martes, 20 de noviembre de 2012

Japón entre dos mundos

Interrumpimos nuestras incursiones en Medio Oriente para reflexionar un instante sobre el destino de Japón. En un post reciente, dedicado a pinchar el último globo de Wall Street, esto es, que los EEUU constituyen una potencia petrolera y gasífera a partir de la explotación de las fuentes no convencionales como shale oil y shale gas, James H. Kunstler (http://kunstler.com/blog/2012/11/epic-disappointment.html) se pregunta si Japón no será la primera de las sociedades del mundo contemporáneo en abandonar sus pretensiones tecnológicas:

“Finally, I have one flat-out prediction, one I have made before but deserves repeating: Japan will be the first society to consciously opt out of being an advanced industrial economy. They have no other apparent choice really, having next-to-zero oil, gas, or coal reserves of their own, and having lost faith in nuclear power. They will be the first country to enter a world made by hand. They were very good at it before about 1850 and had a pre-industrial culture of high artistry and grace - though, granted, all the defects of human psychology.”

La occidentalización y modernización del Japón se dio a partir de la segunda mitad del Siglo XIX con la Dinastía Meiji (1868-1912). Los cambios fueron enormes: buena parte de los códigos feudales que regían a la sociedad japonesa hasta entonces quedaron abolidos y se constituyó el estado moderno con fuerzas armadas, infraestructura de comunicaciones (trenes, barcos), reforma educativa, impuestos a la producción agropecuaria, fomento a la industria textil y las acerías, aplicación del sistema decimal, etc.

El problema es que estos cambios fueron acompañados por el crecimiento exponencial de una matriz energética que requería de fuentes diversas: carbón, petróleo y, más recientemente, gas y combustible nuclear. Se advierte así la debilidad intrínseca del modelo japonés: no produce nada de todo esto. Para colmo, a partir del desastre de Fukushima en Marzo de 2011, la sociedad japonesa concuerda en abandonar toda fuente de abastecimiento energético basada en combustibles nucleares.

En un mundo en crisis, cuando se acaben las fantasías del shale oil como sucedáneo barato del petróleo convencional; cuando los nuevos costos energéticos vuelvan imposible la producción industrial en escala; cuando el casino financiero comience su derretimiento final y se vuelva inaccesible el crédito para la infraestructura energética basada en los renovables, ¿qué va a hacer la sociedad japonesa? ¿Abandonará mansamente su vocación tecnológica? ¿Se consumirá en una serie de guerras civiles? ¿Volverá la Era del Shogún?

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