sábado, 20 de diciembre de 2014

Odessa, ciudad del Mar Negro


El impasse en Ucrania es complejo de entender. La región del Donbass sigue con su voluntad de independencia, a pesar incluso de Rusia, que quiere que siga formando parte de Ucrania. Del resto del este y sur de ese "país" no llegan grandes noticias. El sitio web Slaviangrad.es publicó ayer, sin embargo, sobre ciertos ruidos que vienen de Odessa. Los ruidos van a ir en aumento en la medida en que la dirigencia ucraniana, políticamente nazi y económicamente neoliberal, siga con sus planes de privatizar todo, como venga y con la mayor rapidez posible. El final es conocido, chicos. 


Título: Aumenta la resistencia en Odessa

Texto: El 27 de noviembre comenzó en Odessa un juicio farsa contra activistas antifascistas. Los acusados son algunos de los 70 activistas encarcelados o bajo arresto domiciliario desde la masacre del 2 de mayo en la casa de los sindicatos.

Entre abril y mayo, grupos de matones fascistas armados llegaron a esta ciudad del sudeste en autobuses organizados, con el objetivo de acabar con el movimiento de protesta contra el Gobierno de Kiev, títere de Estados Unidos, que había tomado el poder por medio de un golpe de Estado el pasado febrero.

Con rienda suelta para actuar a sus anchas en la ciudad portuaria, la ultraderecha atacó y quemó un campamento al estilo de Occupy Wall Street en el Campo de Kulikovo. Los antifascistas huyeron hacia la cercana casa de los sindicatos. Allí, los neo-Nazis dispararon, gasearon y finalmente quemaron vivos a quienes se refugiaban en su interior. Los supervivientes que saltaron por las ventanas del edificio en llamas fueron apaleados, algunos de ellos hasta la muerte.

Según los datos oficiales, 48 personas murieron en la masacre, aunque los activistas locales aseguran que el verdadero número es muy superior.

Ninguno de los neo-nazis que participaron en la masacre ha sido encarcelado, ni siquiera han sido acusados, pese a la abundancia de evidencias gráficas y fotografías de la masacre, parte de esas pruebas publicadas por los propios fascistas, orgullosos de sus actos. La investigación oficial del parlamento no ha aportado más que evasivas de la policía y el Ministerio del Interior.

La vista preliminar de la causa contra los antifascistas en la corte de Primorsky fue una farsa, tal y como relató la web independiente Timer. Los veinte acusados estaban enjaulados. Muchos de sus abogados estaban ausentes. Solo diez minutos antes del inicio de la vista, el fiscal solicitó extender la detención de los acusados en otros 60 días. La petición fue aceptada.

La vista comenzó con retraso. Después de una breve aparición, el juez volvió a esconderse en su despacho. Finalmente, se dio por concluida la vista, aplazada hasta el 3 de diciembre, pero los acusados se negaron a abandonar la jaula en la que estaban encerrados y abandonar la sala, a gritos de “libertad a los presos políticos” y “no al régimen asesino”(Timer.od.ua, Nov. 27).

Familiares y partidarios de los acusados también gritaron “vergüenza a la corte de Primorsky”, mientras la policía les obligaba a abandonar la sala. Frente al juzgado, dos de los acusados fueron atacados por la ultraderecha.

Tras esa debacle, la corte de Primorsky rechazó seguir adelante con el caso, derivándolo a la Corte de Apelación Regional de Odessa, que devolvió el caso inmediatamente. A 12 de diciembre, Primorsky seguía rechazando el caso.

Alexei Albu: “Los prisioneros tienen que sentir nuestro apoyo”

Workers World habló con el diputado del consejo regional de Odesa Alexei Albu, líder del movimiento antifascista en Odessa y superviviente de la masacre del 2 de mayo, sobre el juicio y sobre la situación de la ciudad en general. Albu, coordinador de la organización marxista Borotba, fue obligada a abandonar la ciudad en mayo, tras las amenazas de arrestos. Actualmente reside en el exilio en Crimea, donde ha cofundado el Comité de Liberación de Odessa y la web de investigación 2May.org.

“Entre los 70 miembros de la oposición detenidos por el Gobierno hay gente de diferentes ideas políticas, e incluso algunos viandantes, que están siendo acusados de distintos crímenes”, afirmó Albu.

“Los cargos varían entre desde el terrorismo, intento de cambiar las fronteras de Ucrania o apoyo a las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. Algunos de ellos están acusados de organizar un golpe de Estado, aunque quienes ahora detentan el poder lo obtuvieron por medio de un golpe.

“Lo que une a todos los presos políticos es el odio a este régimen neo-fascista”, dijo, “incluyendo a anticapitalistas como Vladislav Wojciechowski o Nikolai Popov.”

“El tribunal no puede probar la culpabilidad de los acusados”, afirma Albu, apuntando que algunos de ellos habían confesado bajo torturas. “Los propios jueces saben que no son culpables, pero están sometidos a una tremenda presión del poder ejecutivo para condenar a los antifascistas de Odessa.

“Los jueces comprenden que tienen que vivir en Odessa y mirar a los ojos a los residentes y por eso intentan negarse a lidiar con el caso”. Albu afirmó que el Comité por la Liberación de Odessa anima a la población a salir y mostrar su apoyo a los presos políticos en futuras citas en el juzgado. “Tenemos que estar en el juzgado porque los presos políticos tienen que sentir nuestro apoyo. Tienen que saber que no están solos. Tienen que entender que nada de lo que hicieron fue en vano”.


Aumentan las protestas

Tras siete meses de ocupación e intensa represión por parte de bandas neonazis, los trabajadores y antifascistas de Odessa están intensificando la resistencia. Kiev y las autoridades locales, por su parte, hacen todo lo que pueden por suprimir esas protestas, explicó Albu, añadiendo que “solo por ir al juzgado, los familiares y partidarios son detenidos o atacados por la ultraderecha”.

Pero los activistas y sus familias continúan reuniéndose cada domingo en el Campo de Kulikovo para recordar a los fallecidos el 2 de mayo, aunque saben que se enfrentan al frecuente acoso policial y violencia por parte de los partidarios de la junta. El 7 de diciembre, un participante fue detenido por llevar una cinta de San Jorge, el símbolo del movimiento antifascista y de la victoria soviética sobre el nazismo en la Segunda Guerra Mundial. La policía arrastró al hombre frente a su hijo de 8 años y lo detuvo durante varias horas.

El 10 de diciembre, una explosión arrasó con un llamado centro de voluntarios, en realidad la sede central de una organización fascista, que recogía suministros para la operación antiterrorista, la brutal guerra del régimen contra la independencia de las Repúblicas Populares de la región minera de Donbass (Molbuk.ua).

El 14 de diciembre, más de 600 trabajadores abandonaron sus puestos de trabajo en la Planta Portuaria de Odessa, una de las principales plantas químicas de Ucrania. Los trabajadores protestaban contra el bloqueo económico a las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk.

Debido a la guerra en Donbass, la planta ha perdido gran parte de su negocio y opera ahora al 30% de su capacidad. Los trabajadores portaban carteles que rezaban “No al bloqueo económico”. También exigían que la readmisión de los trabajadores despedidos (Tribuna.ru, Dec. 15).

La suma de la guerra civil iniciada por Kiev, las medidas de austeridad exigidas por Estados Unidos y la Unión Europea y la crisis global del capitalismo han empujado a Ucrania al borde de la quiebra.

Como muchas zonas del país, Odessa sufre apagones eléctricos, subida de precios de los servicios y recortes en los servicios sociales. El 13 de diciembre, el Gobierno predijo que los precios del gas se multiplicarían por 3 o por 5 este invierno.

Como respuesta, los activistas de Kulikovo planean grandes protestas para el fin de semana del 19 de diciembre. Bajo el eslogan “queremos vivir, no queremos solo existir”, llaman a los residentes a unirse (Timer.od.ua, Dec. 15).


“Hoy todos comprenden que el régimen no puede durar mucho”, dice Albu. La junta caerá y todos los que ayudaron a la operación antiterrorista, los que atacaron a nuestros seres queridos, que arrojaron a los nuestros en prisión, los que les mataron de hambre, tendrán que responder por ello. Es la conciencia de la retribución inmediata la que hace atacar a los perros de presa fascistas. Pero el péndulo de la historia ya se mueve y no hay cómo pararlo”, concluye.

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