No sé si lo
notaron, pero de un año a esta parte parece haberse producido un cambio en la
prensa de Ocidente. Lo que llama la atención es (1) la homogeneidad de las
noticias; (2) el ocultamiento (censura) de cosas relevantes; y (3) el tono de
moralina encubierta con que se condena a unos y se ensalza a otros. Como si nos
hubiéramos convertido de golpe en idiotas, los MSM (acrónimo de “mainstream
media”) nos dan a degustar la misma papilla precocida en dosis convenientes. De
todo esto habla la última nota de Thierry Meyssan para Red Voltaire:
Título: El nuevo
Orden Mediático Mundial
Epígrafe: En sólo
meses, el contenido de los medios de difusión nacionales e internacionales ha
sufrido un profundo cambio en Occidente. Estamos siendo testigos del nacimiento
de una “Entente” cuyos verdaderos iniciadores y objetivos reales aún se
desconocen pero cuyas consecuencias directas contra la democracia ya son
palpables.
Texto: Occidente
está atravesando una crisis sistémica sin precedente: poderosas fuerzas están
orientando poco a poco a todos los medios de difusión en una dirección única.
Simultáneamente, el contenido de los medios se transforma. El año pasado
todavía mostraban cierta lógica y tendencia a la objetividad. Y se aportaban
mutuamente la contradicción en una sana emulación. Ahora actúan como manada,
basan su coherencia en la manipulación de emociones y arremeten con saña contra
las personas a las que denuncian.
La idea de una
Entente de los medios de difusión es la prolongación del experimento del
International Consortium for Investigative Journalism (ICIJ) («Consorcio
Internacional para el Periodismo de Investigación»), un ente que no reúne
medios de difusión sino sólo periodistas a título individual y que se hizo
célebre publicando información robada en la contabilidad de dos oficinas de
abogados de las Islas Vírgenes Británicas, el gabinete PricewaterhouseCoopers
(PwC), el banco HSBC y la oficina panameña Mossack Fonseca.
Si bien algunas
sacaron a la luz verdaderos delitos de una que otra personalidad occidental,
esas revelaciones fueron utilizadas principalmente para desacreditar a
dirigentes chinos y rusos. Lo más importante es que, con el pretexto de
contribuir a la lucha contra la corrupción, la violación de la confidencialidad
de abogados y bancos perjudicó gravemente a miles de clientes honestos sin
suscitar reacción alguna de parte de la opinión pública.
Desde hace
alrededor de 40 años puede verse un reagrupamiento paulatino de los medios de
difusión en trusts internacionales. Hoy en día, más de dos terceras partes de
la prensa occidental pertenece a sólo 14 grupos (21st Century Fox, Bertelsmann,
CBS Corporation, Comcast, Hearst Corporation, Lagardère Group, News Corp,
Organizações Globo, Sony, Televisa, The Walt Disney Company, Time Warner,
Viacom y Vivendi). En este momento, la alianza montada entre Google Media Lab y
First Draft está creando vínculos entre esos grupos, que ya se hallaban en
posición dominante.
En esa Entente
mediática están además las tres principales agencias de prensa del planeta
–Associated Press (AP), la Agence France-Presse (AFP) y Reuters–, lo cual le
garantiza una posición hegemónica en materia de información. Es evidente que se
trata de un caso de «entendimiento ilícito» [1]. Pero su objetivo no es
uniformizar precios sino uniformizar las mentes, imponer un pensamiento ya
dominante.
Puede observarse
que todos los miembros –sin excepción– de la Entente de Google ya han venido
presentando, durante los últimos 6 años, una visión unívoca de lo que sucede en
el Medio Oriente ampliado. Pero no existía entre ellos ninguna forma de
concertación previa… o no se conocía. Es interesante ver que en esa Entente
también se encuentran 5 de las 6 televisiones internacionales que participaron
en el equipo de propaganda de la OTAN (Al-Jazeera, BBC, CNN, France24, Sky,
sólo parece faltar Al-Arabiya).
En Estados
Unidos, Francia y Alemania, Google y First Draft (expresión del inglés que
significa «primer borrador» o «version uno») han reunido bajo su tutela medios
localmente presentes en esos países y medios de alcance internacional,
supuestamente para “verificar” la veracidad de ciertos argumentos. Además de
que se desconoce quién se esconde detrás de First Draft y qué intereses han
llevado una firma comercial especializada en informática a asumir el
financiamiento de esta iniciativa, lo cierto es que el resultado no tiene mucho
que ver con un regreso a la objetividad.
En primer lugar
porque las imputaciones que esos entes “verifican” no se seleccionan en función
de su importancia en el debate: se seleccionan porque las mencionan individuos
a quienes esta Entente quiere denunciar. Esas verificaciones supuestamente
deberían acercarnos a la verdad, pero no es así: lo que hacen es tratar de
convencer al ciudadano de que los medios de la Entente son honestos y que las
personas que los denuncian no lo son. El objetivo no es una mejor comprensión
del mundo sino destruir la reputación de los individuos “incómodos”.
En segundo lugar
porque una regla no escrita de esta Entente de medios es que se verifican
solamente las afirmaciones de fuentes exteriores a esa Entente… pero sus
miembros no se critican entre sí. Lo que buscan es reforzar la idea de que el
mundo se divide en dos bandos: «nosotros», –que decimos la verdad– y «los
otros» –obligatoriamente mentirosos. Esta manera de proceder viola el principio
del pluralismo, elemento básico de la democracia, y abre el camino a la
imposición de una sociedad totalitaria. Pero eso no es nada nuevo porque ya
vimos su aplicación en la cobertura de las primaveras árabes y de las guerras
contra Libia y Siria. La diferencia es que ahora se aplica, por vez primera, a
una corriente occidental de pensamiento.
Y, finalmente,
porque las imputaciones que esa Entente califica de «falsas» nunca serán vistas
como errores, siempre serán consideradas como mentiras. O sea, se trata a
priori de atribuir a «los otros» intenciones maquiavélicas, para
desacreditarlos. Con ello se viola la presunción de inocencia, principio básico
de la justicia.
Por todas esas
razones, el funcionamiento del Consorcio Internacional para el Periodismo de
Investigación y el de la Entente creada por Google y First Draft contradicen la
Carta de Munich de la Organización Internacional de Periodistas (OIP),
concretamente los artículos 2, 4, 5 y 9, de su título II.
No por casualidad
vemos como avanzan acciones judiciales descabelladas precisamente contra los
mismos que ya son blanco de la Entente de medios de difusión. En Estados Unidos
desenterraron la ley Logan para utilizarla contra el equipo de Donald Trump, un
texto que nunca llegó a aplicarse desde su adopción, hace 2 siglos. En Francia,
han recurrido a la ley Jolibois contra los tweets políticos de Marine Le Pen,
un texto que la jurisprudencia había limitado a la difusión (por demás posible
bajo ciertas condiciones) de algunas revistas ultrapornográficas. La
erradicación del principio de presunción de inocencia, en los casos de los
individuos a eliminar, permite llevarlos al banquillo de los acusados con
cualquier pretexto jurídico. Es importante observar que las acusaciones que se
esgrimen recurriendo a esas leyes contra el equipo de Trump (en Estados Unidos)
y contra Marine Le Pen (en Francia), podrían servir también contra muchas otras
personalidades… pero nadie lo hace.
Por otro lado, la
ciudadanía ya no reacciona cuando es la Entente mediática quien divulga
acusaciones falsas. Por ejemplo, en Estados Unidos ese ente inventó que los
servicios secretos rusos tenían un expediente comprometedor sobre Donald Trump
y que lo estaban chantajeando. En Francia, esa misma Entente inventó que es
posible emplear ficticiamente a una asistente parlamentaria, delito que
atribuyó a Francois Fillon… candidato “incómodo” a la presidencia.
En Estados
Unidos, los miembros, grandes o pequeños, de la Entente mediática están arremetiendo
contra el presidente. Sus informaciones provienen de las intercepciones
telefónicas que la administración Obama ordenó indebidamente contra el equipo
de Trump. Todo eso demuestra que existe una coordinación entre la Entente
mediática y los magistrados que utilizan las alegaciones que esta divulga para
bloquear la acción gubernamental de la actual administración. Se trata,
indiscutiblemente, de un sistema mafioso.
Los medios
estadounidenses y franceses están atacando implacablemente a dos candidatos a
la presidencia de Francia: Francois Fillon y Marine Le Pen. Al problema general
de la Entente mediática se agrega en este caso la impresión errónea de que
ambos blancos son víctimas de una conjura franco-francesa, cuando en realidad
las órdenes vienen de Estados Unidos. Los franceses están comprobando que sus
medios emiten información sesgada, creen –erróneamente– que se trata de una
campaña contra la derecha y buscan –también erróneamente– a los manipuladores
en su propio país.
En Alemania, esta
Entente todavía no resulta efectiva, sólo debería serlo durante las elecciones
legislativas.
En tiempos del
Watergate, ciertos medios dijeron ser un «Cuarto Poder», después del poder
ejecutivo, el legislativo y el judicial. Afirmaron que la prensa ejercía sobre
el gobierno una función de control en nombre del Pueblo. Ni siquiera entraremos
a mencionar aquí el hecho que lo que en aquel momento se imputó al presidente
Nixon fue haber ordenado interceptar los teléfonos del partido de oposición, lo
mismo que ha hecho Obama. Hoy se sabe que «Garganta Profunda», la fuente del
escándalo del Watergate, lejos de ser un denunciante ciudadano –los españoles
dirían un “alertador”– era nada más y nada menos que Mark Felt, alto
responsable del FBI que incluso se había convertido en número 2 de esa agencia
federal a finales de los años 1960. El manejo de aquel escándalo en realidad
fue parte de la lucha entre una facción de la administración y la Casa Blanca y
los electores fueron simplemente manipulados por ambos bandos a la vez.
Aceptar la idea
del «Cuarto Poder» sería reconocer a los 14 trusts que poseen la gran mayoría
de los medios de prensa occidentales la misma legitimidad que al conjunto de la
ciudadanía. Sería confirmar el reemplazo de la democracia por una oligarquía.
Queda un punto
por aclarar. ¿Cómo elije la Entente mediática los blancos de sus ataques? Lo
único que Donald Trump, Francois Fillon y Marine Le Pen tienen en común es que
quieren reanudar los contactos con Rusia y luchar a su lado contra la matriz
del yihadismo, que es la Hermandad Musulmana. Aunque Francois Fillon ya fue
primer ministro de un gobierno que estuvo implicado en esos acontecimientos,
los tres encarnan la corriente de pensamiento que contradice la versión
dominante sobre las primaveras árabes y sobre las guerras contra Libia y Siria.
Excelente nota Astroboy.
ResponderEliminarEs natural que ocurra lo que está ocurriendo porque las combinaciones oligárquicas que controlan los medios de comunicación no pueden controlar en la medida que quisieran al Poder Ejecutivo en USA.
Semejante insistencia combinada de los mensajes que sindican las relaciones del gobierno de USA con Rusia y China como si fuera algo malo y una "traición a la patria", hace pensar que los controladores oligarcas de esos mensajes siguen muy interesados en frustrar una mejora en las relaciones de USA con esos dos países.
En consecuencia, si esos oligarcas quieren frustrar esa mejora es porque apuestan a que empeore. Y si apuestan a que empeore, apuestan a una eventual guerra mundial.
En mi opinión, esos intereses continúan con lo que yo llamo "geopolítica de la guerra" porque no ven salidas "agradables" a la crisis del sistema financiero, monetario y económico mundial que ellos mismos administran en combinación con otros elementos oligárquicos de ese sistema. Y creen que patear el tablero con la guerra sería una forma de "resetear" todo el sistema y lograr una posición posguerra (si sobrevive la humanidad) a su juicio más favorable o, por lo menos, menos desventajosa para sus intereses.
Esos oligarcas bien saben que una solución racional a la crisis sistémica de desintegración que afecta al sistema financiero implica darle poder a los Estados Nacionales (soberanos). En el mundo en que vivimos darle poder a éstos es, automáticamente, quitarle a aquéllos.
Por eso prefieren jugar a la guerra, que es lo que ya conocen por experiencia de siglos, antes de que suceda que la crisis mundial la resuelvan entidades soberanas en cooperación entre ellas.
Desde el punto de vista teórico, hay que considerar a los medios de comunicación e información como "resortes fundamentales" que otorgan mucho poder a quienes los controlan, los cuales son oligarcas en virtud del control que ejercen sobre esos resortes.
Esos resortes fundamentales se distinguen de los "medios de producción" o de los "dueños del capital" en general de los que habla el marxismo. Porque no todo medio de producción o dueño de capital otorga el poder que otorgan los "resortes fundamentales". Por ej., no tiene el mismo poder el que controla el capital en la empresa Sancor que el que lo hace en la CBS o la agencia AP, etc.
Hay marxistas que argumentan que el funcionamiento económico inherente a las leyes del capitalismo "disuelve" esas diferencias por obra de las tendencias a la "igualación de las tasas de ganancias", etc. Esto me suena absurdo. Sería como creer que es lo mismo que te arrolle un camión de 2 acoplados que viene aumentando su velocidad un 10% que una bicicleta con la misma tasa de aumento de la velocidad.
Por eso, en varias discusiones con algunos marxistas de la blogósfera, sostuve que era necesario distinguir empíricamente al capitalista del oligarca. Porque, si esa distinción es válida, este último, al poseer los "recursos fundamentales", desposee a todos los demás, no solo a los obreros sino a los capitalistas también.
Disculpas Astroboy por las disquisiciones teóricas, ya es como una manía que tengo. Pero la excelente nota que trajiste me motivó a eso.
Saludos.