miércoles, 5 de octubre de 2016
Ecumenismo, la herramienta imperial de nuestros días
En la foto de arriba, los próceres ecumenistas Bernard Henri Lévy y George Soros. El autor de la interesantísima nota que sigue se autodenomina "Oxandabaratz" y publicó la misma en el sitio The Vineyard of the Saker. Alguien que firma "Ana" la tradujo al español para la versión latinoamericana de este portal. Vayan a esa misma nota para los numerosos links a los que remiten muchas de las frases y conceptos allí vertidos. El artículo es largo, chicos, pero sustancioso; acá va (los subrayados son nuestros):
Título: “Ecumenismo” ¿Nueva arma ideológica del imperialismo? (sobre algunas taras del 1968)
Texto: “Ecumenismo” es un término que se entiende por “universalismo”, como un acuerdo en torno a unos valores universalmente aceptados. Esto es, en el término religioso se trata del diálogo interreligioso en torno a las creencias mínimas comunes que unen a todas las religiones; en el término filosófico como un sistema de valores basado en los valores mínimos comunes al humanismo, etcétera. Así pues, como “acuerdo universal” de la humanidad, es considerado como un paso adelante en el progreso.
¿Pero qué es el ecumenismo “real” en el mundo actual, en el terreno político? Hoy en día (quizá con la excepción de la nebulosa ONU) no existe ninguna entidad que pueda vincular sentimentalmente o por identificación a un habitante de Burkina Faso con uno de Finlandia; ni siquiera hay dos o tres entidades importantes transnacionales fuertes que puedan desarrollar un “diálogo político-cultural” entre ellas (Occidente no acepta como “iguales” ni a la OCS de Eurasia ni al ALBA-CELAC de Latinoamérica).
No obstante, eso no significa que no existan “culturas universales” o “con vocación universal”. ¿Y, qué hace que una cultura concreta se convierta, en lenguaje llano, en “cultura global” o “universal”? La fuerza. La fuerza económica, política y militar. Esto es, lo que convierte una cultura concreta en “internacional” o “global” es la hegemonía pasada o presente del tipo imperialista (el colonialismo clásico), o ideológica (en este segundo tipo; tenemos, en la filosofía el griego en los tiempos de la antigüedad o el alemán en épocas más recientes; para el liberalismo primitivo lo fue el francés, en la época del socialismo el ruso…).
Hoy en día, a nivel mundial es Occidente o “Europa” (Incluyendo a los EE.UU. por lo menos en el terreno cultural) la única cultura con la fuerza suficiente para ser cultura “global”, esto es, la única cultura para extender (¿o imponer?) en el mundo su sistema de valores cultural. La que llamamos “cultura occidental” bebe sobre todo del iluminismo individualista de la Ilustración, del liberalismo, de la revolución industrial (1), de la economía de mercado, del colonialismo y de la victoria en la Guerra Fría (no tanto, pese a la extendida opinión, de la victoria en la Segunda Guerra Mundial, ya que los valores universales establecidos o que se intentaron establecer tras la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo el anticolonialismo, o la autodeterminación de los pueblos, o la universalización de los derechos sociales deben más a la aportación de la URSS que a la aportación de Occidente. Por otra parte, como ha probado el pensador italiano Domenico Losurdo, el nazismo no es algo extraño a los valores occidentales, sino algo concebido en el interior de este marco). Por tanto, de modo aséptico (no definido), cuando se invoca este tipo de “ecumenismo”, debemos de prestar mucha atención si con ello no estamos defendiendo la supremacía total de Occidente. El concepto de “ecumenismo”, sin ninguna cortapisa, fue reivindicado por el ideólogo imperialista Bernard Henri Lévy en esta entrevista con el diario “El País” en 2014 (http://elpais.com/elpais/2014/06/04/icon/1401883817_230646.html).
Durante la Guerra Fría, la mayor excusa para desestabilizar o debilitar los países socialistas era la “democracia” o la “libertad”; algo lógico, ya que en aquella época el bando Occidental enarbolaba el liberalismo, mientras que su enemigo era anticapitalista y antiliberal. Sin embargo, hoy en día, se usa cualquier cosa que pueda entrar en el concepto de “Derechos Humanos”, cualquier tipo de causa progresista: en Yugoslavia fue la autodeterminación, en otros sitios la “lucha contra la corrupción” o la “lucha contra el autoritarismo”, en otros sitios las “revueltas populares”, etcétera. Hoy en día, las intervenciones imperialistas no se hacen solamente en nombre del “anticomunismo” (concepto con tintes conservadores), sino que se usa toda una gama de conceptos progresistas para justificar dichas intervenciones. ¿Y qué mejor que las potencias occidentales para defender esas causas o esos progresos? En eso se basa la raíz imperialista del “ecumenismo” presente. Como dice Jean Bricmont, vivimos en la época del “imperialismo humanitario”. Según el crítico antiimperialista belga Bricmont, el “imperialismo humanitario” se basa en el criterio de los Estados occidentales de poseer una supuesta “superioridad moral” que los habilitaría para intervenir en cualquier parte del mundo.
Según el belga Jean Bricmont, el “humanitarismo” comenzó a utilizarse con motivos bélicos en el siglo XIX. En aquella época no era el argumento principal, que eran la “civilización” (los pueblos a colonizar se presentaban como “bárbaros”), o según los más cínicos (u honestos) el “comercio”. Ahora bien, ya entre los filósofos ilustrados-liberales de la época empezó aparecer el concepto de “guerra humanitaria”; por ejemplo, uno de los padres filosóficos del liberalismo, John Stuart Mill, lo defiende. Uno de los políticos más importantes del Imperio Británico, Lord Salisbury, definió la guerra contra los boers de “guerra humanitaria”. Pero, sin embargo, fue con la Guerra Fría cuando la “guerra humanitaria” o “Intervencionismo humanitario” alcanzó su punto máximo. Hoy sin embargo hay dos factores distintivos: por un lado, una única ideología global (los países resistentes no forman un bloque ideológico único y coherente) y por otro lado que tras la descolonización no se puede decir que las guerras son “civilizadoras”; por tanto, en vez de “civilizar”, se usan frases como “intervenir en favor de los pueblos” o “ayudar en su camino a la democracia”.
Antes de seguir con este tema, haremos un intervalo para explicar un ejemplo, el de 1999. En 1999, la OTAN comenzó una guerra contra Serbia, bombardeando desde el aire Belgrado y otras ciudades, castigando de ese modo a la población serbia, debido a que Serbia no aceptó que en Kosovo se estableciese la “paz” propuesta por la OTAN (una “paz” que daba vía libre a las tropas de la OTAN; algo que recuerda el ultimátum austriaco de 1914). Tras 70 días, Serbia cedió (el representante de la OTAN Martti Ahtisaari dijo: “como no aceptéis, nivelaremos Belgrado con el mar”); los bombardeos mataron a unos cinco mil serbios (la mayoría civiles). Esa guerra fue muy justificada desde Occidente, como “una guerra por los principios”. Por ejemplo, el líder espiritual del anticomunismo y antiguo presidente de Checoslovaquia Václav Havel, dijo lo siguiente en el mismo 1999: “En esta guerra la OTAN no actúa por intereses materiales. Esta guerra se ha hecho por preocupaciones humanitarias. Mediante esta guerra hemos priorizado los principios sobre la soberanía estatal. Eso hace que, personas por encima de los Estados” (2). Este aspecto fue muy bien captado por el prestigioso periodista serbio Miroslav Lazanski es el artículo “De Gernika a París”: “En nombre de la supranacionalidad (…) Europa ha bombardeado una vieja ciudad europea (Belgrado). En nombre de la Europa supranacional, destruyó las fronteras estatales y la soberanía de los Estados (…) La Europa supranacional es una idiotez asesina” (3).
Debemos tener en cuenta que antes de la campaña de bombardeos de la OTAN no hubo ninguna limpieza étnica contra los albaneses en Kosovo, algo que ya desestimó la OSCE. Según la OSCE (recordemos que la OSCE también es apoyada por las potencias occidentales) en Kosovo se daban “graves violaciones de los Derechos Humanos”, pero no genocidio; y los culpables de tales violaciones eran los dos bandos, no sólo uno. En 1998, según el Gobierno del Reino Unido los grupos armados albaneses mataron más personas en Kosovo que las fuerzas de orden público de Yugoslavia y Serbia, y eso mismo confirmó el 24 de marzo de 1999 el Ministro de Defensa del Reino Unido George Robertson. Una vez que los bombardeos de la OTAN consiguieron forzar la salida de las tropas serbias de Kosovo comenzó la verdadera limpieza étnica, contra los serbios: según denunció el periódico británico “The Independent” en 1999, de los 40.000 serbios que vivían en Priština, la capital de Kosovo, sólo quedaban 400. Para justificar la intervención en Kosovo, se utilizó reiteradamente la presunta “masacre” realizada por los serbios el 15 de enero de 1999 en el pueblo de Raçak (según las tropas serbias y según dos equipos forenses –yugoslavo y bielorruso- allí no hubo ninguna masacre, sino un tiroteo entre militantes armados albaneses y tropas serbias, resultando la muerte de varias personas. El informe sobre Raçak que encargó la UE, realizado por un equipo finlandés, no fue publicado y se guardó bajo secreto). Pero hagamos una pregunta: ¿puede tomarse Raçak como un ejemplo de “limpieza étnica planificada”? La respuesta es negativa. Aun admitiendo que hubo una “masacre”, no hubo otra parecida a esa “masacre” de Raçak. Así pues, desde enero a marzo de 1999 los enfrentamientos continuaron como en la fase pre-Raçak. El mismo Ministerio de Exteriores de Alemania dijo que “no hay en Kosovo una persecución masiva contra los albaneses por el mero hecho de ser albanés”. Según Nicholas Wheeler, el año anterior a los bombardeos, de las 2000 muertes acaecidas en Kosovo “los serbios no causaron más que 500”. Por otra parte, según el especialista en los Balcanes Robert Hayden “los bombardeos han causado en tres semanas más muertos entre los civiles serbios que los tres meses anteriores de enfrentamientos entre los civiles de ambas etnias, pero nadie dice que esto es una catástrofe humanitaria”. Todos estos datos “han visto la luz tarde”, o han sido condenados al olvido; ya que el “imperialismo humanitario” o el ecumenismo consiguieron mediante la propaganda lo que se proponía: que “todo el mundo sepa que los serbios estaban realizando la peor limpieza étnica tras la II Guerra Mundial”. Este mensaje, repetido una y otra vez, a lo Goebbels, consigue el objetivo: que el “Imperialismo humanitario” sea aceptado y que “el mismo pueblo exija” que las potencias occidentales “establezcan allí los Derechos Humanos”, o que “ayuden a los de allí”, etcétera. El de Kosovo no fue un caso único: Blair afirmó que en las “fosas comunes de Sadam Hussein” se encontraron 400.000 cadáveres de iraquíes. También se dijo que Gaddafi “bombardeó a su propio pueblo”. Y también que Assad “realizó ataques químicos” o “reprimió manifestaciones pacíficas con tanques”. Esto es falso, claro está, pero en su momento tuvo su lógica: repitiendo tales mentiras, se establecía que la situación era insostenible desde el punto de vista de los Derechos Humanos, por lo tanto, por un lado, se legitimaba el discurso que afirmaba que la intervención era “moralmente necesaria”, y por otro, se extendía la creencia que las fuerza de ocupación “pese a los errores cometidos, son más humanitarias que la situación anterior”. Estas dos impresiones o creencias son necesarias para la ideología del ecumenismo. En los siguientes apartados describiremos los actores principales y el pensamiento de esta ideología.
Los sacerdotes del imperialismo humanitario
Como ya hemos dicho, la principal expresión de este ecumenismo hegemonista en el terreno del pensamiento es el filósofo francés Bernard Henri Levy, alguien que es capaz de coger todo lo criticado por Bricmont y darle un sentido positivo (el término “ecumenismo” lo he tomado prestado de él). Bernard Henri Lévy se ha hecho conocido los últimos años como promotor de los golpes de Occidente contra las soberanías de Libia, Siria y Ucrania. Aún así, la carrera golpista de Bernard Henri Lévy es bastante extensa. Por ejemplo, en 1985 llamó a la intervención en Nicaragua contra los sandinistas, argumentando que “Los sandinistas son un partido totalitario que pretende establecer una entidad marxista-leninista única en América Latina”. Son conocidos también sus esfuerzos en la década de los 90 para dividir Yugoslavia y para presentar a los nacionalistas musulmanes de Bosnia como “no-nacionalistas multiétnicos” (es conocida la entrevista que hizo en 1992 en Sarajevo “bajo las bombas”, algo que se reveló como un montaje (4)). Henri Levy explica a la perfección su idea imperialista en esta entrevista, ya mencionada, de 2014: claramente dice que considera “Europa como única civilización ecuménica”, y que, por tanto, está obligada a “intervenir en la política mundial” si quiere mantener viva “la idea de Europa” (5). Esto es, según Henri Lévy, Europa tiene, en nombre del “ecumenismo”, el derecho e incluso la obligación de intervenir en cualquier Estado; ya que para el sionista Bernard Henri Lévy, cualquier sistema que esté fuera de la “ideología ecuménica europea” es de por sí totalitaria.
Otra de las falacias de la ideología del “ecumenismo” se ve más claramente si fijamos nuestra atención en esta contradicción: los valores son universales y “universalizables”, pero los “universalizadores” no lo son; a esta categoría sólo pertenecen los que tienen fuerza para ello (lo que Marx describió “los dominantes de la sociedad”, en este terreno es “la comunidad internacional”, esto es, en este caso las potencias occidentales). Está en las manos de estas potencias el poder ideológico para definir cuáles son estos valores universales (ya que tras la Guerra Fría “no hay otro sistema posible” y en boca de Bernard Henri Lévy “la nuestra es la única civilización ecuménica”), y además de ello, disponen la fuerza militar. Esto es, la visión que tiene Cuba de los Derechos Humanos (sanidad y educación gratuitas, economía socialista…) no es la visión predominante actualmente en la “comunidad internacional”. Y de la misma manera, Brasil o Chad no pueden definir cuáles son “los valores universales”, y aún pudiendo definirlos, tampoco pueden imponerlos, porque no tienen fuerza para ello. Por tanto, el “ecumenismo”; el imponer los valores universales según como la alaban BHL o lo denuncian Bricmont y Lazanski, es la extensión del monopolio de la violencia del Estado (de la clase dominante) más allá de sus fronteras estatales; es la consecuencia lógica que viene tras derruir lo que puede ser la última barrera contra esa violencia dominante internacional: la soberanía nacional.
Si el Maquiavelo (o el Stuart Mill) del “ecumenismo” imperialista es BHL, entonces su Medici (o Lord Salisbury) es el magnate estadounidense de origen húngaro George Soros (6). Soros, tras hacer carrera como especulador financiero (entre otras hazañas hundió la economía tailandesa tras especular contra el bhat), ahora se presenta como filántropo, esponsorizando todo tipo de “buenas causas” por el mundo. Aunque Soros sobre todo dirige el Instituto Open Society y el foro de discusión OpenDemocracy (la lista de los patrocinadores de OpenDemocracy se puede ver aquí (https://www.opendemocracy.net/about/supporters): la Fundación Rockefeller, la Fundación Ford, algunos Estados europeos…) extiende su sombra por cientos de ONGs, centros de pensamiento, “grupos de acción cívica” y etcétera a través de todo el mundo.
La característica de Soros es financiar cualquier tipo de “buena causa” si esa causa es también “buena para el imperialismo” o contribuye a minar o sembrar discordia entre el antiimperialismo (por ejemplo, en Siria, Soros financia los “Cascos Blancos”, una organización que en teoría “rescata cadáveres”, pero que realmente es una organización civil del Frente Al Nusra…. pero como de cara al público hacen un trabajo benéfico como “rescatar cadáveres y heridos”). EL trabajo de Soros prácticamente es idéntico a la NED (Apoyo Nacional para la Democracia) que puso en marcha el Departamento de Estado de EE.UU. “para hacer al descubierto el trabajo que la CIA hacía a cubierto”; pero Soros hace ese trabajo “independientemente”; sin ligazones aparentes con el Estado, o “filantrópicamente” (así lo considera él mismo, pero aun así, los vínculos entre Soros y CIA no se limitan a lo ideológico, y además se remontan a antaño, cuando Soros ayudó a la subversión contra los Estados Socialistas a fines de los 80). Los cachorros de Soros son bastante especiales: uno de sus cachorros es la “International Crisis Group”, donde se reúnen “expertos de alto nivel”, políticos, periodistas y economistas (todos partidarios de Europa-EE.UU. ver aquí, aquí y aquí); pero por otro lado financia diversos grupos “disidentes” o “progresistas”, casi todos mediante la Fundación Open Society (por ejemplo financia numerosos movimientos en torno a la llamada Primavera Árabe, algunos grupos supuestamente “críticos con Israel” (que prácticamente pretenden reducir el problema de Palestina a un problema de fronteras de 1967, olvidando la ocupación y la limpieza étnica de 1948), grupos ecologistas, grupos pro-Derechos Humanos, etcétera). Lo cierto es que Soros dirige una verdadera Internacional; esto es, una red coordinada internacionalmente en favor de una doctrina (pero en este caso, en lugar de reunir partidos reúne “movimientos sociales”, y en lugar de defender el socialismo, defiende el anti-socialismo y la destrucción de las soberanías de los Estados que no comulgan con el Nuevo Orden Mundial).
La columna vertebral de la Internacional de Soros son los diferentes centros para la “acción no violenta”. Es sabido que todos estos activistas pro-“acción no violenta” fueron la vanguardia de las “revoluciones de colores”. La relación entre estas “revoluciones democráticas” y Soros es extensa y palmaria. Soros financia desde hace mucho el Instituto Albert Einstein del teórico de la “acción no violenta” Gene Sharp (este teórico es el autor de dos manuales para las “revoluciones de colores”, que han sido traducidas a varios idiomas). ¡Todos estos grupos “no violentos” para la subversión occidentalista se inspiran en la organización Otpor! de Serbia (que fue financiada desde el principio tanto por Soros como por el Instituto Albert Einstein). Soros ha financiado también todas las demás revoluciones de colores posteriores a la revolución de Otpor! de 2000; tanto en Georgia en 2003, con en Ucrania en 2004, como recientemente el Euromaidan (sobre el Euromaidan, más aquí). ¡Tras esas revoluciones, Soros sigue relacionado con la organización anteriormente conocida como Otpor!, ahora llamado “CANVAS” (Centro de Aplicación de Acciones y Estrategias No Violentas). CANVAS es dirigida por Srdja Popović y Slobodan Djinović, ex-líderes de Otpor!, que ahora se dedican a “entrenar” activistas que desean hacer “revoluciones de colores” en sus países, por ejemplo en Venezuela (7), Bielorrusia o Vietnam. CANVAS ha trabajado con “activistas” de más de 50 países; entre otros en Egipto (en 2011) o en Líbano (en 2008). Los miembros de CANVAS han aparecido también en el movimiento de protesta Occupy Wall Street (8).
Además de ellos, entre las últimas campañas realizadas por Soros está una desestabilización contra el Gobierno de Siria. Antes hemos hablado de los “derechos Humanos” como excusa para las intervenciones imperialistas, y Soros nos da un ejemplo excelente: justo antes de comenzar la guerra de Siria, en 2010, dio 100 millones de dólares a la organización Human Rights Watch (de los 128 millones de euros que HRW recibió en 2008, 100 los donó la Fundación Soros). Y no sólo eso, sino que la “Internacional Soros” también apoya la organización Amnesty International. Estas dos organizaciones han jugado un papel muy importante en la provocación contra Siria, intentado provocar la intervención militar contra el Gobierno de Bashar al Assad. Por ejemplo, Amnesty International en 2012 comenzó una recogida de firmas “para acabar con la represión en Siria” (se refieren a la represión del Gobierno, de los salafistas que cortan cabezas no dicen nada), y además de ello comenzaron campañas en favor de los periodistas “muertos en las cárceles” (y después aparecidos vivos; como el caso Zeinab al-Hosni). Decían que en los hospitales “golpeaban a los heridos en la manifestaciones contra Assad”, o inflaron los muertos en la protestas iniciales por parte de las fuerzas de seguridad, o pedían a Rusia que tomase posición contra Assad (información sobre ello aquí). Human Rights Watch va por el mismo camino; por ejemplo afirmó que el ataque químico de Houta fue realizado por el Ejército del Gobierno de Siria (otra fuente aquí); o dieron información falsa sobre los bombardeos de Siria. La ultima organización “pro-Derechos Humanos” que ha salido, los Cascos Blancos (o Syrian Civil Defense, sobre estos ya hemos escrito aquí), también es patrocinada por Soros, claro está que esta organización es otro excelente instrumento de propaganda, como las otras dos. Los Cascos Blancos, además de ser el brazo civil de Frente Al Nusra, han manipulado fotografías y han escrito informes falsos sobre el bombardeo de Homs (y si fuese poco, hacen llamamientos para la intervención extranjera).
Siria no es el único estado que está en el punto de mira de Soros hoy en día. Tampoco son las organizaciones de Derechos Humanos el único Caballo de Troya de Soros. Este magnate usa todo tipo de grupos de presión, siempre a favor del “ecumenismo” y contra la resistencia (sea ésta en forma de Estados o movimientos). Antes ya hemos mencionado la implicación que tuvo en el Euromaidán, pero su carrera en Ucrania no ha acabado ahí. El 29 de octubre de 2014, cuando las Repúblicas Populares se encontraban bajo amenaza, Soros hizo un llamamiento para “unificar Europa” y “hacer frente a Rusia”… para apoyar económicamente y políticamente a la Junta de Poroshenko. Pero la inquina de Soros contra Rusia no se limita al conflicto ucraniano, sino que en la misma Rusia ha hecho numerosos intentos para cambiar el Gobierno. En Rusia ha apoyado a políticos de oposición tanto liberales (por ejemplo, el oligarca Jodorkovski), así como nacionalistas (Alexei Navalni), e incluso grupos de acción anarco-feministas (Pussy Riot). Rusia ha tenido que prohibir las sociedades de la Fundación Soros. El mismo Soros es un experto en cooptar grupos “de izquierda”, “progresistas” o “favorables a los derechos”; por ejemplo, en Bolivia o en Ecuador ha apoyado supuestos grupos indigenistas o ecologistas contra los planes de desarrollo de los Gobiernos soberanistas latinoamericanos (“defensa de los indígenas”… para privar a los indígenas del desarrollo tecnológico; esto es “imperialismo verde”); en la Ucrania post-Euromaidan publicita algunos pseudo-anarquistas (Denys Gorbach) o sindicalistas; para intentar probar que en la Ucrania del Maidan “también hay izquierdistas” (y así consigue desideologizar el conflicto, reduciendo las causas a un presunto “expansionismo ruso”). En estos trabajos de cooptación, es paradigmático lo hecho con las organizaciones “pro-Palestina” BDS y Electronic Intifada: este sionista utiliza y promueve grupos supuestamente pro-Palestina para desviar los auténticos objetivos de la resistencia Palestina y para limitar la lucha de Palestina al asunto del “apartheid” (en lugar de disputar la legitimidad de la ocupación de 1948), para difuminar la reivindicación de los refugiados de 1948, y para promover la “solución de los dos Estados”. Esa imagen de “izquierda” o “favorable a los derechos” es imprescindible para la “evangelización ecuménica”, porque así se afirma que “los valores progresistas” vendrán de la mano del imperialismo. “¡Progresistas del mundo, venid a Occidente, nosotros os protegeremos, que vosotros solos no podéis!”.
En las campañas promovidas por Soros es obligatorio que las campañas o los “activistas” presenten una imagen “progresista” y que esos movimientos no sean contrarios a los objetivos geopolíticos de Occidente (las campañas subversivas sólo se dirigen contra Estados como Bolivia, Venezuela o Rusia). Por otra parte, hemos visto que Soros intenta cooptar las “causas justas”, para desviarlas a la “reforma” y restarles su potencialidad. Y así, financiando tanto las cumbres de los poderosos y los dirigentes mundiales, como las plataformas y campañas de diversos activistas “progresistas”, en la práctica consigue dos cosas: por una parte un consenso en torno al occidentalismo (extender la democracia occidental a todo el mundo, o que los activistas de países del tercer mundo tengan a Occidente como ejemplo), y por otra parte anular la lucha de clases, ya que tanto las clases dominantes (la élite financiera y la gran burguesía, el mismo Soros es parte del Foro Económico de Davos) como los revolucionarios potenciales (los “activistas” de la calle, como los que protestan) se unirían en el mismo objetivo; esto es, en el “ecumenismo de los valores” (donde no hay sitio para la lucha de clases).
Avaaz, fase superior del “ecumenismo imperialista”
El último intento que este “ecumenismo” lleva a la perfección, y por tanto al punto superior de la perversión, es la Organización No Gubernamental Avaaz. Esta organización (Avaaz en persa significa “Voz”) pretende, como dice en su web, “movilizar a los ciudadanos de todo el mundo para disminuir la distancia entre los dirigentes y los ciudadanos (…) mediante la puesta en común vía Internet de muchos esfuerzos pequeños”. La idea de estas campañas es presionar a los diferentes dirigentes del mundo para que tomen una decisión o defiendan una “causa”. Aun así, el mismo Avaaz admite que “hay un grupo profesional único que impulsa todas las campañas”. Esto es, aunque los “miembros” tienen la ilusión de “comenzar” campañas cibernéticas o de tener “voz” (o tecla) en ellas, un grupo profesional controla, selecciona y filtra estas campañas “participativas” (luego nos extenderemos en el significado de dicha “participación”). Y es que, como Avaaz se define “grupo global (…) gracias a Internet”, puede participar “en cualquier país del mundo” (¿otra vez el ecumenismo y la destrucción de la soberanía nacional?) Por otra parte, aunque Avaaz dice que “su dinero únicamente proviene de sus miembros” y que “los donantes que den dinero a Avaaz no pueden tener mayor influencia en ella”, o incluso que “no recibe dinero de corporaciones”; esto es una trampa. Las finanzas de Avaaz crecen ininterrumpidamente (por lo tanto, alguien los ve como un instrumento eficaz para sus planes): en 2010 recibieron 6,7 millones de dólares y en 2013 14,5 millones de dólares; y es imposible que tamaña cantidad venga únicamente de una campaña de crowdfunding, “pese a ser una comunidad” tan grande (Avaaz no desglosa sus datos). Los financiadores de Avaaz son “ONGs” y “sociedades de apoyo al activismo”; esto es, anexos de Estados y grandes empresas. Esto es, es un grupo poyado por la Fundación Open Society de Soros –y organizaciones parecidas, aunque ésta oficialmente no sea una “empresa” (Soros ya financiaba los “grupos de acción” MoveOn.org y Res Publica, antes que estos fundasen Avaaz). Por ejemplo, la empresa de publicistas Purpose Inc (fundada por los fundadores de Avaaz Ricken Patel y David Madden), que junto a la Fundación Open Society de Soros organizaron The Syrian Campaign (donde cobran especial protagonismo los Cascos Blancos/Syrian Civil Defense –de cuyas falsedades ya hemos hablado-), está estrechamente relacionada con Avaaz (9). El dirigente de Avaaz Ricken Patel admitió claramente en 2008: “El compañero de viaje que hemos encontrado para la campaña de Birmania… es la Fundación Open Society”.
Avaaz es una organización basada en el “clicktivismo”. Así pues, parece que una persona, esté donde esté, puede hacer oír su voz con tan sólo un “click”. Así, cualquiera que esté en la web de Avaaz puede unirse a una petición que ya está online, o puede comenzar una nueva petición (parar una persecución concreta, abogar por los derechos de una minoría concreta, defender una libertad concreta, proteger un bosque, condenar la contaminación…). Pero eso no significa que todas las peticiones reciban igual importancia. A pesar de que el dirigente de Avaaz Ricken Patel diga que “nosotros no tenemos ideología, sólo hemos nacido para cerrar el abismo existente entre los deseos y los centros de poder del mundo”, lo cierto es que sí tienen ideología. Y ese “cierre de abismo” tiene su significado: Avaaz hace muchas peticiones y campañas para “presionar a los dirigentes”, pero sus únicos “interlocutores válidos” son los dirigentes de Occidente (las peticiones bona fide sólo se dirigen a estos). Los presidentes de Venezuela, Irán, Siria… no son ningún “interlocutor”; no los tratarán así, sino como objetivo a abatir. Puede ser que Avaaz, en temas donde existe consenso social, comience una campaña “a favor del clima” o “contra la privatización de la empresa X” (siempre limitados a una agenda reformista), siempre que no vaya a atacar al Imperio o a cambiar las relaciones socioeconómicas entre clases o Estados, sino a “reciclar” el sistema dominante mundial (falsa oposición y campaña de “limpieza”). Sin embargo, donde haya una lucha político-ideológica, Avaaz apoyará a los reaccionarios. “A favor de las buenas causas, siempre que las buenas causas favorezcan al imperialismo”.
Tenemos varios ejemplos de esto. En los últimos años Avaaz ha sido muy activo haciendo protestas contra Libia y Siria. En el caso de Libia reunieron un millón de firmas para que la ONU declarase a Libia como “zona de exclusión de vuelos”. Esta petición negaba en Libia al Gobierno legítimo la oportunidad de defenderse, y como se ha visto han traído la victoria de los ejércitos apoyados por potencias extranjeras y el caos actual. Avaaz no ha pedido ningún perdón por ello. En el caso de Siria han tomado la mentira de “los ataques químicos de Assad” como asidero para comenzar la campaña de provocación contra Siria (en 2012 defendieron sin tapujos la “Intervención internacional”) y para pedir también una “zona de exclusión de vuelos en Siria (10). Contra Siria también han utilizado las supuestas “violaciones masivas perpetradas por el Ejército” (no tenemos noticias de estas violaciones masivas; tampoco de peticiones de Avaaz a los imperialistas para que no intervengan en Siria). Eso fue en junio de 2013 (11). En 2014 Avaaz pidió el embargo de armas contra Siria. Avaaz también ha jugado en el terreno latinoamericano, impulsando protestas contra Morales.
¿Y quiénes son las personas que formas el “grupo global único” de Avaaz? Para empezar debemos decir que Avaaz cuenta con tan sólo 16 “trabajadores” (ese es el número de “militantes” que van más allá de un “click”). Estos son lo que de verdad marcan la línea, mientras que la comunidad gigantesca se limita al “clicktivismo”. El fundador y jefe de Avaaz Ricken Patel cobra 190.000 dólares al año, por tanto, no queda claro cuál es el negocio del “clicktivismo”. Patel es miembro de la International Crisis Group fundada por Soros, y además de eso, ha trabajado para la Fundación Gates, la Fundación Rockfeller y la Fundacion Ford (fuente: Wikipedia). Otro jefe es Tom Perriello, congresista de EE.UU. por Virginia (Partido Demócrata). Perriello ha hecho carrera en el Departamento de Estado de EE.UU. y en la Fiscalía del Tribunal Penal Internacional. Como congresista ha apoyado las guerras de Afganistán e Irak. Perriello también ha trabajado como asesor del Ejército ocupante en Afganistán. Como se dice en esta fuente, Avaaz tiene su origen en las organizaciones creadas para apoyar la campaña de Obama (y patrocinadas por Soros) MoveOn y Res Publica (Avaaz se creó tras la fusión de estas dos organizaciones). Por tanto, podemos decir que Avaaz es una organización creada o controlada al 100% por el Partido Demócrata de EE.UU., que actua dentro del sistema. Por otra parte, debemos de tener en cuenta que en la era de Obama, este dirigente demócrata ha mantenido en sus cargos a numerosos neocon y belicistas de la época de Bush. Esto es, bajo Obama el Partido Demócrata ha regresado a la vieja doctrina de “internacionalización de los derechos” (si alguna vez la hubo abandonado), esto es, al aumento a la tendencia intervencionista. Avaaz se coloca en esa tendencia, ya que ayuda dar una imagen “progresista” a dichas intervenciones. ¡¡Es maravillosa de verdad esta “democracia global” filtrada por los representantes políticos de los poderosos!!
El modelo de militancia de Avaaz no pide más que un click a sus “miembros”. Este sistema de apariencia democrática en realidad promueve la irresponsabilidad política, ya que para participar en una campaña a nivel mundial no hace falta nada más, ni militancia activa, ni formación ideológica, ni ningún tipo de responsabilidad; ya que “todo lo decide una masa amorfa”. Según los datos de la misma Avaaz, la mayoría de sus participantes son personas de los Estados de economías fuertes del Primer Mundo (esto es, de los países donde los habitantes tienen más recursos para conectarse a Internet) y de clase media o media-alta (la mayoría de las personas de la comunidad Avaaz son, en este orden, profesores, estudiantes, empleados del sector de la tecnología, médicos y trabajadores de ONGs; los obreros de montaje, jornaleros, taberneros o trabajadores de limpieza están muy lejos de los primeros puestos). La palabra “Avaaz” significa voz, pero lo que esta organización, al ofrecer más voz a los que ya tienen voz (a las clases pudientes de Occidente) es acallar las voces de los demás. Esto es, esa “democratización de las relaciones externas”, es en la práctica una operación política para borrar las fronteras internacionales y que así la comunidad de hombres blancos “económicamente estables” del Primer Mundo lo decida todo (eso sí, votando). Esto es una perversión de la democracia, la fase superior del “ecumenismo” imperialista, convertida en “legitimidad democrática” para los imperialistas de siempre. Pongamos un ejemplo, sobre el ya mencionado caso de la campaña de Avaaz contra la soberanía de Libia al presionar para declarar Libia “zona de exclusión aérea”. En septiembre de 2012, a un año del asesinato de Gaddafi, Avaaz tenía 923.968 miembros en EE.UU. pero sólo 3.167 en Libia. Hoy Avaaz tiene 2.263.179 miembros en EE.UU. y 31.798 en Libia. Como consecuencia de la “democracia global activista” propuesta por Avaaz, una mayoría de EE.UU. puede decidir sobre Libia… ¡¡ por encima de los propios libios!! En este caso no es sólo la idea de que la “democracia” o los “valores progresistas” vengan del brazo de Occidente, como Soros cree; sino que los traen al momento, votando… incluso votando la destrucción o el saqueo del propio país.
En Avaaz vemos muchos parecidos con las “revoluciones de colores” ¡del estilo de Otpor! (ahora CANVAS). Ambas son prácticamente unos peones principales de la teoría de la guerra de cuarta generación. Según la teoría de la guerra de la cuarta generación, en estas guerras asimétricas (donde los factores más allá de los ejércitos regulares cobran especial importancia, debido a la “asimetricidad” de la guerra) la población y su “aceptación” (o su “indiferencia benevolente”) tiene una importancia capital. En este tipo de guerras, las potencias imperialistas no siguen el esquema clásico de decidir primero, y después de intervenir activamente justificar dicha decisión; sino que presentan sus acciones como acciones de defensa de una “lucha” preexistente en favor de la “democracia”, la “paz”, o los “valores”. En este aspecto, las “revoluciones de colores” ¡de las organizaciones estilo Otpor! y las campañas de Avaaz juegan el mismo papel. Sin embargo, existen algunas diferencias: las revoluciones de colores sólo actúan en un país, mientras que Avaaz tiene como su “campo de juego” el mundo entero. Otra diferencia es que el imaginario de las “revoluciones de colores” es la insurrección, mientras que el de Avaaz es la “discusión libre”, la “toma de palabra” y el “ágora de Internet” (12). Pero al fin y al cabo ambos tienen el mismo fin: la extensión del imperialismo y hacerlo fácilmente “vendible”, esto es, la manipulación de la conciencia antiimperialista gracias al enmascaramiento “ideológico” del imperialismo.
La crisis ideológica de la izquierda, el ecumenismo y el imperialismo
Además, aquí nos podemos situar ante un grave problema. Este problema lo trae la ideología post-Mayo de 1968, ahora hegemónica en la izquierda. Debido a esta ideología, todo lo perteneciente al “viejo mundo”, incluida la soberanía nacional, ha sido derruido… sin traer ninguna alternativa. Esto es, en la práctica ha abierto vía al nihilismo ideológico.
En un artículo anterior ya mencionamos dos cosas. Por un lado, que las “revoluciones de colores” impulsadas por Soros creaban confusión ideológica en la izquierda, ya que, al enmascarar hábilmente los golpes de Estado, esto es, al usar el imaginario de los movimientos revolucionarios –barricadas en las calles, canciones, eslóganes, acometidas contra la policía- maravillaban a una parte de los activistas de izquierda, conseguían que la izquierda se sintiese identificada con ese imaginario. Por otro lado, que una parte de la izquierda actual repita el mismo error de los mencheviques rusos, esto es, creer que “sin Europa no hay revolución (o transformación)”. Esto es, creer que todas las revoluciones vendrán desde Europa, o al europeizarse una sociedad concreta, nunca desde un país que está fuera de Occidente o de su sistema de valores (“las culturas reaccionarias no pueden engendrar proyectos políticos progresistas”, y muchos creen que las culturas que no están en la civilización de Occidente son culturas reaccionarias de por sí). Así pues, ahí se recorre un camino discursivo para justificar la “europeización de una sociedad”.
Como dice el crítico del imperialismo Jean Bricmont, a partir de la década de los 60, en el seno de la izquierda dejó de priorizarse el “reparto de la riqueza y la propiedad social” y también “la actitud contra el imperialismo”, en favor de la “defensa de la democracia, los Derechos Humanos o los derechos de las minorías”. Esto nos sitúa ante dos problemas; uno que esa defensa de los Derechos Humanos o de las minorías es recientemente abstracta (por lo tanto, estética), y por otra parte, que esta retórica nos lleva a asumir completamente la visión de Occidente sobre “los Derechos Humanos” o sobre la jerarquización de diferentes derechos humanos. Según un ejemplo de Bricmont, en la Europa actual la revolución industrial y la transformación económica se dieron antes de lograr lo que la ideología de los Derechos Humanos definiría como “Estados completamente democráticos”. Esto es, la prosperidad económica, que es el argumento legitimador principal del capitalismo tiene sus raíces en un marco anterior a la democratización. Entonces, ¿por qué debemos condenar en nombre de los “Derechos Humanos” a Estados como Siria, Liba, Corea del Norte o Cuba? y ¿sus logros sociales? ¿Quién es nadie para marcar prioridades a estos Estados? (13)
También debemos tener en cuenta que sobre todo tras 1968 (hablo de un periodo histórico, no de la efervescencia de las luchas del momento), la izquierda radical europea experimentó dos transformaciones: por un lado “completar” la lucha de clases con otras luchas (lo que llevó al relegamiento de la lucha de clases), y por otra parte la “revolución de las conciencias”. Esto es, se alababa la “coherencia personal” por encima de proyectos sociales o realidades materiales. Esto ha traído incontables problemas a la izquierda, sobre todo cuando el imperialismo plantea esa “trampa de la conciencia”: ¿Qué hacer cuando en el Estado soberano X se “menosprecian” los derechos del colectivo Y? (Y cuando el imperialismo dice que son “menospreciados”, tiene grandes medios para hacer creer eso).
A esto debemos sumar otro “tic” ideológico del movimiento 1968: su antisovietismo. Cuando esos jóvenes maduraron y dejaron a un lado su maoísmo, trotskismo, o la corriente que fuese, ese “tic” perduró, esto es, quedó el adagio de que “en nuestra izquierda también se cometieron crímenes”. Y tras ello viene la coda: “cuidado con un movimiento radical que toma el poder, lo más seguro es que sea totalitario”. La muerte de las utopías convirtió en monstruos a los antiguos utópicos. Al fin y al cabo, esta gente ha encontrado un modo de hacerse perdonar sus “pecados” del pasado en el imperialismo “humanitario”: “seguimos con nuestro compromiso, pero cambiamos las etiquetas a nuestro enemigo”. Este es un modo para seguir considerándose “progresistas”; llamando “regresivo” al antiimperialismo pueden ser a un tiempo revolucionarios y pro-sistema (y lo mismo podemos decir de la izquierda radical que hoy día condena el marxismo-leninismo: el miedo al “stalinismo” los hace coincidir con la derecha).
Siguiendo a Marx, el pensador hiberno-francés Géaroid Ó Colmáin dice en este artículo (http://dissidentvoice.org/2013/08/amnesty-international-war-propaganda-and-human-rights-terrorism/) que a lo mejor en lugar de defender los “Derechos Humanos”, la izquierda defería defender los derechos sociales. Para Ó Colmáin no existe un concepto como “el humano” en abstracto, por tanto, el mismo concepto de “Derechos Humanos” es abstracto (y contradice a la lucha de clases), puesto que el humano no existe más allá de la clase o del grupo. Por tanto, detrás de los “Derechos Humanos”, se encuentran “los derechos indispensables para la sociedad, tal y como es hoy en día entendida” (esto es, lo derechos de los humanos individuales según la sociedad burguesa… otra vez nos encontramos con el liberalismo que apareció con el ascenso de la burguesía, misma clase social encumbrada por el “ecumenismo” de Occidente). Los “derechos sociales”, son en cambio derechos concretos para una clase. Por poner un ejemplo, el Parlamento de Siria y su Constitución defienden un mínimo de derechos sociales (por ejemplo, según la Constitución siria, los sectores estratégicos debes estar bajo control del Estado, en el Parlamento de Siria debe haber un mínimo de obreros y campesinos, etcétera). ¿Una intervención contra Siria, además de subyugar a Siria traerá algún beneficio a las clases sociales defendidas hoy por el Estado sirio? ¿A qué clase beneficiaría el restablecimiento del capitalismo en Cuba? ¿Beneficiaría a los trabajadores eslavos la destrucción de la Novorossiya antiliberal y antioligárquica?
Por tanto, debemos de recuperar un punto de vista de clase, ya que esa es la mejor defensa contra la ideología tramposa de los “Derechos Humanos”. Según Zoltan Zigedy, en este problema de los “derechos”; el “derecho a la propiedad”, establecido por las clases dominantes, cobra una especial importancia (en las democracias liberales del siglo XIX era común que el voto estuviese restringido a los propietarios). Según Zigedy, esta “Individualización de los derechos” es un producto del ascenso de la burguesía; esto es, tras la caída del feudalismo, al aplicarse cierta “igualdad jurídica” entre los humanos, se toma al “humano” como depositario de ciertos derechos individuales, por el mero hecho de ser “humano” (en lugar de por nacer dentro de un estamento). Claro está que el “derecho a la propiedad” y sus derivados (como el derecho a la herencia) se contemplan dentro de estos derechos. Según Zigedy precisamente aquí descansa el problema de los Derechos Humanos, si estos derechos son individuales, ¿cómo pueden compatibilizarse con un “contrato social” o con el sentido colectivo? Si los Derechos Humanos son individuales y universales, ¿Cómo pueden casar con diferentes decisiones que tomen los Gobiernos? Por ejemplo, para un Estado que está en guerra o bajo amenaza, para un Estado que intenta proteger su propiedad social o el derecho social a la educación o a la cultura, puede ser imprescindible impedir cierta publicación de opiniones contra ese mismo Estado. El “derecho humano” a la propiedad individual horada el derecho a la propiedad social y viceversa (quizá por eso mismo ponen las diversas organizaciones de Derechos Humanos las “reformas económicas” como condición sine que non) (14). Hoy en día, la ideología “imperialista humanitaria” de los “Derechos Humanos” sistemáticamente prioriza unos derechos sobre otros. Según Zigedy, la ideología de los “Derechos Humanos” plantea aquí otra trampa, puesto que todos los “derechos humanos” (quizá salvo el de la vida) necesitan cierta “organización social” para que estén vigentes. Y las organizaciones sociales, todas ellas, existen dentro de una realidad de clases sociales de la que no pueden trascender (por lo menos mientras existan las clases sociales). Como dijo Lenin: “no puede haber igualdad entre el explotador y el explotado, o manda uno o manda el otro”. En un contexto de lucha de clases es del todo normal que los “derechos humanos” de diferentes clases choquen entre sí. Como explica aquí Jule Goikoetxea, el derecho y los derechos regulan el terreno de juego actual de la lucha de clases, esto es, el capitalismo. Por todo ello, no es creíble la totemización de los “Derechos Humanos” a la cual estamos acostumbrados en Europa, puesto que está fuera de la realidad, y es totalmente inadmisible la idea de que Europa es la patria de los “derechos humanos puros”, así como la idea imperialista de exportar dichos derechos No existen los “derechos humanos” universales, que trascienden clases y naciones y que son ucrónicos en el tiempo; puesto que son producto de los diferentes colectivos sociales.
Hoy en día las dos mayores vectores a la que se adscribe la identidad del individuo son la clase y la nación (o el Estado). Estos dos vectores han sido debilitados tras el 1968, por un lado, porque la ideología de lucha de clases es tomada por “obsoleta” o “totalitaria”, y por otro lado, porque gran parte de la izquierda actual ha hecho suya la ideología de la “Europa unida”. Como para un tipo de izquierda ilustrada, no existen ni las naciones ni los problemas nacionales, la existencia de cualquier nación es un obstáculo, y por tanto la soberanía nacional es un concepto negativo. Además, si la “internacionalización” se hace en nombre de los “valores democráticos”, pues mejor (claro que aquí es necesario aclarar bajo hegemonía de quién estarían las “entidades supranacionales” y la “comunidad internacional”). No es raro que los ideólogos “ecumenistas” más importantes de hoy en día (Daniel Cohn Bendit, André Glucksmann, Joschka Fischer, Bernard Henri Lévy) hayan sido miembros de la generación del 68. Estas personas han tomado del 68 dos concepciones las cuales les duran hasta hoy en día; una, la condena absoluta de la soberanía como si fuese “nacionalismo reaccionario”, y otra, un “internacionalismo” manipulado, una idea “internacionalista” para extender sus ideas en todo el mundo (aunque ahora al servicio de la clase dominante). Estas ideas, favorables a las “entidades supranacionales”, aunque traigan una concentración del capital y la renta, son mayoritarias en la “izquierda académica” o “Mediática” tal y como denuncia Jule Goikoetxea; y desde esa atalaya han perdido todo contacto con la realidad (esa idealización de la globalización, ha traído la apología de, o en el mejor de los casos, la indiferencia ante la destrucción de los frenos a la globalización liberal). Por otra parte, la izquierda actual está indefensa ante la esta ideología, y muchas veces es la propia izquierda radical quien ansía por participar en la fiesta de la intervención (desde su óptica, claro, pero participa en el guateque).
Esta izquierda radical, perdida la orientación de la política de clases, en nombre de los “valores universales”, participa en la difamación de los dirigentes soberanistas o antiimperialistas (esto es, de los atacados por Occidente); algunas veces por pureza ideológica, otras veces arrastrada por el eurocentrismo, y la mayoría de veces porque olvidados los aspectos de clase, inconscientemente hacen causa común con la retórica abstracta de los “Derechos Humanos”. Esta izquierda radical “cooptada” tiene ciertos rasgos comunes:
A) Esta izquierda radical se mueve tras la estela de los sacerdotes mediáticos y políticos de Occidente. Esto es, si por ejemplo es Assad quien está en el punto de mira de Occidente, hace pública su equidistancia entre ambos, o las críticas a Assad usando el lema “ni OTAN ni Assad”. Si después que la OTAN intervenga directa o indirectamente en Siria, consiguiese expulsar a Assad (¡esperemos que no!), estos izquierdistas se olvidarían en seguida de la situación que la OTAN deja en Siria o de continuar la lucha contra la OTAN, como denuncia Asier Blas en este artículo.
B) La izquierda radical, que no ha conseguido ni una sola victoria en Europa desde 1990 (con la excepción parcial de Novorossiya, la cual no suscita consenso entre toda la izquierda radical), no tiene ni siquiera capacidad para tener un proyecto propio; debido a ello está totalmente imbuida de una ideología “anti”. El análisis ha sido sustituido por el deseo. Y de otro modo ha interiorizado la concepción de que el “poder”, todo poder, es malo o sospechoso de por sí. Así, ha perdido el contacto con los proyectos empíricos, se ha calado de una “oposición” idealista, esto es, es suficiente protestar en contra de algo, o estar en contra de ello mismo, o decir “ni imperialismo ni X: revolución”, para creer que eso debilitará o derrocará a ese dirigente o que traerá la “revolución verdadera, no ayudada por Occidente” o influirá para ello. La verdad es que esa “neutralidad” o afirmar que “ambos bandos son malvados” no ayuda a la revolución deseada por la izquierda radical (¿en qué fuerzas se basará? ¡No lo sabemos!), pero sí influencia en los grupos que se movilizan en Occidente contra la guerra; porque limita la potencialidad de estos (haciéndoles entrar en discusiones, haciéndoles perder credibilidad, etcétera). Para esa izquierda radical que ha perdido la perspectiva le es muy cómodo atacar cualquier cosa, y luego sentirse sin responsabilidades.
C) Esta izquierda radical ha perdido el punto de vista de clase. Debido a eso, detrás de cada agresión imperialista no ve los intereses de clase tras ella, ni analizan en esa base, sino que limita todo a una “lucha por el poder”.
D) Porque ha perdido toda noción real del internacionalismo. Esto es, el internacionalismo no es imponer las ideas de uno a los demás, sino combatir a favor de la igualdad de las naciones y por la emancipación de la clase obrera. Así pues, deberíamos de interrogarnos en qué nos beneficia derrocar Estados que favorecen en el balance mundial a la Revolución Bolivariana o a la Cuba Socialista.
Hoy en día, en la política de la izquierda, falta el eje de clase (o está relegada). Por otra parte, el tradicional internacionalismo ha sido sustituido por el “ecumenismo” de BHL. Recuperar la tradición de la lucha de clases, por un lado, y la autodeterminación de las naciones en su sentido más completo por el otro, nos es absolutamente necesario.
Notas
1. De aquí no se deduce que el autor de este artículo sea contrario a la Revolución Industrial, ni que apoye el ecologismo neo-malthusiano. Aun así, no se puede negar que el capitalismo actual de los países de Occidente sería imposible sin la Revolución Industrial. Esto no quiere decir que el firmante esté en contra de todo progreso histórico que ha traído el capitalismo, y que esté a favor de limitar el socialismo a puro “anticapitalismo”. Al contrario, es partidario de extender la Revolución Industrial al tercer mundo y del de las vías autónomas de desarrollo, y por tanto, que los países socialistas, progresistas o antiimperialistas promuevan su desarrollo industrial. El autor coincide con Lenin en la valoración que hace de los progresos técnicos del capitalismo como válidos para el socialismo. Se podría argumentar que, si la Revolución Industrial es parte de los “valores de Occidente”, y si la base ideológica del imperialismo occidental es el ecumenismo, por qué Occidente no intenta extender esa Revolución Industrial al tercer mundo. Aquí nos percatamos que la ideología es instrumento: podemos hacer la misma pregunta en torno a la democracia (Occidente ha apoyado a muchos dictadores en el tercer mundo…).
2. Ya en 1990, Havel se mostró partidario de los derechistas de El Salvador y del apoyo dado a estos (para entonces estos ya habían matado a Ellakuria y a los otros jesuitas). Aun así, Havel no fue el único político o intelectual de Occidente que defendió esa intervención, el filósofo del “fin de la historia”, Francis Fukuyama, dijo que “EE.UU. como Estado poderoso tiene la obligación de defender los derechos humanos en cualquier parte”.
3. Aunque positivamente desde un lado (Havel) y negativamente del otro (Lazanski) coinciden en que la OTAN en Yugoslavia “ha puesto fin al Estado-nación”, tenemos que tener en cuenta que, en el terreno discursivo, la misma OTAN utilizó la “Ideología del Estado-nación” contra la Yugoslavia multiétnica socialista; esto es, Yugoslavia Socialista, como Estado que incluía numerosas naciones, era imposible que existiese.
4. La serbofobia de Henri Lévy es patológica (llegó a atacar físicamente un centro cultural serbio en París en 1993), pero le ha dado la oportunidad de crear y extender un discurso falso. Según este discurso, la guerra de Bosnia sería una guerra del “multiculturalismo –esto es, “Europa”- contra el nacionalismo extremista”, siendo el bando nacionalista musulmán de Izetbegović que él apoya el bando “universalista” y “favorable a la Bosnia multiétnica” que luchaba contra los “etnicistas serbios” (o es más, “Bosnia contra los invasores foráneos”, como si los serbios que allí habitaban desde tiempos inmemoriales no fuesen bosnios). Sin embargo, esto nos hace que nos planteemos una pregunta: ¿si es preciso defender la “Bosnia multiétnica”, por qué no habría que defender la preexistente Yugoslavia (socialista) multiétnica? ¿Si los musulmanes de Bosnia tienen derecho a la autodeterminación y a su identidad propia, por qué no lo tienen los serbios de Bosnia? La falta de vergüenza de Henri Lévy es tan grande que presenta a los nacionalistas bosniacos como sucesores de los partisanos de los años 40. BHL vuelve a tergiversar: la guerra de los años 40 no fue una guerra entre etnias diferentes, sino una guerra comunista de resistencia contra la invasión de la Alemania fascista (¿o deberíamos decir “Europa”?), en la cual participaron todas las etnias con los partisanos, sobre todo serbios, ya que ellos fueron víctimas del genocidio de la Alemania nazi y sus colaboradores locales. Un artículo que critica la visión de BHL sobre Bosnia aquí.
5. La manipulación de Henri Lévy en defensa del “ecumenismo” es tan grande que dice que “Europa” liberó muchos países “del fascismo” (entre ellas España, que no fue liberada). Olvida que el fascismo fue concebido por esa misma Europa, y que la liberación antifascista fue en gran parte gracias a la URSS que él detesta. Por ejemplo, equipara la intervención en Ucrania (“ayudar a Ucrania”) con las Brigadas Internacionales, etcétera. Aun así, cuando le conviene BHL deja a un lado el “ecumenismo” y no se recata en apoyar el discurso nacionalista más duro… siempre que favorezca los intereses geopolíticos de Occidente. Por ejemplo, en este discurso que dio en el Maidan de Kiev (http://www.huffingtonpost.es/bernardhenri-levy/a-todos-los-pueblos-de-uc_b_4822508.html), hizo suyas las bases y la rusofobia racista del nacionalismo extremista ucraniano.
6. El artículo conjunto firmado por Soros y BHL sobre Ucrania, aquí (http://www.nytimes.com/2015/01/27/opinion/bernard-henri-levi-george-soros-save-the-new-ukraine.html?_r=2).
7. En este vídeo de CANVAS (https://www.youtube.com/watch?v=x4-qUwz8uNE), fijan en su punto de mira a Venezuela.
8. Esto muestra que Occupy Wall Street es un movimiento cooptado, y que prácticamente no ha sido una propuesta contra el capitalismo, sino una escenificación de la protesta para aplacar la indignación contra el capitalismo (la ludificación de la protesta es la despolitización de la protesta: ¿OWS ha ocupado algo?). Por otra parte, la opinión de OWS sobre Libia, aquí (https://twitter.com/OccupyWallSt/status/127042368363962368).
9. Los vínculos entre Purpose y Syria Campaign aquí (http://jobs.climber.com/jobs/Media-Communication/New-York-NY-10176/Social-Media-Intern-Syrian-Voices-Movement/55687863). Syria Campaign utiliza los carteles hechos por la consultora Purpose para sus campañas, entre ellos hay carteles que hacen apología extrema de Obama. Por otra parte, en este enlace (http://www.wrongkindofgreen.org/2012/09/24/imperialist-pimps-of-militarism-protectors-of-the-oligarchy-trusted-facilitators-of-war-part-ii-section-i/) se puede ver de dónde vino la cantidad de dinero que se utilizó para fundar Avaaz. Por ejemplo, Soros en 2008 dio 150.000 dólares a Avaaz, y en 2009, 600.000 dólares.
10. La “zona de exclusión aérea” es otro tipo de intervención, aunque se enmascare detrás de retórica pacifista; ya que además de violar la soberanía de un Estado (¿quién es la comunidad internacional para prohibir cualquier cosa a un Estado legítimo en su territorio, en tiempos de guerra?), en términos operáticos hace necesario establecer un control del espacio aéreo de ese Estado, y para eso habría que destruir las defensas aéreas y anti-aéreas de ese Estado, y eso sólo se puede hacer mediante la intervención militar. Aquí por ejemplo tenemos un comentario del director de Avaaz para la campaña de imposición de la “zona de exclusión aérea”, Ben Wikler (https://www.theguardian.com/commentisfree/2011/mar/10/internet-activists-libya-no-fly-zone); donde además de decir “Gaddafi está matando civiles” y “está realizando crímenes de guerra” dice que “la soberanía nacional no puede ser un obstáculo para detener los crímenes de guerra”. Después de esto, sin ningún atisbo de vergüenza afirma que “si esta intervención se hace por el petróleo, Avaaz estará entre los primeros que se va a oponer”. La intervención en Libia no parece que haya traído ni paz, ni democracia, ni bienestar a los libios. Sin embargo, no tenemos noticias de protestas de Avaaz contra situación actual de Libia…
11. Avaaz también ha producido vídeos falsos en el caso de Siria (http://www.wrongkindofgreen.org/2012/02/23/the-truth-about-avaazs-favourite-syrian-activist-danny-dayem/).
12. Con un “click” cualquiera puede hacer estallar una guerra… siempre que sea lejos de casa.
13. Otro debate es la hipocresía de EE.UU. y Occidente a la hora de “defender los derechos humanos”; cosa que puede enfrentarse a argumentos como “¿si se actuó en Kosovo, por qué no en Kurdistán contra Turquía?” o “las intervenciones militares no valdrán para traer democracia”. En este artículo no compartimos tales argumentos, porque si bien son una refutación parcial, en la práctica fortalecen la ideología ecuménica imperialista de los “Derechos Humanos”; debido a que alimentan la esperanza que la “intervención humanitaria” justa o sin hipocresía (favorable a las causas progresistas) pueda existir realmente. Aun así, si damos por bueno este argumento, podemos contestar que las intervenciones soviéticas en Hungría o Checoslovaquia, universalmente condenadas en Occidente, causaron muchas menos víctimas que cualquier intervención occidental actual.
14. El ejemplo que nos pone Zigedy es sobre la Guerra Fría, ya que en la misma Guerra Fría hubo dos conceptos de “Derechos Humanos” frente a frente: uno priorizaba los “derechos individuales”, y el otro los “derechos sociales” (el anticolonialismo, o en la Cuba actual, el bienestar colectivo, la sanidad, etcétera). Por poner un ejemplo concreto, según Zigedy la República Democrática Alemana educó muchos profesionales y técnicos capaces por el hecho del “derecho a la educación”, pero en un sistema igualitario, estos no percibían el mismo salario que podía percibir en un país capitalista. En cambio, la República Federal de Alemania, que no era un sistema igualitario, les podía ofrecer mejores sueldos a esos profesionales. Por eso, muchos de estos técnicos fueron de la RFA a la RDA; haciendo baldía la cantidad que el Estado había invertido en su educación. ¿Los derechos humanos de quién vienen antes: ¿los derechos de esos técnicos fugados para poder vivir y trabajar donde quisieran, o los derechos del pueblo y el Estado de la RDA para que se le retribuyese la inversión hecha en esos técnicos vía su excelente sistema educativo (en la RFA no podían producir tal cantidad de técnicos)?
martes, 4 de octubre de 2016
Nuevo aviso (y van...)
Para entender la importancia del documento que sigue, primero hay que comprender que viene de "adentro". Nos referimos a los "VIPS" (Veteran Intelligence Professionals for Sanity), una agrupación conformada por personal retirado de los servicios de inteligencia de los EEUU. Acaban de advertir al Presidente Obama que se saque de encima a los cabezas calientes del Pentágono y de su propio círculo de asesores (que incluye a una buena cantidad de neocones, esos clásicos del "animémonos y vayan"), si no quiere que el actual conflicto en Siria termine en una guerra abierta con Rusia. El documento que sigue fue publicado ayer en ConsortiumNews y reproducido en diversos portales. Acá va:
Título: Obama Warned to Defuse Tensions with Russia
Epígrafe: A group of ex-U.S. intelligence officials is warning President Obama to defuse growing tensions with Russia over Syria by reining in the demonization of President Putin and asserting White House civilian control over the Pentagon.
Texto:
ALERT MEMORANDUM FOR: The President
FROM: Veteran Intelligence Professionals for Sanity
SUBJECT: PREVENTING STILL WORSE IN SYRIA
We write to alert you, as we did President George W. Bush, six weeks before the attack on Iraq, that the consequences of limiting your circle of advisers to a small, relatively inexperienced coterie with a dubious record for wisdom can prove disastrous.* Our concern this time regards Syria.
We are hoping that your President’s Daily Brief tomorrow will give appropriate attention to Saturday’s warning by Russia’s Foreign Ministry spokesperson Maria Zakharova: “If the US launches a direct aggression against Damascus and the Syrian Army, it would cause a terrible, tectonic shift not only in the country, but in the entire region.”
Speaking on Russian TV, she warned of those whose “logic is ‘why do we need diplomacy’ … when there is power … and methods of resolving a problem by power. We already know this logic; there is nothing new about it. It usually ends with one thing – full-scale war.”
We are also hoping that this is not the first you have heard of this – no doubt officially approved – statement. If on Sundays you rely on the “mainstream” press, you may well have missed it. In the Washington Post, an abridged report of Zakharova’s remarks (nothing about “full-scale war”) was buried in the last paragraph of an 11-paragraph article titled “Hospital in Aleppo is hit again by bombs.” Sunday’s New York Times totally ignored the Foreign Ministry spokesperson’s statements.
In our view, it would be a huge mistake to allow your national security advisers to follow the example of the Post and Times in minimizing the importance of Zakharova’s remarks.
Events over the past several weeks have led Russian officials to distrust Secretary of State John Kerry. Indeed, Foreign Minister Sergey Lavrov, who parses his words carefully, has publicly expressed that distrust. Some Russian officials suspect that Kerry has been playing a double game; others believe that, however much he may strive for progress through diplomacy, he cannot deliver on his commitments because the Pentagon undercuts him every time. We believe that this lack of trust is a challenge that must be overcome and that, at this point, only you can accomplish this.
It should not be attributed to paranoia on the Russians’ part that they suspect the Sept. 17 U.S. and Australian air attacks on Syrian army troops that killed 62 and wounded 100 was no “mistake,” but rather a deliberate attempt to scuttle the partial cease-fire Kerry and Lavrov had agreed on – with your approval and that of President Putin – that took effect just five days earlier.
In public remarks bordering on the insubordinate, senior Pentagon officials showed unusually open skepticism regarding key aspects of the Kerry-Lavrov deal. We can assume that what Lavrov has told his boss in private is close to his uncharacteristically blunt words on Russian NTV on Sept. 26:
“My good friend John Kerry … is under fierce criticism from the US military machine. Despite the fact that, as always, [they] made assurances that the US Commander in Chief, President Barack Obama, supported him in his contacts with Russia (he confirmed that during his meeting with President Vladimir Putin), apparently the military does not really listen to the Commander in Chief.”
Lavrov’s words are not mere rhetoric. He also criticized JCS Chairman Joseph Dunford for telling Congress that he opposed sharing intelligence with Russia, “after the agreements concluded on direct orders of Russian President Vladimir Putin and US President Barack Obama stipulated that they would share intelligence. … It is difficult to work with such partners. …”
Policy differences between the White House and the Pentagon are rarely as openly expressed as they are now over policy on Syria. We suggest you get hold of a new book to be released this week titled The General vs. the President: MacArthur and Truman at the Brink of Nuclear War by master historian H. W. Brands. It includes testimony, earlier redacted, that sheds light on why President Truman dismissed WWII hero Gen. Douglas MacArthur from command of U.N. forces in Korea in April 1951. One early reviewer notes that “Brands’s narrative makes us wonder about challenges of military versus civilian leadership we still face today.” You may find this new book more relevant at this point in time than the Team of Rivals.
The door to further negotiations remains ajar. In recent days, officials of the Russian foreign and defense ministries, as well as President Putin’s spokesman, have carefully avoided shutting that door, and we find it a good sign that Secretary Kerry has been on the phone with Foreign Minister Lavrov. And the Russians have also emphasized Moscow’s continued willingness to honor previous agreements on Syria.
In the Kremlin’s view, Russia has far more skin in the game than the U.S. does. Thousands of Russian dissident terrorists have found their way to Syria, where they obtain weapons, funding, and practical experience in waging violent insurgency. There is understandable worry on Moscow’s part over the threat they will pose when they come back home. In addition, President Putin can be assumed to be under the same kind of pressure you face from the military to order it to try to clean out the mess in Syria “once and for all,” regardless how dim the prospects for a military solution are for either side in Syria.
We are aware that many in Congress and the “mainstream” media are now calling on you to up the ante and respond – overtly or covertly or both – with more violence in Syria. Shades of the “Washington Playbook,” about which you spoke derisively in interviews with the Atlantic’s Jeffrey Goldberg earlier this year. We take some encouragement in your acknowledgment to Goldberg that the “playbook” can be “a trap that can lead to bad decisions” – not to mention doing “stupid stuff.”
Goldberg wrote that you felt the Pentagon had “jammed” you on the troop surge for Afghanistan seven years ago and that the same thing almost happened three years ago on Syria, before President Putin persuaded Syria to surrender its chemical weapons for destruction. It seems that the kind of approach that worked then should be tried now, as well – particularly if you are starting to feel jammed once again.
Incidentally, it would be helpful toward that end if you had one of your staffers tell the “mainstream” media to tone down it puerile, nasty – and for the most part unjustified and certainly unhelpful – personal vilification of President Putin.
Renewing direct dialogue with President Putin might well offer the best chance to ensure an end, finally, to unwanted “jamming.” We believe John Kerry is correct in emphasizing how frightfully complicated the disarray in Syria is amid the various vying interests and factions. At the same time, he has already done much of the necessary spadework and has found Lavrov for the most part, a helpful partner.
Still, in view of lingering Russian – and not only Russian – skepticism regarding the strength of your support for your secretary of state, we believe that discussions at the highest level would be the best way to prevent hotheads on either side from risking the kind of armed confrontation that nobody should want.
Therefore, we strongly recommend that you invite President Putin to meet with you in a mutually convenient place, in order to try to sort things out and prevent still worse for the people of Syria.
In the wake of the carnage of World War II, Winston Churchill made an observation that is equally applicable to our 21st Century: “To jaw, jaw, jaw, is better than to war, war, war.”
Nota
* In a Memorandum to President Bush criticizing Colin Powell’s address to the UN earlier on February 5, 2003, VIPS ended with these words: “After watching Secretary Powell today, we are convinced that you would be well served if you widened the discussion … beyond the circle of those advisers clearly bent on a war for which we see no compelling reason and from which we believe the unintended consequences are likely to be catastrophic.”
For the Steering Group, Veteran Intelligence Professionals for Sanity
William Binney, former Technical Director, World Geopolitical & Military Analysis, NSA; co-founder, SIGINT Automation Research Center (ret.)
Fred Costello, Former Russian Linguist, USAF
Mike Gravel, former Adjutant, top secret control officer, Communications Intelligence Service; special agent of the Counter Intelligence Corps and former United States Senator
Matthew Hoh, former Capt., USMC, Iraq & Foreign Service Officer, Afghanistan (associate VIPS)
Larry C. Johnson, CIA & State Department (ret.)
John Kiriakou, former CIA counterterrorism officer and former senior investigator, Senate Foreign Relations Committee
Linda Lewis, WMD preparedness policy analyst, USDA (ret.) (associate VIPS)
Edward Loomis, NSA, Cryptologic Computer Scientist (ret.)
Ray McGovern, former US Army infantry/intelligence officer & CIA analyst (ret.)
Elizabeth Murray, Deputy National Intelligence Officer for Middle East, CIA (ret.)
Todd Pierce, MAJ, US Army Judge Advocate (ret.)
Coleen Rowley, Division Counsel & Special Agent, FBI (ret.)
Kirk Wiebe, former Senior Analyst, SIGINT Automation Research Center, NSA, (ret.)
Robert Wing, former Foreign Service Officer
Ann Wright, U.S. Army Reserve Colonel (ret) and former U.S. Diplomat
Interpretando el "No" en Colombia: hoy, la derecha
Todos los argumentos de la derecha están claramente expresados en esta nota de Jacobo García para El País, ex diario progresista español. Acá van:
Título: El triunfo de Uribe y del ‘no’ silencioso
Subtítulo: El expresidente logra una inesperada victoria en un plebiscito que disputó en desventaja
Texto: El expresidente Álvaro Uribe llegó al plebiscito del domingo tras dos derrotas electorales, una nacional y otra regional, sin recursos, opacado por los medios y ninguneado por las encuestadoras que daban una clara victoria al sí. Durante muchos meses parecía una voz clamando en el desierto que se movía recorriendo pueblos, universidades o teatros, muy alejado de la onerosa campaña oficial del sí.
Sin embargo, el exmandatario sale reforzado y surge como el gran vencedor de una elección que se echó a las espaldas y en la que logró casi seis millones y medio de votos que dijeron No al acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC. Aunque la ley le impide volver a presentarse a la presidencia de Colombia ha dejado claro que no tiene seguidores, sino fieles, que siguen contra viento y marea sus indicaciones y no se lo dicen a los encuestadores.
Originalmente no era fácil defender el no, una postura que a ojos de la comunidad internacional suponía continuar con la dialéctica guerrerista que lo caracterizó y que lo hizo tan popular en el país cuando logró recuperar vías de comunicación y mermar a la guerrilla hasta reducirla a poco más de 6.000 miembros.
Tras consumar su victoria mostró su rostro más firme y conciliador. "Colombianos, corrijamos el rumbo. Todos queremos la paz", destacó Álvaro Uribe en un corto mensaje de 5 minutos, en tono pausado, mediante el cual daba a entender que acepta el diálogo nacional abierto por Santos tras la victoria del no, aunque no dio un visto bueno claro. El expresidente hizo especial énfasis en su negativa a la reforma tributaria esbozada por Santos. Pidió reflexión a la comunidad internacional, "que nos escuchen las razones" y reclamó un "alivio judicial sin impunidad" para soldados y policías.
Desde que hace cuatro años el presidente Juan Manuel Santos se embarcó en la aventura de la paz el uribismo también ha ido mutando su mensaje. Del rechazo y el desconcierto inicial, al ver como su ministro de Defensa -Santos- renegaba de su padre político -Uribe- y encabezaba un proceso impensable años atrás, al “queremos la paz, pero no esta paz” de este domingo, como señaló su mano derecha Francisco ‘Pacho’ Santos, nada más conocer los resultados.
El que fuera el vicepresidente de Álvaro Uribe ( 2002-2010) fue el primero en aparecer.
Eufórico pero tranquilo dijo que la victoria del no obliga a buscar la paz tras una renegociación integral de los acuerdos, algo poco probable a tenor de lo expresado por los negociadores del gobierno. “Nosotros también queremos la paz pero con un mayor estándar de justicia y verdad”, defendió ante los suyos. “La victoria del no es un mensaje de amor a Colombia y recibimos los resultados con alegría pero sin soberbia”, añadió.
También a las FARC y a su secretario general Timoleón Jiménez, alias TImochenko, les dijo que “pueden estar tranquilos, tengan confianza, porque queremos que este proceso paz avance”. Francisco Santos -primo del mandatario- hizo también un llamado para que la guerrilla no volvieran al monte. “Vamos a trabajar con el Gobierno para poder reconducir este acuerdo y para que esta paz llegue a buen puerto, con justicia, reparación, reconciliación y perdón”, insistió. “Una paz en donde quepamos todos y no sólo la mitad de los colombianos".
Hasta la votación de ayer domingo Álvaro Uribe y un pequeño grupo de afineshan cabalgado en silencio durante los últimos meses, sin embargo, sus argumentos, en los que criticaban la impunidad de la que gozarían los guerrilleros si prosperaba el plebiscito, han calado en un electorado que no se dejó arrollar por el sunami oficialista a favor del sí.
Los argumentos triunfantes del uribismo eran muy claros; los guerrilleros no pagarían ni un día de cárcel, las FARC no hicieron público su patrimonio y, por tanto, es injusto que sólo el Estado indemnice a la víctimas y el narcotráfico será considerado un delito político lo que prolongaría durante décadas los cultivos. La población también rechazó que los guerrilleros obtuvieran cinco escaños en la Asamblea de forma directa y sin necesidad de elecciones.
Finalmente Álvaro Uribe jugó un partido en total desventaja con el marcador, el árbitro y el campo en contra y ganó por más de 40.000 votos de diferencia. Su victoria electoral le concede una nueva vida política con la que pocos contaban.
lunes, 3 de octubre de 2016
Interpretando el "No" en Colombia. Hoy, la izquierda
La nota que sigue, de Eduardo Molina para el diario argentino La Izquierda Diario, interpreta el triunfo del "No" en el plebiscito colombiano de ayer desde una perspectiva crítica de todo el proceso de paz. Por izquierda, claro.
Título: Triunfo del No detona crisis política en Colombia
Epígrafe: El rechazo al acuerdo entre el gobierno de Santos y las FARC provocó una seria crisis política y una coyuntura compleja políticamente y poco previsible. Aquí, realizamos un primer análisis del terremoto político.
Texto: Se impuso por un muy estrecho margen el rechazo a los términos del Acuerdo final firmado hace días por el gobierno de Juan Manuel Santos y la cúpula de las FARC.
La derrota es un duro golpe político para el presidente que va más allá del cuestionamiento al Acuerdo. De hecho, su gobierno queda severamente debilitado. Paralelamente, el ex presidente Uribe, cabeza de la oposición derechista, emerge fortalecido y se convierte en el inevitable interlocutor, sino árbitro, de una renegociación. Por otra parte, es una derrota política también para las FARC y los sectores de izquierda jugados al Acuerdo y que habían aceptado la propuesta de plebiscito de Santos.
En distintas notas hemos venido siguiendo el proceso de “paz”. Aquí abordaremos algunos elementos para un primer análisis del terremoto político que el inesperado resultado implica.
El NO en las urnas
Sólo un tercio del padrón electoral votó en un país donde la tradición de abstencionismo electoral refleja los estrechos límites de este régimen de “democracia para ricos”. La leve ventaja del No (50,2 % de los votos contra 49,8 % afirmativos), apenas 53.000 votos sobre un total de casi 13 millones de sufragios, expresó la enorme polarización social y política en el país, que aparece virtualmente dividido al medio entre ambos polos.
El triunfo urbano del NO podría reflejar una mayor movilización conservadora de las capas medias, sobre todos en las ciudades y en regiones tradicionalmente votantes del uribismo, como Antioquía (su capital es Medellín) o en Casanare, mientras que el predominio del SÍ en muchas áreas rurales se apoyaría en sectores campesinos y populares más directamente afectados por el conflicto armado.
El rechazo refleja también el viraje político a derecha que viene avanzando en Latinoamérica, al compás del descalabro de los proyectos progresistas y nacionalistas, con la asunción del gobierno de Macri en Argentina, el golpe institucional que encumbró a Temer en Brasil y la profundización de la crisis venezolana, donde aumenta la presión del imperialismo y la derecha regional para imponer una “transición poschavista”.
En ese marco, también sufre un traspié el gobierno de Obama, que apostaba a lograr con la “pacificación de Colombia” uno de los escasos logros en política exterior que podría entregar a su reemplazante en la Casa Blanca. Si bien el giro a derecha latinoamericano confirma la recuperación de influencia estadounidense en la región, su doctrina general de política exterior de “centro” combinando negociación y presión, incluso militar, se enfrenta en Colombia con un nuevo e inesperado dolor de cabeza que aunque pueda ser remontado, se suma a los empantanamientos y fracasos políticos en Medio Oriente y otras partes del globo que viene cosechando Washington.
El triunfo del NO demuestra además que las divisiones en las alturas, con su dinámica propia, pueden terminar en efectos negativos para lo que esperan los sectores dirigentes. Perdiendo percepción respecto de los humores y tendencias que influyen en el conjunto social, el “error de cálculo” de Santos se volvió en su contra como un boomerang... salvando las diferencias, una suerte de “efecto brexit” tropical.
Santos convirtió el proceso de “paz” en la clave de sus planes políticos. Sellado el Acuerdo final, no estaba obligado a recurrir al expediente plebiscitario, pues le era jurídicamente suficiente lograr el aval del Congreso y la Corte Constitucional. Sin embargo, en medio de crecientes dificultades económicas y enfrentando una fuerte baja en su popularidad, buscó en ese mecanismo la forma no sólo de legitimar el Acuerdo, sino de revalidar el conjunto de su política y asestar un golpe categórico al uribismo. Con esto se puso en riesgo, pues redoblaba la apuesta sin medir bien la situación. El plebiscito -un mecanismo bonapartista- fue una maniobra para recuperar fuerza política y avanzar en sus planes de conjunto que le salió mal.
Santos no tuvo en cuenta que tras cuatro años de tortuosas negociaciones, la expectativa en el proceso de “paz” había ido decayendo mientras el tenaz rechazo uribista ganaba audiencia. Tampoco midió el descrédito de su propio gobierno ni el descontento con la situación económica y social.
Pesó el odio a la guerrilla que Santos mismo, como Uribe y el conjunto del mundo político burgués y la prensa fue sembrando machaconamente en estos años, haciendo a las FARC culpables de la violencia de más de medio siglo con sus terribles secuelas, cuando en verdad la responsabilidad histórica recae primordialmente en el Estado, sus fuerzas militares, sus “auxiliares” paramilitares y los cárteles del narcotráfico. A eso ayudó la política de años de la propia guerrilla, con sus métodos alejados de las necesidades y experiencia del movimiento obrero y de masas, cuando no acciones reaccionarias e inhumanas como los secuestros de la “pesca milagrosa”, las represalias contra la población civil, incluyendo masacres de poblados, y otras que hicieron poco creíble su conversión pacifista.
Todo esos rechazos fueron cosechado por la oposición uribista con la “escoba” del NO. Así, la jugada de Santos terminó estallándole en la cara. No fueron suficientes para evitarlo ni el amplio apoyo imperialista y de sectores decisivos de la clase dominante, ni la colaboración del progresismo (como el Polo Democrático Alternativo) la izquierda reformista (el PC colombiano, Marcha Patriótica y otras fuerzas) y las direcciones de sindicatos y movimientos sociales que se cargaron al hombro la campaña por el SÍ.
Una seria crisis política y la búsqueda de un nuevo pacto
El fracaso en el plebiscito, caso para el cual el gobierno había confesado no tener “Plan B”, causó un terremoto político que afecta al régimen en su conjunto. Sobre el filo de los resultados, tanto desde el gobierno, como desde la oposición y las FARC adelantaron declaraciones conciliadoras.
Santos ratificó que el cese de hostilidades bilateral seguirá vigente y que seguirá "buscando la paz hasta el último minuto" de su mandato. Convocó "a todas las fuerzas políticas, y en particular a las que hoy se manifestaron por el ’No’, para abrir espacios de diálogo". Ya en la mañana de hoy lunes, el senador uribista Everth Bustamente, declaró que el rechazo "debería ser interpretado por el Gobierno y las FARC como la necesidad de un replanteamiento de varios puntos de la negociación", mientras que el ex vicepresidente Francisco Santos precisó que "el acuerdo lo podemos mejorar entre todos, hoy Colombia les dice a las FARC que queremos que este acuerdo continúe y le vamos a dar todas las garantías".
Por su parte, Timoshenko, principal comandante guerrillero reafirmó que “Las FARC mantienen su voluntad de paz y mantendremos únicamente el uso de la palabra como su medio de construcción", reiterando "Al pueblo colombiano que sueña con la paz, que cuente con nosotros, la paz triunfará".
Ya el lunes se preparaban los primeros contactos entre el uribismo y el gobierno en busca de un “pacto político” que permita reencauzar el proceso. La “Embajada”, es decir el imperialismo norteamericano, la ONU y los “gobiernos amigos” (comenzando por los de la Unión Europea y Cuba que fueron mediadores de las negociaciones) se moverán también.
Uribe, que subrayó que “queremos aportar a un gran pacto nacional”, adelanta sus pretensiones para modificar el Acuerdo: que las sanciones a los jefes de las FARC incluyan cárcel; que no puedan ser electos; que los bienes y recursos de la guerrilla paguen los costos de la reparación y reconstrucción; entre otros.
En este marco, cualquier renegociación implica modificar a derecha los términos acordados con las FARC, recortando o anulando varias de las garantías de la “justicia transicional” o las modalidades de desarme, reintegración a la vida civil y participación política como partido legal que se habían firmado. Los comandantes guerrilleros se verán ante la presión para hacer más concesiones como precio para reflotar el Acuerdo y deberán convencer a sus bases de aceptarlas. Esta es una de las principales razones que posiblemente compliquen la resolución de la crisis.
De hecho, están en cuestión los ritmos y pautas para la puesta en marcha de la fase de concentración, desarme y desmovilización de la guerrilla para la cual aceleraban preparativos la ONU, el gobierno y las Fuerzas Armadas de una parte, y las FARC de otra.
Los objetivos profundos del plan burgués para la “paz”
Uribe y Santos comparten el objetivo central de los diálogos de “paz” desde el punto de vista burgués: obtener la “rendición negociada” de la guerrilla y acabar. Chocan alrededor de los términos a imponer para la misma. Mientras Santos optó por una fórmula más “de centro”, potable para la conducción de las FARC, Uribe, apoyándose en un ala burguesa y terrateniente ferozmente anticomunista y que teme verse perjudicada, opina que las concesiones a la guerrilla son excesivas y que es posible apretar mucho más para profundizar esa rendición negociada y dejar más claro quién ganó la guerra.
A fin de cuentas, las necesidades políticas propias de ambos son contradictorias pero los objetivos estratégicos son convergentes entre las dos alas burguesas que representan. Para empezar, comparten el programa neoliberal y la defensa de las “conquistas” burguesas y terratenientes acumuladas en largos años de guerra interna a costa del pueblo, algo que el Acuerdo Final en verdad no amenazaba.
El Plan Colombia, financiado por Estados Unidos aportó durante la pasada década y media cerca de 10 mil millones de dólares en asistencia económica y militar, siendo decisivo en el fortalecimiento del Estado colombiano y la potenciación de sus Fuerzas Armadas hasta acorralar a la guerrilla. La cúpula política y militar del país y el imperialismo asumieron que no era posible erradicar a las FARC sólo por medios militares, era necesaria una salida política, es decir negociada. La guerra llevada adelante con generosa ayuda imperialista creó las condiciones para la negociación en La Habana. Ahora, rebautizado como "Paz Colombia," ese plan continúa y se ampliará a unos US$ 500 millones en 2017, lo que da idea de la importancia que tiene para Washington la consolidación de Colombia como uno de sus principales agentes económicos, políticos y militares en al región.
Los sectores claves de la burguesía y el imperialismo que apoyan el plan de Santos juzgan esta vía el mejor modo de consolidar y lavar la cara del orden de dominación política mediante una “reconciliación nacional” que cierre las profundas grietas de medio siglo de extrema violencia social y política; con ello, abrir los territorios hasta ahora bajo control guerrillero a la inversión nacional y extranjera en minería, petróleo, ganadería y agroindustrias; y finalmente, proyectar a Colombia como actor regional con más peso en los asuntos continentales.
Un impasse que deja en suspenso y sujeto a rediscusión el Acuerdo
De todas formas, la situación colombiana ha entrado en una coyuntura compleja políticamente y poco previsible, aunque la variante menos probable por ahora parece ser una reanudación de los combates. Indudablemente, en los próximos días abundarán las novedades a seguir atentamente en medio de la incertidumbre que este impasse provoca. También será ocasión de discutir el balance del apoyo político al “proceso de paz” y su plebiscito, otorgados por la mayor parte de la izquierda, así como las alternativas desde el punto de vista de los intereses de los trabajadores, los campesinos, los afrodescendientes y pueblos originarios de Colombia.
El Deutsche contra el Imperio
El Deutsche Bank y varios políticos alemanes acaba de mandarse un contraataque a la "multa" de 14.000 millones de dólares (en realidad, un chantaje repugnante) que le impuso el Departamento de Justicia estadounidense. Así lo cuenta el portal económico Zero Hedge:
Título: German Politicians Accuse US Of "Economic War" Against Deutsche Bank
Texto: When we first heard the news that the US DOJ had slapped Deutsche Bank with a $14 billion settlement on September 15, a number that looked oddly similar to the $14 billion fine the EU slapped on Apple, we determinedthat this was likely nothing more than "blowback" on behalf of the US, saying "just a few weeks after the EU slapped Apple with a $14 billion bill for "back taxes," the U.S. has apparently responded with a $14 billion fine of their own to Deutsche Bank to settle an outstanding probe into the company's trading of mortgage-backed securities during the financial crisis."
Today, after three weeks of unprecedented volatility in the stock price of the German lender which sent its shares to all time lows as recently as Friday, Germany has latched on to this line of attack as German politicians accused the US of waging economic war against Germany as, in the words of the FT, "concern continues to rise among its political and corporate elite over the future of Deutsche Bank."
The German parliament’s economics committee chairman Peter Ramsauer, in an interview with Welt am Sonntag,said the move against Deutsche "has the characteristics of an economic war", adding that the US had a "long tradition" of using every available opportunity to wage what amounted to trade war "if it benefits their own economy", and the "extortionate damages claims" being made in the case of Deutsche Bank were an example of that. According to the German politician, the threat to force Deutsche Bank to pay a $14 billion fine over its mortgage-backed securities business before the 2008 global crisis “has the characteristics of an economic war.”“Extortionate damages claims” in the case are an example of that, said Ramsauer.
Another German politician, Merkel ally and MEP Markus Ferber suggested, as we did, that the Deutsche Bank investigation is a “tit for tat response” from the US Department of Justice after Brussels imposed a record €13 billion penalty against Apple’s tax misdoings in Europe. It's not just Apple however: earlier this year, Germany’s Volkswagen agreed to pay $16.5 billion in the US for cheating on American diesel vehicle air pollution tests between 2008 and 2015. The fines still risk growing by billions and VW needs to recall 85,000 vehicles.
As we reported last night, while the business community in Germany has taken a stand to support Deutsche Bank, Economy Minister Sigmar Gabriel hit back at chief executive John Cryan over his comments. Cryan told employees his bank was suffering from market speculation, after Deutsche stock plunged to an all-time low last week. "I did not know if I should laugh or cry that the bank that made speculation a business model is now saying it is a victim of speculators," Gabriel said on Sunday.
Late Friday, media reported that Deutsche and the US regulators were close to a settlement of $5.4 billion, which pushed the stock six percent higher. The report has been largely denied, not only following reports that Cryan is only now set to fly to the US to negotiate the deal in Washington, but because Deutsche Bank has an obligation to confirm the rumor if it were true. Meanwhile, Moody's said it would be good news for bondholders if the settlement was $3.1 billion. Fines as high as $5.7 billion would erase 2016 profitability, but not fatally damage the German bank.
German parliamentary budget spokesman for the ruling conservatives Eckhardt Rehberg has ruled out state aid for Deutsche, saying its risky business abroad has resulted in billions of euro in penalties. "At the present time I would rule out any capital help. That would not be the right way to go,” said the politician.
Perhaps the best news for Deutsche Bank after a weekend in which many were expecting some formal confirmation of a reduced settlement is that the country's markets are closed due to the German Unity Day holiday, giving the German lender another 24 hours in which to come up with some positive headline news. As the FT wrote, hedge funds have bet heavily against Deutsche by short selling its shares.
Investors are worried that if the bank does not manage to agree a settlement with the DoJ over the weekend, its shares could be hit when they resume trading on Monday in New York and on Tuesday in Frankfurt. One hedge fund manager said it risked being “a black Monday for Deutsche”.
Perhaps he was unaware that Deutsche would not trade on Monday, meanwhile DB's ADRs are modestly lower in the US premarket, down less than 1% at last check, although this level may not hold if any additional news of liquidity outflows were to emerge in the next few hours.
domingo, 2 de octubre de 2016
Colombia: gana el NO
Resulta difícil de interpretar la noticia que sigue. Se supone que no hubo fraude. Ganó la opción por el "No" en Colombia. Leemos en Página /12 de hace un rato:
Título: Perdió la
paz en Colombia
Texto: La opción
del "No" al acuerdo de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC se
impuso en el plebiscito realizado hoy, en un resultado que contradijo a todas
las encuestas previas y que deja en una situación incierta lo negociado durante
casi cuatro años en Cuba entre la guerrilla y el gobierno de Juan Manuel
Santos.
El rechazo al
acuerdo de paz triunfó por apenas un 0,47 por ciento de ventaja sobre el “Sí”.
Con el 99,64 por ciento de las mesas escrutadas, el “No”, cuya campaña estuvo
encabezada por el expresidentes Álvaro Uribe, logró el 50,23 por ciento de los
votos contra el 49,76 de la opción impulsada por el gobierno. La participación,
en un país en que el voto no es obligatorio, fue apenas del 37,33 por ciento
del padrón.
***
Por su parte, el diario español El País señala lo siguiente:
Título: Colombia le dice ‘no’ al acuerdo de paz con las FARC
Subtítulo: Los colombianos deciden con el 50,2% rechazar los
acuerdos de paz entre el Gobierno y las FARC
Texto: En un mundo de locuras sin fronteras, Colombia optaba
este domingo por dar un salto al vacío o ser ejemplo para el planeta. Ganó la
primera opción. El 50,2% decidió votar en contra del acuerdo de paz entre el
Gobierno y las FARC, por el 49.7% que se decantó por el ‘sí’. La abstención, de
más del 60% y la pésima imagen de las FARC han sido determinantes en el
resultado de la votación, que ninguna encuesta supo predecir. El conflicto
armado, que ha atravesado el país durante más de 50 años y ha dejado ocho
millones de víctimas, continuará. Colombia se adentra ahora en un limbo plagado
de incertidumbre. Nadie sabe con exactitud qué va a ocurrir a partir de ahora.
La votación pone de manifiesto la enorme polarización que existe
en Colombia. El expresidente Álvaro Uribe, máximo abanderado del no, el mismo
que consiguió unir a casi todo el país en torno a la política de Seguridad
Democrática que debilitó las FARC, volvió a recurrir al juego de palabras con
el que ha conseguido profundizar la división de la sociedad: “La paz es
ilusionante, los textos de La Habana son decepcionantes”, aseguró tras votar.
Durante el mes de campaña del plebiscito, el exmandatario trató de hacer calar
la idea de que si se rechazaban los acuerdos, estos se podrían renegociar, algo
contra lo que han sido tajantes el Gobierno y las FARC. La posibilidad de
participar en política de los líderes guerrilleros y el hecho de que ninguno
pagará cárcel siempre y cuando reconozca sus crímenes, ha sido la piedra
angular de su campaña, a sabiendas de que la mayoría de los colombianos,
incluso entre los votantes del sí, no lo ven con buenos ojos. Uribe es el
triunfador político de esta jornada, si es que después de que se rechace un acuerdo
de paz se puede hablar de ganadores.
Uribe sabe que el rechazo a las FARC trasciende a su persona y
ha sabido sacar partido de ello. La guerrilla sigue siendo muy impopular entre
los colombianos. En el último año han tratado de abrirse al mundo y mostrar una
modernización de su discurso, pero la desconfianza después de 52 años de guerra
sigue siendo la nota predominante. Ni siquiera los actos de perdón de las
últimas semanas han servido de acicate. Tampoco que la tarde previa a la
votación anunciasen que harían un inventario de sus bienes, algo a lo que se
habían negado hasta ahora porque decían que carecían de ellos. La destrucción,
verificada por la ONU, de más de 600 kilos de explosivos el día anterior al
plebiscito, tampoco supuso un vuelco a la hora de salir a votar en una lluviosa
jornada. Son, obvio, mensajes trascendentales, necesarios para construir un
futuro en paz, pero llegan tarde y resultan en muchos casos oportunistas.
La votación puso de manifiesto la falta de solidaridad en un
país atravesado por la guerra. Los lugares más golpeados, sobre todo los de la
costa, optaron por el `si’, pero son municipios que aportaban un número de
votos infinitamente menor al de las zonas urbanas o los núcleos rurales más
poblados, donde la violencia del conflicto hace tiempo que dejó de golpear. El
interior del país optó por rechazar los acuerdos.
El plebiscito también ha puesto en evidencia la falta de
liderazgo en la política colombiana, que ya urgía de una renovación ante el
crónico clientelismo y la rampante. Solo un partido, el Centro Democrático, es
decir, Álvaro Uribe, ha conseguido movilizar más gente que el resto de las
formaciones políticas. El gran damnificado es el presidente, Juan Manuel
Santos. El hombre que consiguió firmar un proceso de paz con las FARC después
de 52 años de guerra, que convocó el plebiscito sin necesidad de hacerlo, ha
sufrido un varapalo monumental. Su futuro próximo queda en entredicho.
El día después de la votación más trascendental de la historia
de Colombia está más cerca de durar 24 años que 24 horas. El acuerdo entre el
Gobierno y las FARC no solucionaba los males de Colombia. Apenas abría una
senda para transitar hacia un periodo de modernización, para afrontar y
resolver los problemas que datan incluso de antes de 1964, cuando las FARC se
alzaron en armas. La negociación había sido el triunfo de un bien escaso en
todo el mundo: la voluntad política. Los representantes de quienes durante más
de cinco décadas se dieron plomo lograron en cuatro años, muy intensos pero
solo cuatro al fin y al cabo, redactar un documento de casi 300 páginas que
pone fin al conflicto. Lo hicieron dialogando, cediendo, tratando de buscar una
salida digna para un país que, al final, prefirió el salto al vacío.
sábado, 1 de octubre de 2016
Un año ya
Se cumple un año
desde que Rusia decidiera intervenir militarmente en el conflicto sirio. La
nota que sigue, de Russia Today, da cuenta de algunos de los eventos a los que
condujo dicha intervención:
Título: A year of
Russia fighting against Western imperialism: 5 key milestones of the Russian
air campaign in Syria
Epígrafe:
Precisely a year ago Moscow joined the campaign in Syria at the request of
Damascus. While killing thousands of jihadists, Russia suffered military
losses, but became one of the driving forces behind attempts at the national
reconciliation process.
Texto: On
September 30, 2015 Russian jets conducted their first strikes against terrorist
targets in Syria, hitting Islamic State (IS, formerly known as ISIS/ISIL)
positions near the cities of Homs and Hama.
By that time the
US-led coalition had been already active in Syria for over a year. Yet Russia
became the only state which received an official request from Syrian President
Bashar Assad to conduct air strikes in the country. The Russian jets operated
from the Khmeimim air base located in Syria's Latakia Governorate.
Liberation of
Palmyra
During its
mission, the Russian Air Force aided the Syrian army in liberating one of the
country's key cities and a world heritage site - Palmyra. The ancient city had
been under the control of IS since May 2015 before it was retaken by government
forces backed by Russian airstrikes in March this year.
Jihadists
destroyed numerous historical landmarks during the occupation, while leaving
roads, houses and monuments booby trapped. Russian and Syrian sappers defused
thousands of mines left by the terrorists after their retreat. Following the
liberation of the ravaged city, the world-famous Russian conductor Valery
Gergiev led a concert in Palmyra to support its restoration and honor the
victims of the war.
Downing of SU-24
The Russian
military operation in Syria was marred by a tragic incident last year after
Turkish fighter jets downed a Russian Su-24 bomber near the Syria-Turkey
border. One pilot died as a result, while another one was rescued. Ankara said
that the Russian plane violated its airspace, but Moscow said the Su-24was
attacked over the Syrian border. During their rescue operations Russian forces
also lost a helicopter, which was attacked from the ground by the militants.
Reacting to the
Su-24 downing President Putin called the incident "a stab in the
back", with Moscow imposing sanctions on Turkey. Russia suspended direct
air connections with Turkey as a result. In June Turkish President Recep Tayyip
Erdogan apologized for the attack in a written statement, which led to the
normalization of bilateral relations.
The Russian air
campaign in Syria resulted in the loss of three more choppers. One of the
helicopters was downed in Idlib province in July after a human aid delivery to
civilians in the embattled city of Aleppo.
Reduction of
military presence
On March 15 Putin
ordered the withdrawal of the majority of Russian jets and personnel from
Syria, announcing that the major part of the operation in Syria was over.
"I believe that the objectives with which the Ministry of Defense has been
tasked have been largely reached. Therefore, starting with tomorrow I order the
withdrawal of the main part of our military from the Syrian Arab
Republic," Putin said.
Back then
officials stated that the Russian jets conducted over 7,000 sorties destroying
numerous bases and hideouts of jihadists and leaving nearly 13,000 terrorists
dead. The remaining units of the Russian air force continued to assist Syrian
government troops in tackling jihadists across the country.
Humanitarian
assistance
Over the course
of the Syrian mission Russia established a Reconciliation Center in the
country. The facility was tasked with helping to monitor the cessation of
hostilities and implement international peace proposals on the ground.
On July 28 this
year the center and the Syrian government introduced three "safe
corridors" for civilians willing to leave the ravaged Aleppo. The plan
also included a fourth passage for militants who wanted to surrender. The
corridors have been largely used to deliver humanitarian aid, including
medicine and water to the population.
According to a
representative, Moscow delivered tens of tons of aid to Aleppo from the
Khmeimim airbase. Following the introduction of the routes, Russian Defense
Minister Sergey Shoigu voiced his discontent with militants who "shelled
villages, attacked the positions of government troops" near the exit routes
as well as inside Aleppo. The UN estimated that around 250,000 residents of the
city have been in dire need of basic supplies.
Peace process
While battling
jihadists from the air, Russia alongside the US was a key player in negotiating
a political solution to the Syrian deadlock. Following marathon talks in Geneva
in February, Russian Foreign Minister Sergey Lavrov and his US counterpart John
Kerry brokered a deal on the cessation of hostilities in Syria.
The agreement,
which came into force on February 27, included a stop to military action from
both the rebel and government side. Terrorist groups, like IS and Jabhat
al-Nusra were excluded from the truce deal. After establishing its
Reconciliation Center at Khmeimim air base, Moscow handed over contact data to
Washington.
However in the
following weeks, the Russian Defense Ministry said that it noted "verified
proof of systematical violations" on the part of anti-government forces.
It has also urged Washington to stick to promises and push the rebels to
delineate their territories from those held by terrorists. The US on its part
said Damascus attempted to jeopardize the cessation of hostilities, adding that
Moscow did not use its influence over President Assad.
The deteriorating
violence across Syria forced the US and Russia to acknowledge that the
ceasefire had to be renegotiated. A fresh round of talks resulted in a new deal
on the cessation of hostilities, announced by Lavrov and Kerry on September 9
in Geneva. The agreement was part of a larger peace plan, which also included
the delivery of humanitarian aid, in particular to Aleppo. The deal, which
again excluded terrorist groups came into force on September 12 but has since
been marred by numerous violations. Just three days later Russian Defense
Ministry spokesman Igor Konashenkov said US-backed rebels had been
"intensifying the shelling of residential areas" in Aleppo.
Moscow also
demanded Washington use its influence to persuading rebel forces to clearly
separate themselves from jihadists in Syria to avoid hitting them in
airstrikes. John Kerry in return said President Assad has not been willing to
comply with the peace agreement.
Speaking to RT,
President Assad's Political and Media Adviser Dr. Bouthaina Shaaban said that
while Russia is "truly fighting terrorism," internal disagreements in
the US are hampering truce efforts inside Syria.
A fresh row
between Moscow and Washington blew up Wednesday when State Department
spokesperson John Kirby warned Russia that "more Russian lives will be
lost" and its interests attacked if violence in Syria continued.
His comments came
in the wake of reports of heightened bombing in Aleppo. In response on Thursday
a spokesperson for the Russian Defense Ministry said that Moscow is "fully
prepared to continue the dialogue with the American side and carry on with the
joint actions to combat terrorists in Syria."
However
Konashenkov noted that even "slightest hints of a threat to our soldiers
and Russian citizens must be excluded from this dialogue."
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