido de 3.500 dólares en tiempos de Yanukóvich a menos de 2.000 dólares en la actualidad, explica el economista Vladímir Pánchenko. El PIB estatal se ha encogido desde 185.000 millones de dólares a 85.000 millones; de esta contracción, un 20% se debe a la pérdida de los mercados rusos, explica el economista.


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Entrevista a Serguéi Arbúzov, ex viceprimer ministro de Ucrania:

Título: “La Unión Europea huye de Ucrania, que ha destruido su propio Estado”

Subtítulo: El líder afirma que su país se ha empobrecido notablemente "porque sus dirigentes son unos ladrones”

Texto: La Unión Europea quería ver a Ucrania “como parte de su espacio político y económico” en 2013 pero hoy “huye” de este país “como del fuego” y la razón es que Ucrania cambió de “forma radical” en ese tiempo. “En dos años, los ucranianos han destruido su propio Estado, han destrozado su economía y su sistema de orden público”, afirma Serguéi Arbúzov, el ex viceprimer ministro de Ucrania que en 2013 era el responsable de negociar el Tratado de Asociación con la UE.

Arbúzov, de 40 años, desempeñó el cargo de primer ministro en las últimas semanas de la presidencia de Víctor Yanukóvich, desde el 28 de enero de 2014 hasta que el parlamento le cesó el 27 de febrero, cuando estaba en Moscú, adonde fue en un viaje de trabajo del que no ha regresado.

Hoy, el experto en finanzas oriundo de Donetsk, es un exiliado en Rusia y, junto a una quincena de colegas ex altos cargos, no puede volver a Kiev porque sería encarcelado. En una entrevista con EL PAÍS, Arbúzov afirma que podría “sacar a Ucrania de la crisis si le permitieran volver y dispusiera de un “año tranquilo” para realizar sus ideas. “Durante mi paso por la administración la situación en Ucrania era mejor y haré todo lo posible para poder volver, limpiar mi nombre, contar la verdad y ofrecer mis conocimientos y los de mi equipo para que Ucrania pueda recuperarse”, dice. “El Maidán no fue una revolución, fue una toma de poder por la que ahora paga el pueblo”.

Arbúzov afirma que la economía ucraniana puede comenzar a recuperarse sobre tres pilares. El primero es una reforma agraria que consolide un “mercado nacional de la tierra” y una “clase media a partir de las personas físicas” y ponga freno a los influyentes intermediarios agrícolas, norteamericanos y europeos. El segundo es la colaboración entre el Estado y el capital privado y el tercero, un plan para involucrar a la sociedad en el uso de instrumentos financieros. En conjunto se podrían generar cerca de 100.000 millones de dólares, la cantidad necesaria, a su juicio, para iniciar el remonte.

“Los miembros más activos del anterior Gobierno estamos aquí y queremos volver a Ucrania”, afirma y explica que en Kiev hay procesos incoados contra “todos los que representan una amenaza para las actuales autoridades”. “Ninguna inspección internacional confirmó que yo hubiera cometido irregularidades, ni el Tribunal de Cuentas ni el Ministerio de Justicia, pero siguen acusándome, al principio de robar y ahora de malversación de fondos. Es una persecución política”, sentencia. “Hace un año no estaba dispuesto [a volver]. Ahora sí, si eso ayuda a pacificar el país y a sacarlo de la crisis”, dice, y añade: “Si no he vuelto es por temor a me encerraran en una jaula y me pasearan por el Maidán”. Arbúzov recurrió en un tribunal europeo contra su inclusión en la lista de sanciones de la UE. El tribunal le dio la razón y lo sacaron de la lista, lo cual no impidió que le incluyeran de nuevo al año siguiente, afirma.

Como responsable del tratado de Asociación con la UE, Arbúzov asistió a la cumbre de la UE en Vilnius, la capital de Lituania, en noviembre de 2013. Confiaba en que el documento sería firmado, o que la firma se demoraría hasta la próxima cumbre entre Kiev y Bruselas y quería una reunión trilateral (europeos, ucranianos y rusos) para “difuminar los temores de Moscú” sobre los efectos de la asociación. Pero “los interlocutores alemanes y franceses dijeron a Yanukóvich que no iban a esperar”, afirma.

En 2013 el “intercambio comercial de Ucrania con Rusia, por una parte, y con la UE, por la otra, eran de cerca de 50.000 millones de euros respectivamente. Hoy la situación es otra. “Las promesas del Maidán eran populistas y no se han cumplido y Ucrania experimenta un colapso económico”. “El PIB se ha hundido en más de un 15% en los últimos dos años, las inversiones cayeron del orden del 30% al 40%, la población ha sido saqueada, la pensión y el sueldo mínimos son inferiores a 50 dólares y al precio de los servicios mínimos”. “Ucrania se ha convertido en uno de los países más pobres del mundo, porque sus dirigentes son unos ladrones”, afirma.


Crédito del FMI

Poco antes de la caída de Yanukóvich, Ucrania concertó créditos por valor de 15.000 millones de dólares con Rusia e inversiones por parte de China. Moscú desembolsó 3.000 millones de dólares que Kiev se niega a devolver. “Los dirigentes ucranianos saben que el dinero ruso fue a pagar las pensiones, cubrir los déficit y pagar deudas, pero no quieren devolverlo, aunque se trata de un crédito de acuerdo con la legislación internacional”, dice Arbúzov.

“Al calificar aquel crédito de soborno político [a Yanukóvich] los dirigentes muestran su bajo nivel. Si los tribunales no se rigen por la política, Ucrania tendrá que devolver ese dinero y pagar también las sanciones añadidas y Rusia tiene derecho a pedir un incremento de los intereses”, afirma.

“Hoy el único prestamista de Kiev es el Fondo Monetario Internacional”, dice Arbúzov, según el cual “Ucrania perdió 10.000 millones de dólares por renunciar a Rusia y esa es la cantidad que quiere recibir del FMI con un programa asesino para la población”. El FMI, por otra parte, ha congelado su programa porque Kiev no puede cumplir sus condiciones. En cuanto a China, Arbúzov había llegado a acuerdos con aquel país para invertir 20.000 millones de dólares, de los cuales 1500 millones habían sido ya entregados. Los chinos contemplaban la creación de silos en los puertos y de parques industriales y estaban dispuestos a comprar la cosecha de cereales durante 15 años. “El dinero chino ya comenzó a llegar y lo robaron. Ucrania tendrá que devolverles su dinero a los chinos”, señala.


El conflicto en el este

Sobre la situación en Donbás, opina Arbúzov que los dirigentes ucranianos deberían sentarse a la mesa de conversaciones con los líderes de los territorios que no controlan y declarar una amnistía. Como ejemplo, pone la amnistía que decretó el Gobierno de Yanukóvich poco antes de su caída. “¿Por qué no se puede repetir eso hoy? Pues porque la guerra es muy rentable y se gana dinero con ella”, afirma.

Arbúzov asegura estar dispuesto a volver a su Donetsk natal para ayudar a la reconstrucción de aquellas regiones donde comenzó su carrera. La región de Donetsk y Lugansk suponía el 25% del PIB de Ucrania, pero sus minas estaban subvencionadas. “A primera vista la región ha sido saqueada, la producción destruida, los especialistas se marcharon”, pero “si en la región hay paz y se forma un régimen de impuestos apropiado tal vez sea posible restablecer la economía". “Si yo realizara este programa creo que podría cuadrar ingresos y gastos y atraer inversiones, la región tiene recursos y las fábricas pueden trabajar y se pueden modernizar. El trabajo es duro, pero no desesperado”. Calcula Arbúzov que se necesitan de dos a tres años y “Tal vez 20.000 millones de dólares, que podrían ser gestionados por un consorcio formado por Rusia, la UE y Ucrania”, dice.


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