lunes, 4 de agosto de 2014

Razones


Si todavía necesitan razones para dejar de leer ese pasquín insufrible que es Le Monde, acá les re-posteo lo que escribe hoye Juan Salinas en su blog (Pájaro Rojo; http://www.pajarorojo.info/) sobre la última nota editorial de esos mamarrachos. 

Título: LIBIA-PERIODISMO. Una muestra insuperable de hipocresía gala

Texto: Una muestra insuperable de la hipocresía de Le Monde, que vierte lágrimas de cocodrilo sobre una supuesta revolución libia que jamás existió, ni siquiera en la más calenturienta imaginación del más pánfilo de sus redactores. Muamar Gadafi le había prestado mucho dinero al ex agente de la CIA Sarkozy, y había que borrar las huellas del crimen además, por supuesto y en primer lugar, de permitir que la TOTAL extrajese crudo de Bengazi sin pagar los onerosos royalties que le exigía el rais. 

No les bastó asesinar de manera harto vengativa y soez a Gadafi en un acto en el ostensiblemente participaron agentes de la CIA de habla hispana: asesinaron también a su hijo y a todos sus acompañantes, quizá hasta doscientos, como muestra de la "justicia" de la "revolución" que menta Le Monde. Ya el primer mes las organizaciones humanitarias se marcharon de Libia tras constatar que se torturaba sistemáticamente a los detenidos. Una merde tanto los "revolucionarios" libios como Le Monde.

***

La nota de Le Monde a la que hace mención Salinas apareció en español en El País de hoy. Tomen un calmante antes de leer esta basura, chicos. Acá hay cumbres centenarias de cinismo:

EDITORIAL: Naufragio de la revolución libia

Epígrafe: Se plantea la cuestión de si fueron acertados los bombardeos contra Gadafi para apoyar a los rebeldes

Texto: “Libia se descompone. Las escasas estructuras político-administrativas construidas desde 2011 se hunden. La vida económica se para. Una tras otra, las grandes misiones diplomáticas se van, lo mismo que la ONU y numerosas ONG. Trípoli, la capital, y Bengasi y las grandes ciudades, en las que vive la mitad de una población en torno a los 7 millones de habitantes, son el teatro de los enfrentamientos entre bandas armadas rivales. Se combate con armas pesadas, en la ciudad, y aún más en los dos grandes aeropuertos, inutilizados por los disparos (...).

Secuestros, asesinatos, mezcla frecuente del gran bandidaje y de los arreglos de cuentas políticas, todo ello entrecortado por bombardeos de artillería: el sueño de una Libia tolerante se ha disipado. A la dictadura feroz, tribal, depredadora que era el régimen de Gadafi le ha sucedido el reino de las milicias, también depredadoras, tribales y completamente extrañas a la idea misma de un Estado de Derecho.

Imposible no plantearse la cuestión de la pertinencia de la intervención de Estados Unidos, Francia y Reino Unido en apoyo de la rebelión de 2011 —intervención aprobada en su día sin reservas por Le Monde—. ¿Washington, París y Londres tenían razón al llevar esa campaña de bombardeos aéreos que permitió a los rebeldes ganar a Gadafi? Cuestiones fáciles de plantear a posteriori: la decisión política de la intervención se toma a veces en la urgencia, a menudo por razones humanitarias. Pero cuestiones a las cuales es difícil escapar hoy día, a la vista del caos que reina en Libia.

París, 30 de julio”

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