viernes, 6 de octubre de 2017
Visiones uninacionales, visiones plurinacionales
Ayer recomendábamos al rey Felipe de España la lectura de la nueva constitución del Estado Plurinacional de Bolivia. Al respecto, rescatamos otra buena nota del Diario Público, de España, sobre la situación catalana. Su autor es Vicenç Navarro. La breve biografía que da el mismo diario sobre el autor dice lo siguiente: "... ha sido Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Barcelona. Actualmente es Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, España). Ha sido también profesor de Políticas Públicas en The Johns Hopkins University (Baltimore, EEUU) donde ha impartido docencia durante 48 años. Dirige el Programa en Políticas Públicas y Sociales patrocinado conjuntamente por la Universidad Pompeu Fabra y The Johns Hopkins University. Dirige también el Observatorio Social de España. Es uno de los investigadores españoles más citados en la literatura científica internacional en ciencias sociales".
Título: El inicio del fin del régimen del 78
Texto: Como indiqué en un artículo anterior reciente (La necesaria movilización de las fuerzas democráticas frente a los herederos del franquismo, Público, 28.09.17), ha habido siempre dos visiones de lo que es España. Una ha sido la dominante, que alcanzó su máximo desarrollo durante la dictadura franquista, y que ha continuado durante todo el periodo postdictatorial democrático, como consecuencia del gran dominio que las fuerzas conservadoras tuvieron sobre el aparato del Estado y sobre la gran mayoría de los medios de información en el proceso de transición de la dictadura a la democracia, mal definido como modélico. Tal visión es la uninacional, presentando a España como la única nación existente de la península ibérica no portuguesa, y que se encuentra reflejada en un Estado monárquico centrado en la capital del Reino, Madrid (que tiene poco que ver con el Madrid popular), de la cual irradian todas las otras regiones, situación claramente reflejada en su sistema de transporte radial, tomando la capital como punto de llegada y de salida de cualquier vía de trasporte. Tal visión de España ha sido históricamente la característica de las derechas españolas. Ni que decir tiene que han ocurrido cambios importantes en este Estado uninacional que han diluido algo su centralismo. Pero, por lo general, este ha mantenido las principales características del Estado uninacional, en cuyos aparatos continúa reinando la cultura heredada del régimen dictatorial anterior, incluyendo su uninacionalidad.
La otra visión es la plurinacional, que piensa que en España hay varias naciones con distintos idiomas y culturas que deben asociarse voluntariamente y no por la fuerza, con soberanías que puedan compartirse si así lo desean. Esta última visión es la más arraigada en la cultura republicana, promovida históricamente por las izquierdas. Alcanzó su máxima expresión durante la II República, que fue interrumpida por un golpe militar (ayudado por tropas del régimen nazi alemán y del fascista italiano) estimulado por las derechas, realizado por unas tropas que se definieron a sí mismas como las “nacionales”, que dijeron defender la Unidad de España, unidad que, por cierto, nadie estaba cuestionando. Lo que el president Companys de la Generalitat de Catalunya estaba pidiendo no era la desunión, sino la redefinición de España. El president Companys, lejos de ser secesionista, se consideraba español y quería ayudar a establecer una nueva España. Era altamente popular, no solo en Catalunya, sino también en el resto de España. Un indicador de ello es que cuando fue liberado de la cárcel de Cádiz, fue aclamado por la población de las distintas ciudades españolas que tuvo que atravesar en su vuelta a Barcelona. Esta visión plurinacional fue brutalmente reprimida (el president Companys fue fusilado) durante la dictadura, siendo considerada como la anti-España. Tal visión plurinacional fue también la que estaba en los programas de todos los partidos de izquierda, tanto catalanes como españoles, durante la resistencia antifascista. Todos ellos apoyaron el derecho de autodeterminación (lo que ahora se llama el derecho a decidir), garantizando así una unión voluntaria y no forzada de los distintos pueblos y naciones de España.
La imposición por parte del Monarca y del Ejército de la visión uninacional en el periodo democrático
Dicha visión fue abandonada, sin embargo, durante la transición debido al veto que pusieron el Monarca y el Ejército. Las izquierdas catalanas, sin embargo, nunca abandonaron tal compromiso. Y el gobierno tripartito dirigido por el socialista Pasqual Maragall propuso un Estatut en 2005 que definía a Catalunya como nación dentro del Estado español, Estatut que, a pesar de haber sido votado y aprobado por el Parlament, por las Cortes Españolas (con sustanciales recortes) y por la población catalana en un referéndum, fue vetado por las derechas españolas, lideradas por el PP, que controlaban (y continúan controlando) el Tribunal Constitucional. Fue, como bien señala el conocido y reputado catedrático de Derecho Constitucional Javier Pérez Royo, en su reciente artículo L’obligació de Rajoy, ARA (04.10.17), “un golpe de Estado” en el que se violaba la llamada soberanía popular (expresada en la aprobación del Estatut en el Parlament, en las Cortes Españolas y en el referéndum que tuvo lugar en Catalunya) por parte de un tribunal (el Tribunal Constitucional) controlado por las derechas herederas del Estado franquista, vetándolo. Y todo ello bajo el acuerdo constitucional, sancionado por la inmodélica transición. De ahí surgió, como también señala Javier Pérez Royo, la rebelión que ha llevado al 1 de octubre. A ello ha contribuido la enorme pasividad y el silencio ensordecedor del PSOE y de la gran mayoría de la intelectualidad española. Esta rebelión fue radicalizándose a medida que el gobierno Rajoy, máxima expresión e instrumento de los vencedores de la Guerra Civil y de las fuerzas que dominaron la transición, ignoró, desoyó y despreció las propuestas que le hicieron los sucesivos gobiernos de la Generalitat para redefinir su relación con el Estado español. Era, pues, inevitable que lo que está pasando, pasara. Los partidos independentistas, principalmente dos bajo la alianza de Junts Pel Sí, no habían sido independentistas hasta recientemente, siguiendo un proceso bastante predecible: la gran mayoría de ellos (CDC y ERC) habían sido antes federalistas, transformándose en independentistas cuando no vieron ninguna posibilidad de cambio dentro del Estado actual.
Las raíces franquistas de las derechas españolas (muchas de las cuales se definen como de centro o centroderecha)
Está claro que la mayor responsable de la gran crisis existente hoy en España es la pervivencia de la cultura franquista en los aparatos del Estado. Hay que recordar que el PP fue fundado en 1977 bajo el nombre de Alianza Popular, una alianza de las asociaciones políticas de ultraderecha franquista de las cuales las más destacadas fueron: Reforma Democrática, liderada por Fraga Iribarne, ministro del Estado dictatorial franquista durante el periodo 1962-1969 y 1975-1976; Unión del Pueblo Español, liderada por Cruz Martínez Esteruelas, ministro entre 1974-1976; Acción Democrática Española, liderada por Federico Silva Muñoz, ministro en 1965-1970; Democracia Social, liderada por Licinio de la Fuente y de la Fuente, ministro en 1969-1975, y vicepresidente del gobierno durante el periodo 1974-1975; Acción Regional, liderado por Laureano López Rodó, ministro en 1965-1967, 1967-1973 y 1973-1974; Unión Social Popular, liderado por Enrique Thomas de Carranza, gobernador de Toledo en 1965-1969 y procurador de las Cortes Españolas en 1971-1977, miembro de Fuerza Nueva; y Unión Nacional Española, ministro en 1970-1974. Todos ellos eran fundadores de dicha fuerza política. Hoy la relación entre tal partido y aquel régimen se reproduce leyendo la biografía de gran número de sus dirigentes. Un ejemplo es Rafael Hernando, actual portavoz parlamentario del PP en el Congreso de los Diputados, que fue miembro de Alianza Popular desde los años ochenta, y que según algunas informaciones periodísticas habría mostrado simpatías hacia el partido de ultraderecha Fuerza Nueva.
Ni que decir tiene que dicho partido es una especie de paraguas bajo el cual hay diversas sensibilidades, desde la fascista (que explica que en España no haya un partido ultraderechista de masas) hasta la cristianodemócrata y la liberal. Pero su cultura hegemónica es claramente franquista, y su nacionalismo uninacional extremo es heredero del existente durante la dictadura. Esta visión, tanto en la versión extrema como en la versión más moderada, es la que domina la intelectualidad española, basada en la capital del Reino. Han contribuido a ello los mayores medios de información, incluyendo El País, que fue establecido por algunos personajes dentro de la dictadura que se consideraron reformadores, tales como Fraga Iribarne, quien fichó a Juan Luis Cebrián para que lo gestionara. Juan Luis Cebrián (cuyo padre fue el director del diario Arriba, el diario oficial del régimen fascista) había sido director de los servicios informativos de la Radio Televisión Española en 1974, que era el mayor instrumento propagandístico del régimen dictatorial. Ni que decir tiene que El País fue abriéndose, permitiendo cierta pluralidad en sus páginas, de las cuales fueron excluidas, con notables excepciones, las izquierdas y los que cuestionaron la visión uninacional del Estado, convirtiéndose en el máximo valedor de la Monarquía y de tal Estado. Su respuesta a la crisis actual ha sido un furibundo ataque a las nuevas izquierdas y a los partidos independentistas (el último ejemplo es el artículo de uno de sus intelectuales, el Sr. Santos Juliá, que, predeciblemente, atribuye todo lo que ocurre en Catalunya a la CUP, un partido independentista que obtuvo solo un 8% de los votos validos en las elecciones de 2015).
El establishment uninacional, heredero del franquismo, pone todo el peso de su argumentario en defensa de su visión uninacional (que justifica la represión llevada a cabo por los aparatos judiciales y de seguridad del Estado en Catalunya) en el respeto a la ley y a la Constitución, leyes y Constitución que en gran medida fueron elaboradas en un proceso altamente desigual (que propagandística y erróneamente se definió como modélico), dominado por las derechas.
Ni que decir tiene que, incluso en el caso de que se aceptara que la ley refleja la soberanía popular (supuesto altamente cuestionable), hay que señalar que el gobierno Rajoy se ha saltado las leyes españolas constantemente, siendo uno de los partidos políticos con mayor corrupción en España. Y, de nuevo, incluso aceptando que la ley fuera resultado de la soberanía popular (que no lo es), su aplicación es constantemente sesgada a favor de los intereses económicos, financieros, religiosos, partidistas y de clase que ejercen un enorme dominio sobre el aparato judicial; el caso Millet en Catalunya y el caso Púnica en España son un ejemplo de ello. El enorme conservadurismo y corporativismo del estamento judicial es de sobras conocido.
La incapacidad de comprender qué pasa en Catalunya (y en España)
Otra característica del pensamiento uninacional típico del régimen del 78 es su incapacidad para entender lo que ocurre en Catalunya, atribuyendo el movimiento de rebeldía en defensa de la identidad y la nación catalanas a la propaganda y capacidad de movilización de los partidos gobernantes en la Generalitat de Catalunya, antes Convergència i Unió (alianza de un partido liberal y un partido cristianodemócrata) y ahora el mismo partido Convergència con ERC. En dicha interpretación se olvida que el primer partido, Convergència, ha caído en gran descrédito debido a haberse conocido la gran corrupción de su dirección, que utilizó la Generalitat de Catalunya como si fuera de su propiedad para su beneficio personal (situación que Pablo Iglesias ha definido, con acierto, como el nacional-patrimonialismo del PP, y que puede atribuirse igualmente a CDC), teniendo incluso que cambiar su nombre a PDeCAT. El otro partido de la coalición CiU, Unió Democràtica, ha desaparecido.
Se olvida u oculta también que los que propusieron el Estatut de Catalunya del 2005 fueron las izquierdas (el tripartito dirigido por Pasqual Maragall). Y también se ignora que las movilizaciones iniciales fueron para defender tal Estatut. Su posterior radicalización es responsabilidad de la insensibilidad democrática y de la falta de respeto a la plurinacionalidad por parte del Estado central. Es sorprendente que la mayoría de artículos sobre la crisis publicados, por ejemplo, en El País, hayan sido críticos con Junts Pel Sí y pocos con el gobierno Rajoy.
El sectarismo del establishment intelectual-mediático español
Creo haber sido uno de los autores catalanes y españoles que más ha criticado en España y en Catalunya al gobierno de Junts Pel Sí de la Generalitat de Catalunya por sus políticas económicas y sociales, que pertenecían claramente a la sensibilidad neoliberal, la misma, por cierto, que inspiró al gobierno del PP (en realidad, las tensiones nacionales entre el gobierno del PP y Junts Pel Sí están ocultando la enorme crisis social que sus políticas económicas han provocado; la evidencia de ello es abrumadora). Y también he criticado el comportamiento antidemocrático de Junts Pel Sí, mostrado en su manipulación sectaria del Parlament de Catalunya, como bien denunció el parlamentario Joan Coscubiela, de la coalición Catalunya Sí que es Pot.
Ahora bien, es de un sectarismo denunciable el comportamiento del establishment político-mediático español y de su intelectualidad (incluyendo grandes sectores de la intelectualidad de la izquierda española), que mientras denuncian en varias páginas de El País (uno de los rotativos más sectarios hoy en España, eje del establishment mediático uninacional, profundamente hostil a los nacionalismos “periféricos” y a las nuevas izquierdas, y defensor a ultranza del régimen del 78, definiendo la transición como modélica) el comportamiento antidemocrático de Junts Pel Sí, permanecen callados, en un silencio ensordecedor, frente a la enorme represión que ha ocurrido en Catalunya (alrededor de 900 heridos). Es interesante señalar que la atribución de la mayor responsabilidad por la gran crisis política del país al gobierno catalán es característica del uninacionalismo franquista vigente que apareció también en el discurso del rey Felipe VI. Una postura más equilibrada, pero también errónea, es la que atribuye la responsabilidad en igualdad de condiciones al gobierno central y al gobierno catalán, y digo errónea porque es fácil de demostrar que ha sido la versión uninacional franquista, presente no solo en el gobierno Rajoy, sino también en el establishment político-mediático español, la causante de la gran crisis política del país.
Una última observación: el error de algunas voces de izquierdas
Una postura bastante extendida en amplios sectores de las izquierdas españolas es considerar estas discusiones y tensiones como resultado del protagonismo de los nacionalismos en la vida política del país, que están ocultando la enorme crisis social del país. Esta percepción, a la cual me he referido en varias ocasiones, tiene un gran elemento de verdad. Describe parte de la situación actual. Es, pues, necesario subrayar la importancia de este argumento. Ahora bien, un argumento puede ser necesario pero no suficiente, ya que el mismo Estado uninacional que prohíbe y persigue el plurinacionalismo en España es también (como he documentado ampliamente) el Estado responsable de la crisis social actual. Esto es una realidad obvia, de manera que el tema social está íntimamente ligado al tema nacional. De ahí que históricamente las izquierdas, no solo las catalanas, sino también las españolas, hubieran incorporado en sus proyectos de gobierno el apoyo a un Estado republicano plurinacional. Hay que recuperar la validez del proyecto republicano social y plurinacional. Y me alegra constatar que ello está ya ocurriendo. En Catalunya, en las movilizaciones, pueden verse más y más banderas republicanas. Y lo mismo está ocurriendo a lo largo del territorio español.
Hay una creciente constatación en Catalunya que para conseguir un cambio social y nacional hay que favorecer y defender la reestructuración del Estado español, por el bien de España y por el bien de Catalunya. Las nuevas izquierdas están hoy cuestionando la uninacionalidad de España. Su iniciativa de invitar a todas las fuerzas democráticas a actuar de forma colaborativa para trasformar España (incluyendo Catalunya) es de una enorme trascendencia e importancia.
Ni que decir tiene que las derechas postfranquistas están acusando a tales nuevas izquierdas de ayudar al independentismo. Y dicho mensaje aparece extensamente hoy en el establishment uninacional español, alcanzando niveles grotescos en su promoción internacional. Nada menos que el director de la oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Internacionales (European Council of Foreign Relations), escribió hace unos días un artículo que define al movimiento de rebelión en Catalunya frente al Estado central como un movimiento racista (sí, ha leído bien, racista) que considera a los españoles como inferiores, y acusando, por si no fuera poco, a Podemos de proindependentista, utilizando “tácticas insurreccionales” (tal personaje se llama Francisco de Borja Lasheras; su artículo aparece en Social Europe). Y lo que es más lamentable es que algunas izquierdas están contribuyendo a esta campaña. Pero cualquier persona que conozca la realidad (pasada y presente) de este país puede ver que la única solución para mantener España unida hoy es precisamente pidiendo una alianza de todas las fuerzas democráticas en oposición al establishment heredero del franquismo. La vía actual defendida por el Rey y por Rajoy creará la ruptura de España.
jueves, 5 de octubre de 2017
Rey sobrante
Si no fuera trágico, podría decirse que el asunto catalán se parece a una comedia de enredos. Para un país que carga con un millón de muertos en su última guerra civil, claramente no lo es. Y el rey español francamente no ayuda, digámoslo de una vez. Uno se animaría a sugerir a este personaje que lea la nueva constitución de Bolivia (el Estado Plurinacional de Bolivia), si quiere empezar a encontrar la punta del ovillo. La nota que sigue es de Juan Carlos Monedero (uno de los fundadores de Podemos) y salió hoy en Página/12:
Título: Nos sobra un rey
Texto: Hace año y medio escribí que el rey Felipe VI propiciaría un referéndum sobre Cataluña para “justificar su reinado”. Era lo inteligente y lo que le aconsejarían sus asesores. Un rey a quien nadie ha votado necesita asentar su jefatura sobre algo que vaya un poco más allá de ser un Borbón, hijo de su padre y heredero en el siglo XXI de un puesto de trabajo fijo en la política –gracias, valga recordarlo, al golpe de estado de 1936–. Pero igual que Rosa Díez –cada día más vociferante– se pegó un tiro en el pie en su día ella solita renunciando a aliarse con Rivera, Felipe VI ha decidido echarse en brazos del partido más corrupto de Europa y responsable del desaguisado en el que estamos. Durante los días del asalto al Palacio de la Bastilla, Luis XVI, aburrido, escribió en su diario: “Nada, nada, nada”. Un problema no pequeño de los reyes es que se terminan creyendo que son reyes. Y se olvidan de que la gente puede consentir con un reinado solamente si entiende que sirve para algo.
Le pasó a su padre, el Rey Emérito, a quien los españoles le regalaron la legitimidad democrática por parar un golpe, el del 23-F, que había salido de su entorno más cercano. Paradojas de la historia que le salvaron su reinado y le permitieron seguir haciendo un lucrativo trabajo de lobbista y, de paso, lo que le viniera en gana. A Juan Carlos I le nombró su sucesor como rey el dictador Franco y lo sancionó la Ley para la Reforma Política, última ley franquista, que fue también la primera ley de la democracia. Su padre, Juan de Borbón, le entregó a regañadientes la legitimidad monárquica dos semanas antes de las elecciones de 1977. Y aparte de saberse de sus aventuras extra conyugales de vez en cuando, no había destacado por hacer algo más que borbonear. Pero los medios le presentaron como el que paró el golpe del 23-F y los españoles lo compraron. El diario El País hizo el resto.
El hijo necesitaba algo similar y la ocasión de oro estaba, cuarenta años después de la Constitución de 1978, en dirigir una reforma que zanjase la discusión territorial. Pero ha cometido un terrible error y no debe descartar que los españoles decidamos, como ocurrió en el siglo XIX con Isabel II y en el siglo XX con Alfonso XIII, prescindir de sus servicios e invitarle a buscar residencia fuera del Palacio de la Zarzuela.
Cataluña es una nación y si hay que repetirlo es porque España –mi nación a día de hoy y con la que quiero enfrentar los problemas globales del siglo XXI– está mal enseñada y mal aprendida. Lo sabían los constituyentes de 1978 y lo escribieron en el artículo 2 en los términos de la época (hablaron de nacionalidades porque había ruido de sables). Cada vez que los españoles hemos votado en libertad, ha emergido la condición plurinacional de España. La única manera de que no se rompa nuestra nación de naciones es o con una dictadura o con un acuerdo entre los diferentes territorios del estado. Cierto es que algunos han ladrado un “a por ellos”. Pero son minoría. Aunque ni ellos ni nosotros lo hayamos hecho saber.
Habíamos avanzado mucho con el Estatut, que cumplía con el mandato de la Constitución –el marco territorial sería acordado por el Parlament catalán, por el Parlamento español y por el pueblo de Catalunya en referéndum–, pero el PP rompió el acuerdo al ciscarse en los artículos 151 y 152 y entregarle la responsabilidad política al Tribunal Constitucional. Y no a cualquier Tribunal Constitucional, sino a uno presidido por un juez con carnet del PP. El callejón sin salida actual lo puso en marcha Rajoy cuando empezó a recoger firmas en la calle para frenar el Estatut que expresaba la voluntad constitucional. El PP llegó tarde a la democracia (a las libertades, a la Constitución, a las Autonomías, al divorcio, al aborto, al matrimonio homosexual, al derecho de huelga, a la libertad de expresión) y en cuanto nos descuidamos regresa a sus orígenes.
Este 3 de octubre el Rey Felipe VI ha perdido la oportunidad de hacer valer el artículo 56 de la Constitución que dice: “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones”. El Rey ha preferido ser un correveidile de las tesis de Rajoy, tesis que han logrado que además de los independentistas, estén en contra del PP en Catalunya también los no independentistas. El PP no obtiene en Catalunya ni el 8% de los votos y ha decidido convertir ese fracaso en la oportunidad de enfrentar a españoles con españoles. Ha sido Rajoy quien ha multiplicado el número de independentistas. ¿No debieran acusarle desde sus fila de traición a la patria?
Felipe VI hubiera necesitado coraje para enfrentar al gobierno de Rajoy y a la brutalidad de la represión del PP en Catalunya que tiene atónita a la Europa democrática. No se trata en absoluto de que hubiera abrazado el comportamiento de Puigdemont, claramente fuera de la Constitución, pero debiera haber entendido que el conflicto es político, no un asunto del código penal. Y él, sobre todo él, podría haber llamado al diálogo. Pero ha decidido enarbolar él mismo la porra en vez de visitar a las víctimas de la violencia de una guardia civil y una policía que, salvo algunos llenos de ira, hubiera deseado estar en otro sitio, por ejemplo deteniendo a corruptos. Tampoco le resultó fácil a su padre desmontar el golpe en el que había colaborado de una forma u otra, pero hizo balance, se tomó unas horas y asumió la decisión correcta. Y pudo reinar durante cuarenta años. Quizá recordado que su padre se pasó buena parte de su vida en Estoril. Felipe VI se ha puesto del lado del PP que enfrenta 800 cargos de corrupción y la queja de Europa por la brutalidad de la represesión. Valiente árbitro.
La solución a los muchos problemas de España –el conflicto con Catalunya, pero también la corrupción, el desempleo, el vaciamiento de la hucha de las pensiones, la violencia en Murcia contra la población, la precariedad laboral, los desahucios, los recortes en sanidad y en educación, la emigración de nuestros jóvenes, los problemas de desertización ligados al cambio climático– pasa por acordar un nuevo contrato social. Es decir, por un proceso constituyente. Pasados cuarenta años de la última Constitución ¿quién quiere frenar que los españoles acordemos las bases de nuestra convivencia?
Los errores cometidos por el gobierno del PP en Catalunya nos obliga a todos los españoles a volver a discutir, con calma y fraternidad, las bases de nuestro contrato social. Los que no queremos ni que Catalunya se ponga de rodillas ni vea como única salida irse de España, convocamos a un proceso constituyente. Es la tan cacareada “segunda Transición”, ahora sí, pero que, pasadas cuatro décadas de la muerte de Franco, tiene que asumir no poco de primera ruptura. En especial con los nostálgicos del franquismo y sus métodos y para que no se nos rompa el país. Tampoco es tan complicado. Para Catalunya bastaría un nuevo acuerdo económico que no olvide la solidaridad, autogestión en cuestiones lingüísticas y culturales, reconocimiento constitucional de la identidad como nación, traspaso de competencias y compromiso con la gestión del Estado, y un compromiso federal auténtico que convierta en real que, por ejemplo, el Tribunal Constutucional pueda estar en Barcelona. Y, por supuesto, que decidieran, en un referéndum pactado con el Estado y vinculante a ambas partes, su vinculación a España.
La discusión acerca de la monarquía no estaba en la agenda. Pero el comportamiento de Felipe VI ha vuelto a colocarla en el tablero. Decía Jaime Miquel que la España que emerge es plurinacional, y no entender esto coloca a Ciudadanos como mera muleta del PP, al PSOE como una veleta que oscila entre el bochorno y el patetismo, y al rey Felipe VI caminito de Estoril. Nos corresponde a la ciudadanía asumir nuestras responsabilidades. Y la primera de todas es echar a todos los políticos responsables de habernos traído a este sindiós en lo que se ha convertido nuestra democracia. Han hecho mal su trabajo y hay que echarlos. Y Felipe VI, el rey inédito, ha decido echar su suerte al lado de los que nos sobran.
miércoles, 4 de octubre de 2017
Golpe dentro del golpe?
Algo pasa en la junta militar que maneja los destinos del Imperio. Nos referimos a los máximos líderes militares que ocupan cargos en el Pentágono. El jefe de este organismo, el general James Mattis (foto), acaba de señalar que, en su opinión, los EEUU deberían respetar el acuerdo nuclear con Irán. Uno se rasca la cabeza pensando qué le pasa a esta gente, que cambia de opinión semana por medio. Golpe dentro del golpe? En fin. La nota que sigue es del sitio web libanés Al Manar:
Título: Mattis: EEUU debería respetar el acuerdo nuclear con Irán
Texto: El secretario de Defensa estadounidense ha declarado que nada prueba la violación por parte de Irán del acuerdo nuclear.
Este martes, el jefe del Pentágono, James Mattis, y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Joseph Dunford, se expresaron así ante el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado de EEUU. Allí hablaron del conflicto de Afganistán y del acuerdo nuclear con Irán.
En relación a Afganistán, los dos generales estadounidenses reconocieron que el Ejército de EEUU estaba en un impasse tras 16 años de guerra.
Interrogado por la senadora Kirsten Gillibrand, del Estado de Nueva York, sobre las consecuencias negativas que podría tener la retirada de Washington del acuerdo nuclear, el general Dunford respondió que en ningún caso de violación del acuerdo había sido constatado hasta el momento por parte de los iraníes.
“Soy de la opinión de que la conclusión del acuerdo impidió a Irán fabricar armas nucleares”, afirmó.
Por su parte, el jefe del Pentágono, James Mattis, declaró que era en interés de Washington el respetar el acuerdo nuclear.
“Estamos examinando el acuerdo nuclear con respecto a nuestra seguridad nuclear. Hemos sido encargados por el Congreso para verificar que Irán ha respetado el acuerdo y afirmo que EEUU no harían una valoración simplista del acuerdo nuclear”.
“Si nos aseguramos que Irán respeta siempre el acuerdo y que este documento garantiza nuestros intereses, haríamos mejor en no abandonarlo. Ningún elemento hasta ahora prueba lo contrario y el presidente deberá examinar la posibilidad de respetar el acuerdo”, dijo James Mattis.
Desintermediación
A veces uno se pregunta por qué están tan enojados los chicos del Imperio con Rusia. La nota que sigue lo explica un poco: es de Tom Luongo y apareció en el sitio web Gold, Goats, & Guns:
Título: De-Dollarization & Disintermediation - Russian Mobile Phone Operator Issues First Blockchain-Backed Bond
Texto: For months now Russia has been moving into the blockchain space in a serious way. I’ve talked about these moves in previous articles (https://tomluongo.me/2017/08/31/ethereum-russias-new-oil/, https://tomluongo.me/2017/08/09/russian-miner-coin-welcome-to-bitcoin-as-reserve-asset/, and https://tomluongo.me/2017/08/02/russia-embraces-ethereum-to-professionalize-banking-system/)
But, the latest news is one that should have every one stand up and take notice.
Russian Mobile phone operator, Megafon, issued RUB500 million in zero-coupon blockchain-based bonds recently. This was purely a proof of concept issuance.
But, it speaks to the bigger picture of bypassing traditional book runners, i.e. the major banks, for selling securities to investors. No longer does Goldman Sachs, Standard Charted, HSBC and Deutsche Bank have a stranglehold on how capital is raised for emerging markets.
Moreover, it will prove just how much of an advantage the blockchain has over these older and much more expensive business models.
This reduces the cost of a bond issuance to practically nothing, beyond the needed legal work.
These bonds can and will be sold without the need for the middle man to take a huge cut.
The blockchain is changing everything.
This news also puts paid the news from a couple of months back that the National Settlement Depository is moving, via the WAVES platform, to token-ize as much of the Russian economy as it can. This is your first example of their integrating with the Moscow Exchange to trade securities via the blockchain.
This drives another comparative advantage for companies looking to raise capital, listing fees and access to market makers, which are also being squeezed out of the market.
The term is disintermediation.
Get to know it and embrace how it will drive out old transmission loss out of finance and other sectors of the economy.
And now this is why all of this is so important. As I said when we first heard of this plan back in August:
The better plan is to loosen central bank policy, issue some ruble-denominated debt (or yuan) while building up the crypto infrastructure to absorb those capital flows without creating dislocations within the ruble market.
This creates a more natural and organic flow of capital into the country without it causing social upheaval. Like the announcement of Russian Miner Coin, this move by the NSD is just another building block in the foundation of a more resilient Russian financial system to better coordinate the flow of capital and smooth the development of the chain of production.
This, in turn, limits the effects of U.S. sanctions. Once the market comes to the conclusion that Russia treats capital better than the U.S. does, the current trickle will become a torrent. And Russia has to be ready to handle this.
These are the reasons why the U.S. is so angry with Putin and Russia. They are building infrastructure which attacks the foundations of U.S. financial and geopolitical power. And they are doing it the Russian way, by deploying capital like a scalpel, not a sledgehammer.
This is the kind of news that sits below the headlines but has enormous long-term effects. If this test is successful then expect larger issues in the near future, allowing Russia to prove to the market that the rules have changed and it is capable of providing investors with security along with the potential for great returns on their money.
That’s the key, folks… confidence. Russia and China are working to increase investor confidence while the U.S. and EU are punishing investors because it is a privilege to use the dollar and/or the euro.
Capital flows to where it is treated best. ALWAYS.
martes, 3 de octubre de 2017
Cataluña, las razones
Pueden postularse tres ideas generales en torno a los eventos en Cataluña: (1) Una expresión legítima del deseo de independencia de la mayoría de los catalanes; (2) una "revolución de color" teledirigida desde el Imperio; (3) una reacción regional a la pérdida de soberanía del estado-nación (en este caso, España) ante el autoritarismo de Bruselas como expresión máxima del poder supranacional (la Unión Europea); o sea, una especie de autoafirmación del yo ante la castración del estado. Para Astroboy pasaron las tres cosas al mismo tiempo. Pepe Escobar, en una nota para Asia Times, explora la tercer alternativa:
Título: The future of the EU at stake in Catalonia
Epígrafe: A new paradigm has been coined right inside the lofty European Union: 'In the name of democracy, refrain from voting, or else'
Texto: Fascist Franco may have been dead for more than four decades, but Spain is still encumbered with his dictatorial corpse. A new paradigm has been coined right inside the lofty European Union, self-described home/patronizing dispenser of human rights to lesser regions across the planet: “In the name of democracy, refrain from voting, or else.” Call it democracy nano-Franco style.
Nano-Franco is Spanish Prime Minister Mariano Rajoy, whose heroic shock troops were redeployed from a serious nationwide terrorist alert to hammer with batons and fire rubber bullets not against jihadis but … voters. At least six schools became the terrain of what was correctly called The Battle of Barcelona.
Extreme right-wingers even held a demonstration inside Barcelona. Yet this was not shown on Spanish TV because it contradicted the official Madrid narrative.
The Catalan government beat the fascist goons with two very simple codes – as revealed by La Vanguardia. “I’ve got the Tupperware. Where do we meet?” was the code on a prepaid mobile phone for people to collect and protect ballot boxes. “I’m the paper traveler” was the code to protect the actual paper ballots. Julian Assange/WikiLeaks had warned about the world’s first Internet war as deployed by Madrid to smash the electronic voting system. The counterpunch was – literally – on paper. The US National Security Agency must have learned a few lessons.
So we had techno power combined with cowardly Francoist repression tactics countered by people power, as in parents conducting sit-ins in schools to make sure they were functional on referendum day. Some 90% of the 2.26 million Catalans who made it to the polls ended up voting in favor of independence from Spain, according to preliminary results. Catalonia has 5.3 million registered voters.
Roughly 770,000 votes were lost because of raids by Spanish police. Turnout at around 42% may not be high but it’s certainly not low. As the day went by, there was a growing feeling, all across Catalonia, all social classes involved, that this was not about independence any more; it was about fighting a new brand of fascism. What’s certain is there’s a Perfect Storm coming.
No pasarán
The “institutional declaration” of overwhelming mediocrity nano-Franco Rajoy, right after the polls were closed, invited disbelief. The highlight was a mediocre take on Magritte: “Ceci n’est pas un referendum.” This referendum never took place. And it could never take place because “Spain is a mature and advanced democracy, friendly and tolerant”. The day’s events proved it a lie.
Rajoy said “the great majority of Catalan people did not want to participate in the ecessionist script”. Another lie. Even before the “non-existent” referendum, between 70% and 80% of Catalans said they wanted to vote, yes or no, after an informed debate about their future.
Crucially, Rajoy extolled the “unwavering support of the EU and the international community”. Of course; unelected EU “elites” in Brussels and the main European capitals are absolutely terrorized when EU citizens express themselves.
Yet the top nano-Franco lie was that “democracy prevailed because the constitution was respected”.
Rajoy spent weeks defending his repression of the referendum by invoking “the rule of law such as ours”. It’s “their” law, indeed. The heart of the matter are Articles 116 and 155 of a retrograde Spanish constitution, the first one describing how states of alarm, exception and siege work in Spain, and the latter applied in “order to compel the [autonomous community] forcibly to meet … obligations, or in order to protect the … general interests.”
Well, these “obligations” and “general interests” are defined by – who else, Madrid and Madrid only. The Spanish Constitutional Court is a joke – it couldn’t care less about the principle of separation of powers. The court congregates a bunch of legalistic Mafiosi/patsies working for the two parties of the establishment, the so-called “socialists” of the PSOE (Spanish Socialist Workers’ Party) and the medieval right-wingers of Rajoy’s People’s Party (PP).
Few outside Spain may remember the failed coup of February 23, 1981 – when there was an attempt to hurl Spain back into the long dark Francoist night. Well, I was in Barcelona when it happened – and that vividly reminded me of the South American military coups in the 1960s and 1970s. Since the coup, what passes for “justice” in Spain never ceased to be a mere lackey to these two political parties.
The Constitutional Court actually suspended the Catalan referendum law, arguing that it was violating the – medieval – Spanish constitution. This disgraceful collusion is crystal-clear for most people in Catalonia. What Madrid is essentially up to amounts to a coup as well – against the Catalan government and, of course, against democracy. So no wonder the immortal civil-war mantra was back in the streets of Catalonia: “¡No pasarán!” They shall not pass.
Brussels does demophobia
Rajoy, thuggish, mediocre and corrupt (that’s another long story), lied even more when he said he keeps the “door open to dialogue”. He never wanted any dialogue with Catalonia – always refusing a referendum in any shape or form or transferring any powers to the Catalan regional government. Catalonia’s regional president, Carles Puigdemont, insists he had to call the referendum because this is what separatist parties promised when they won regional elections two years ago.
And of course no one is an angel in this hardcore power play. The PDeCaT (the Democratic Party of Catalonia), the main force behind the referendum, has also been mired in corruption.
Catalonia in itself is as economically powerful as Denmark; 7.5 million people, around 16% of Spain’s population, but responsible for 20% of gross domestic product, attracting one-third of foreign investment and producing one-third of exports. In a country where unemployment is at a horribly high 30%, losing Catalonia would be the ultimate disaster.
Madrid in effect subscribes to only two priorities: dutifully obey EU austerity diktats, and crush by all means any regional push for autonomy.
Catalan historian Josep Fontana, in a wide-ranging, enlightening interview, has identified the heart of the matter: “What, for me, is scandalous is that the PP is whipping up public opinion by saying that holding the referendum means the secession of Catalonia afterwards, when it knows that secession is impossible. It is impossible because it would mean that the Generalitat would have to ask the Madrid government to be so kind as to withdraw its army, Guardia Civil and National Police from Catalonia, and to meekly renounce a territory that provides 20% of its GDP … so why are they using this excuse to stir up a climate reminiscent of a civil war?”
Beyond the specter of civil war, the Big Picture is even more incandescent.
The Scottish National Party is sort of blood cousins with Catalan separatists in its rejection of a perceived illegitimate central authority, with all the accompanying negative litany. SNP members complain they are forced to cope with different languages; political diktats from above; unfair taxes; and what is felt as outright economic exploitation. This phenomenon has absolutely nothing to do with the EU-wide rise of extreme right-wing nationalism, populism and xenophobia – as Madrid insists.
And then there’s the silence of the wolves. It would be easy to picture the EU’s reaction if the drama in Catalonia were happening in distant, “barbarian” Eurasian lands. The peaceful referendum in Crimea was condemned as “illegal” and dictatorial while a violent attack against freedom of expression of millions of people living inside the EU gets a pass.
The demophobia of Brussels elites knows no bounds; the historical record shows EU citizens are not allowed to express themselves freely, especially by using democratic practices in questions related to self-determination. Whatever torrent of spin may come ahead, the silence of the EU betrays the fact Brussels is puling the strings behind Madrid. After all the Brave New Euroland project implies the destruction of European nations to the profit of a centralized Brussels eurocracy.
Referenda are untamable animals. Kosovo was a by-product of the amputation/bombing into democracy of Serbia by the North Atlantic Treaty Organization; a gangster/narco mini-state useful as the host of Camp Bondsteel, the largest Pentagon base outside of the US.
Crimea was part of a legitimate reunification drive to rectify Nikita Khrushchev’s idiocy of separating it from Russia. London did not send goons to prevent the referendum in Scotland; an amicable negotiation is in effect. No set rules apply. Neocons screamed in vain when Crimea was reunited with Russia after shedding tears of joy when Kosovo was carved out of Serbia.
As for Madrid, a lesson should be learned from Ireland in 1916. In the beginning the majority of the population was against an uprising. But brutal British repression led to the war of independence – and the rest is history.
After this historic, (relatively) bloody Sunday, more and more Catalans will be asking: If Slovenia and Croatia, the Czech Republic and Slovakia, the tiny Baltic republics, not to mention even tinier Luxembourg, Cyprus and Malta, can be EU members, why not us? And a stampede might be ahead; Flanders and Wallonia, the Basque country and Galicia, Wales and Northern Ireland.
All across the EU, the centralized Eurocrat dream is splintering. It’s Catalonia that may be pointing toward a not so brave, but more realistic, new world.
lunes, 2 de octubre de 2017
La hipótesis del "lobo solitario"
La idea es más o menos la siguiente: un ex empleado de Lockheed Martin (nada menos) se viene loco y protagoniza una matanza en Las Vegas, EEUU. Casi 60 muertos, más de 500 heridos. Un record, verdaderamente. Van a tener que esforzarse mucho los próximos jubilados blancos sesentones con ganas de cargarse al planeta para acercarse a estos números. La nota de color la dio ISIS: se adjudicó el atentado. En fin. Por supuesto, se trata sólo de un lobo solitario, tal como lo asegura el sheriff local. No es que una sociedad entera esté enferma de remate; para nada, chicos. Así lo cuenta el diario español El País:
Título: Stephen Paddock: el “lobo solitario” que se suicidó
Epígrafe: Hijo de un ladrón de bancos, el supuesto autor de la matanza de Las Vegas es un contable de 64 años que la policía no vincula en principio a ningún grupo extremista
Texto: La muerte tomó a las 22.08 de este domingo el nombre de Stephen Paddock. Lo hizo alojada en una habitación de 125 dólares, cama kingsize y un enorme espejo de baño. En ese punto algo hortera del universo, Paddock dejó de ser el hombre gris que vivía sus días de contable jubilado con la dulzura propia de Las Vegas y se erigió en el autor de la mayor matanza con arma de fuego de la historia de Estados Unidos. 58 muertos, 515 heridos y una nación conmocionada. “Un acto de maldad pura”, como ha dicho el presidente Donald Trump.
¿Qué le ocurrió? De momento, nadie lo sabe con precisión. La reivindicación del ISIS ha sido rechazada por el FBI. Y los antecedentes conocidos hasta ahora tampoco apuntan a ninguna pulsión asesina. Hijo de un ladrón de bancos que, según su hermano, llegó a figurar en la lista de los 10 más buscados del FBI, ni en las fichas policiales de Las Vegas ni del pueblo donde vivía, Mesquite (18.000 habitantes), se ha descubierto nada más sospechoso que alguna infracción de tráfico. Por el contrario, sus hábitos revelan pautas muy comunes entre quienes buscan pasar sus últimos años en Nevada.
Antiguo empleado del gigante armamentístico Lockheed Martin, a sus 64 años, acudía con frecuencia a los casinos a jugar al póker, disfrutaba de los conciertos de música country y entre sus pasiones figuraba volar y cazar. Tenía a su nombre dos aviones, una licencia de piloto y otra de caza mayor en Alaska. Nada que indicase su locura asesina. “Estamos en shock, horrorizados. No entendemos cómo Steve pudo hacer esto. No había nada raro en él”, ha afirmado un familiar a The Washington Post. “Esto es como la caída de un asteroide”, ha señalado su hermano a los medios estadounidenses.
Tampoco han dado más pistas las autoridades. Quien más lejos ha ido ha sido el sheriff del condado, Joe Lombardo, quien le ha equiparado a un “lobo solitario”. Un ente desconectado del mundo criminal y terrorista que actuaba siguiendo sus propios impulsos. Pero esta hipótesis, aunque tranquilizadora en un país obsesionado con una posible matanza terrorista, no da explicación de su estallido. De ese ataque premeditado que buscó un blanco tan fácil como un concierto de música country.
La reconstrucción policial muestra que Paddock llegó el jueves al gigantesco Hotel Mandalay Bay. En su habitación, estratégicamente situada en el piso 32, acumuló al menos una decena de rifles y pistolas. Listas para matar.
Con calma, esperó hasta el domingo por la noche. Llegado el momento, rompió el cristal y apretó el gatillo. Eran las 22.08. Su objetivo estaba a sus pies. Masivo e indefenso. Unas 22.000 personas concentradas en un concierto del cantante de country Jason Aldean, dentro del Route 91 Harvest Festival, que se celebraba junto al hotel. Durante 30 segundos, los disparos se confundieron con la música. Luego sólo quedó el traqueteo convulso, sordo, casi infinito de las armas de Paddock sembrando la muerte.
“Era una pesadilla de guerra, no entendíamos quién disparaba ni desde dónde, pero sabíamos que nos querían matar”, contaba ayer un superviviente a la televisión. El horror duró unos siete minutos. En el suelo quedaron más de 50 muertos y 500 heridos.
La intervención policial fue fulminante. Pero fracasó en su intento de atrapar a Paddock. En contra de las primeras versiones, el asesino no cayó en su habitación a manos de los SWAT, cuerpos policiales de intervención rápida, sino que se suicidó con sus propias armas.
De este final se sabe poco. Igual que de su vida. La implicación de su compañera, que en un principio fue considerada sospechosa, se ha diluido conforme pasan las horas. Y de los registros de su domicilio en Mesquite, a 130 kilómetros de Las Vegas, solo ha trascendido el hallazgo de más armas. El móvil, de momento, sigue siendo un misterio. Pero la policía no teme ningún nuevo ataque. De algo está segura. Paddock era el principio y el fin del terror.
Siria y el nuevo Medio Oriente
Todavía no terminó el conflicto en Siria, pero ya pueden verse consecuencias interesantes con alcances para todo el Medio Oriente. Al respecto, nos llamó la atención la siguiente nota de Alastair Crooke para el sitio web Strategic Culture Foundation:
Titulo: How Syria’s Victory Reshapes Mideast
Texto: Plainly, Syria’s success – notwithstanding the caution of President Bashar al-Assad in saying that signs of success are not success itself – in resisting, against the odds, all attempts to fell the state suggest that a tipping point in the geopolitics of the region has occurred.
We have written before how the Syria outcome dwarfs that of Israel’s 2006 war against Hezbollah, significant though the result of that war was, too.
Both events taken together have brought America’s unipolar moment in the Middle East to an end (though not globally, since the U.S. still retains its necklace of military bases across the region). The successes have corroded badly the reputation of the Gulf States and have discredited fired-up Sunni jihadism as a “go-to” political tool for Saudi Arabia and its Western backers.
But, aside from the geopolitics, the Syria outcome has created a physical connectivity and contiguity that has not existed for some years: the border between Iraq and Iran is open; the border between Syria and Iraq is opening; and the border between Lebanon and Syria, too, is open. This constitutes a critical mass both of land, resources and population of real weight.
The region will listen intently to what these victors will have to say about their future vision for the region – and for Islam. In particular, how Syria articulates the lessons for Middle Eastern societies in light of its war experience will have a profound import.
This discussion has barely begun in Syria, and has not reached a conclusion – and may not, for some time; but we can speculate a little.
At present, talk is divided between Levantism, which is based in the idea of cultural diversity, such as has existed – alongside periodic acute tensions – in Lebanon and Syria, and Arab nationalism. The framework for both concepts being understood to be a non-assertive secularism within a state structure, encompassing equality before the law.
Arab nationalism looks toward a wide Arab cultural unity, rooted primarily in the Arabic language. Levantism essentially was an Ottoman inheritance. Then (in Ottoman times), there was no “Syria” (in the sense of a nation–state), but viliyat (Ottoman provinces), which were more like city-states that were permitted a large quota of self-administration and discretion for diverse societies and sects to live in their own cultural and spiritual ways, including the right to speak their individual languages. (Syrian diversity historically represented the legacy of many foreign occupations, with each leaving behind something of their DNA, their cultures and religion).
Colonial Strategies
Under the subsequent French colonial rule, the colonizers first created separate mini-statelets of these Syrian minorities, but when that policy failed, they reversed into forced unification of Syria’s diverse parts (apart from Lebanon), through a stratagem of imposing the French language instead of Arabic; French law instead of the Ottoman law and mores; and of promoting Christianity in order to undercut Islam. Inevitably, this created the pushback that gave Syria its characteristic suspicion of foreign intervention and its determination to recover a vision of what it was to be Syrian. (The French “regime-changed” Damascus in 1920, 1925, 1926, and 1945, and imposed martial law during most of the pauses in between the coups).
But the nationalism, which the French repression had provoked into life, pulled in two different directions: the Muslim Brotherhood, the major Islamic movement, wanted to grasp Syria as a Sunni Islamic state, while, in contrast, the more Westernized urban élites wanted to “take” Syria – as not exactly a separate nation-state – but more a part of the whole Arab world, and to be domestically organized as a unified, secular, and at least partly Westernized state.
As Patrick Seale noted in The Struggle for Syria: “Above all, [for the secular nationalists], disunity had to be overcome. Their answer was to try to bridge the gaps between rich and poor through a modified version of socialism, and between Muslims and minorities through a modified concept of Islam. Islam, in their view, needed to be considered politically not as a religion but as a manifestation of the Arab nation.
“Thus, the society they wished to create, they proclaimed, should be modern (with, among other things, equality for women), secular (with faith relegated to personal affairs), and defined by a culture of ‘Arabism’ overriding the traditional concepts of ethnicity.”
In short, what they sought was the very antithesis of the objectives of the already strong and growing Muslim Brotherhood. And by 1973, in an attempt to square the circle between conservative, assertive Sunnism and the nationalist “soft” Islam, the fatwa (by a Shi’i cleric) asserting Hafez al-Assad to be Shi’i Muslim (rather than heretic as Sunnis viewed all Alawites to be), exploded the situation. (The French brokered constitution required that the head of state be “Muslim”).
A Cycle of Violence
The Muslim Brotherhood was beside itself in anger at the designation of then President Hafez Assad as Muslim, and thus began a cycle of bloody violence with organized terrorist attacks on the government, and on al-Assad’s inner circle – and retaliatory attacks by the government – which, in effect, is only now coming to a conclusion with the defeat of militant, jihadi Sunnism’s attempt to seize the state and to oust the “heretic” Alawite.
The outcome of this iconic struggle has profound regional implications (even if we cannot, now, see how the deliberations about the vision for the future of the Levant will finally conclude).
We can say, firstly, Islamism generally is the major loser in the struggle for the Levant. Both in Syria and Iraq, ordinary Levantine Sunnis have been sickened by intolerant, puritan Islam. This orientation of Islam (Wahhabism) that demanded (on pain of death) a linear singularity of meaning to Islam, which asserts its “truth” from the certainty conveyed from a mechanical, procedural, approach to validating selected “sayings” of the Prophet Mohammad (known as “scientific” Salafism), has failed.
Armed jihadism has failed to leverage this linear singularity as the “idea” with which to crush the polyvalent Levantine model and replace it with a rigid, monovalent literalism. Just to be clear, it is not just the non-Muslims and the minority Sunni and Shi’i sects who have had enough of it: Sunni Syrians and Iraqis, more generally, have too (especially after the experience of Raqa’a and Mosul).
The public reaction to the Wahhabi interventions in both nations is likely to push Sunni Islam firstly to embrace polyvalence in Islam more tightly (even to the extent, possibly, of looking to Iran and its “mode of being” as a possible model); and secondly, to embrace further the Arab secular “way,” too. In short, one “fallout” may be a more secular style of Islam, in contrast to the Muslim Brotherhood’s emphasis on external, visible, exclusionary, identity politics.
But, if the Syrian and Iraqi nationalist Islamic impulse is over, what of the other “double aspect” to Syria — its legacy of Levantine diversity and polyvalence versus the secular nationalist perspective that diversity constitutes a primary cause of national weakness. And which sees its primary task as that of integrating the population into a single political and social structure.
Israel’s New Scheme
Well, much in this latter respect will hang on Washington: the French colonists leveraged the Syrian minorities against the Syrian majority (in the French interest). And now America seems intent – with Israel pushing hard from behind – to leverage the Kurds against the Syrian State (in the interest of limiting the extent of Iranian presence within Syria, and even to try to break the contiguity between Iraq and Syria).
That latter prospect seems unlikely. The U.S.-Israeli Kurdish “project” in Syria may fail, as Kurds (much less concentrated in northeastern Syria than they are in northern Iraq), conclude that it would be better and wiser to come to terms with Moscow (and therefore find some modus vivendi with Damascus), rather than trusting to the constancy of American promises of autonomy – amid the almost universal regional hostility to this high-risk independence project. Ultimately, it must be obvious to the Kurds that it is Russia (and Iran) that represent the incoming tide into the northern tier states.
The Syrian Kurds never were in the Masoud Barzani camp and long have had working relations with the Syrian army and Russian forces (versus ISIS), during the conflict. It seems, in any event, that the U.S. main focus is shifting away from Syria to Iraq, as the locus in which they hope to push back against Iran. Again, the prospects there for the U.S. to achieve this aim are poor (Iran is well dug in) – and if mishandled, the Kurdish independence “project” easily could spin into violence and region-wide instability.
Barzani’s leadership is not secure (the Turks are livid at his double-cross of pretending that the referendum was only to strengthen his negotiating hand with Baghdad). And the risk of wider conflict, were Barzani to be removed from power, would be contingent on who ultimately succeeded to the leadership.
In sum, the U.S.-Israeli Kurdish “project” seems – paradoxically – more likely forcefully to strengthen the nationalist impulse across the Levant, Turkey and Iran and to make it more assertive – but not in the old way: there is no going back to the status quo ante in Syria. The processes of de-escalation and reconciliation facilitated by Russia – in and of themselves – will change fundamentally the politics of Syria.
A Shift Toward Diversity
If in the past, politics was top-down, it will now be bottom-up. This is where we see something of a synthesis taking place between Levantism and nationalism. The needs of local politics, in all its diversity, will be much more the future drivers of politics. One can see already that this shift to bottom-up politics is already becoming apparent in Iraq, too. (Again, it has been accelerated by the war against the extreme jihadism of ISIS, but now may become further energized by Kurdish claims to disputed Iraqi territories.)
In some respects, the “ground” in Iraq – the mobilization of the people against these reactionary armed movements – is running ahead of, and away from the Iraqi political leadership, be it political or religious. The unrest may grow, and the government – any government – will have to bend to pressures from their base.
The Western leveraging of minorities against the state – now the Kurds – has already had a major geostrategic impact: that of bringing Turkey, Syria, Iraq and Iran into close political and military alliance in order to stop this “Kurdish project” from materializing and dissolving the outlines of major states, precisely at their most sensitive juncture.
Essentially, this represents another case where the interests of Israel do not coincide with those of Europe or America. The pursuit of this “Kurdish project” is empowering an alliance – including a major NATO state – that will be explicitly hostile to these American aims (though this does not imply any increase of hostility to the Kurds as a people – though that too may result). The alienation of these states would hardly seem to be in the Western interest, but nonetheless, this is what is occurring.
And finally, the “fallout” from the Syria conflict has prompted the northern tier states to “Look East” – as President Assad recently instructed his diplomats so to do. For Iran it may be primarily to China (as well as to Russia), but for Syria, it is more likely to be Russia in a predominantly cultural way, with China seeing Syria as an “important node” in its Belt & Road Initiative.
This represents a historic shift in the Middle East. Western officials may imagine that they have a hold over Syria by holding reconstruction funding hostage to having their way with Syria’s future: if this is so, they will as wrong about this as they have been on almost everything pertaining to Syria.
domingo, 1 de octubre de 2017
Hoy
Hoy hubo palos en Cataluña; se votó en algunas escuelas, sin control censal ni demasiadas garantías. Más cerca del bochorno que de la fiesta democrática, digamos. Lo grave es que la maquinaria del odio ya comenzó a funcionar. La foto de arriba muestra una concentración en Madrid el día de ayer. Mucho saludo fascista y gente cantando el "Cara al sol". Lo que sigue es una nota de opinión de Juan Carlos Monedero, del Diario Público:
Título: Hacer España a hostias
Texto: Si lo que nos queda es defender España a hostias ya hemos perdido. El “a por ellos” que han jaleado algunos centenares de personas a policías, arengándoles contra otros ciudadanos, es un grito impotente de gente a la que el siglo XXI les ha pasado por encima. Lo digo habiendo nacido en Madrid, de padre asturiano y madre manchega, de abuelos catalanes, andaluces y de un pequeño pueblo de la provincia de Albacete. Lo digo pensando en que el fascismo fue una marcha en Italia, unas elecciones en Alemania, un paseo en Francia, mientras que en España les costó tres años y un genocidio. Madrid, que resistió hasta el final, dejó el “no pasarán”, lleno de dignidad. Lo he escuchado hoy mismo en los alrededores del puerto de Barcelona a gente que impedía el paso a los antidisturbios. ¿Cómo nos han podido llevar hasta este callejón sin salida?
Desde Madrid he aprendido, no sin dificultades, que Catalunya es una nación, que el País Vasco es una nación, que Galicia es una nación, y que España, a la que siento como mi patria (con Lorca y Valle Inclán, con Riego y Negrín, con Picasso y María Zambrano, con Josefina de Aragón y Manuela Malasaña, con las 13 Rosas y Salvador Puig Antich, con Azaña y Machado, con Miguel Hernández y Clara Campoamor, con LLuis Llach y Blanco White y Juan Goytisolo), sólo puede serlo, con las fronteras actuales, si los catalanes, los vascos, los gallegos y los demás pueblos de España sienten a España también como parte de su identidad. Solo si deciden, conscientes y asumiendo sus responsabilidades, formar parte de esta nación de naciones que es España.
Nuestra historia no nos ayuda. Nunca hemos debatido una Constitución desde abajo. Cuando hemos tenido que decidir la convivencia colectiva se han reforzado las burbujas culturales que nos encerraban en nuestros pequeños espacios. ¿De donde sacas, lector o lectora, tu idea de España? ¿Con quién la has reflexionado? ¿Te has parado en algún momento a preguntarte de dónde viene esta patria que te acompaña como un soporte simbólico de tu vida aunque no la convoques? ¿Has pensado alguna vez, en Catalunya, en España, en el País Vasco, que te estaban engañando? ¿Has pensado qué significa que el artículo 2 de la Constitución, el que habla de la soberanía indivisible del pueblo español, lo redactaron e impusieron militares cuya legitimidad era haber ganado la guerra española que iniciaron con el golpe de Estado de 1936? ¿Te has preguntado por qué tantos españoles quieren a España pero no se ven reflejados en la bandera, y por qué los que la han hecho suya terminan con frecuencia manifestándose cantando el Cara al Sol o pegando a inmigrantes o a gente que no piensa como ellos?
Cuando la democracia estaba construyéndose en Europa aquí tuvimos el golpe de Primo de Rivera y luego el definitivo, el de Franco, que nos amordazó cuarenta años y que nos silenció por un siglo con 200.000 fusilados, 350.000 exiliados, 500.000 encarcelados. A veces parece mentira que hayamos sido capaces de levantar cabeza Hay algo grande en este país. En 1978 alguien decidió que era mejor que votáramos pero que no opinaramos. Hasta retrasaron a 1979 las elecciones municipales para que la democracia, bajada a la calle, no influyera en el texto constitucional. Nadie nos ha contado que los catalanes tienen instituciones propias desde hace siglos y que tienen un sentimiento de comunidad que antes de llegar al resto de España pasa por Barcelona. En vez de enseñarnos canciones y poemas en catalán han alimentado el odio a su lengua y los intereses económicos del fútbol han sembrado más odio que comprensión. Si España les cierra la puerta simbólica, pueden pensarse sin necesidad de nosotros. Una parte importante, más de la mitad, se sentirán amputados, porque su identidad también es española. Pero si España les dice lo que tienen que sentirse a hostias, decidirán cerrar esa puerta. Al PP no le importa: mientras hablamos de Catalunya no hablamos del 100% de sus tesoreros imputados por corrupción ni del desastre de gestión que han hecho. Si quisieran a España no habrían robado tanto ni hubieran gestionado tan mal ni tendrían tanto dinero fuera.
La burguesía catalana se benefició en Catalunya de los andaluces, de los extremeños, de los castellanos, y en el conjunto de España de todos los españoles. Por eso nunca tuvieron problemas los ricos de un lado y los de otro. Felipe González y José María Aznar siempre se llevaron muy bien con Pujol (incluso, en el caso de Aznar, tuvo su romance con ETA, a la que llamó Movimiento de Liberación Nacional). Y aún hoy se puede escuchar a historiadores conservadores decir que Pujol, en el fondo, mantuvo el ánimo nacional contenido. Aunque tuviera el dinero en Andorra, a pesar del 3% de comisiones ilegales, a pesar de los recortes en sanidad, en educación, en servicios públicos. Hoy están en la calle también catalanes que vienen de Andalucía, de Extremadura y de Castilla. Catalanes que no toleran la falta de respeto de los representantes de España desde que Rajoy se echó a la calle a recoger firmas contra el Estatut. Como siempre, sólo porque pensaba que le daba votos en el conjunto de España. La demanda de ese pueblo que hoy está defendiendo su derecho a votar es legítima, igual que la dirección política de ese proceso no es de fiar.
Fueron los que ayer mandaron a los antidisturbios, los que recortaron y robaron, los que envueltos en casos de corrupción y alejados de la ciudadanía por su seguidismo de los ajustes de Bruselas se han hecho independentistas en un curso rápido de lectura en diagonal. Son los que han mentido prometiendo una independencia que nunca se va a dar y que, a la postre, sabiendo que tienen enfrente a la derecha menos democrática de nuestro entorno, les han brindado la excusa que buscaban y no han dudado en mandar a trabajadores pobres de las fuerzas y cuerpos de seguridad a aporrear y detener a trabajadores no mucho más ricos que están reclamando que España les escuche.
Rajoy ha dinamitado la Constitución al quebrar los artículos 151 y 152, que desarrollan la verdad que encierra el artículo 2: que España es España y sus comunidades y regiones. Es decir –y hoy ya se puede decir porque no hay tanques ni ruidosos sables-, que España es España junto con sus naciones. Dice la Constitución que el encaje territorial era un acuerdo entre los parlamentos –en este caso el catalán y el español- y que lo sancionaba el pueblo –si: el pueblo catalán- en referéndum. Eso dice la Constitución. Pero Rajoy dijo: ¡que el Estatut lo redacten los jueces del Tribunal Constitucional, que para eso los hemos puesto nosotros. Y al que no le guste, palo!
La dirección política del proces catalán no está a la altura de la demanda popular. En Catalunya se demanda un referéndum con garantías. Y las garantías tienen que ver con que el conjunto de España también lo entienda. No se puede solventar algo tan serio como son las fronteras de un país con bravuconadas. Los españoles dentro y fuera de Catalunya tienen derecho a preocuparse cuando alguien decide, sin mediar debate ni explicaciones, cuáles son los nuevos contornos de su país. Y los independentistas debieran tener la mínima sensibilidad para pensar que hay gente que no piensa como ellos y les preocupa qué va a pasar en el país en el que viven. Porque hablamos de las cuencas hidrográficas, de las costas, de las líneas férreas, del déficit público, de las embajadas, de los funcionarios, de los hospitales, de las pensiones, de las carreteras. Claro que hay españolistas que son los mismos que salieron a protestar contra el aborto, el matrimonio homosexual o la España de las autonomías. Pero hay otros muchos, que han aprendido a entender que Catalunya es una nación, que piden diálogo. Y que piensan que igual que el PP no cumple la Constitución tampoco lo hace –y se le nota mucho más- los que pretenden declarar unilateralmente la independencia.
Esos millones de personas reclamando democracia en Catalunya este 1 de octubre podrían haber alentado en el conjunto del Estado un sentimiento de solidaridad que, sin embargo, no está. Algo habrán hecho mal esos millones de catalanes cuando no han sido capaces de convencer a la izquierda española. ¿Lo van a explicar sin más llamándoles “españolazos”? ¿No habrán también cometido errores?
Sin embargo, y con una enorme generosidad, una fuerza política como Podemos sigue diciendo, pese a los insultos a un lado y a otro, y como lo ha hecho desde el principio, que apuesta por un referéndum vinculante, y sigue recorriendo el Estado para explicar por qué solventar de una vez el encaje territorial de Catalunya es lo mejor para una España democrática y fuerte en el contexto internacional. Podemos está haciendo lo más difícil: defender el derecho a decidir estando en contra de la secesión. Eso se llama coraje democrático.
Otros están en la enajenación. Desde una ira que no entiende nada, algunos han dicho, hablando de los “Comuns” que “Roma no paga traidores”, junto a gente que no se presentó con un discurso independentista y que ha traicionado a sus votantes haciendo campaña independentista. El futuro de Catalunya y de España no debe estar en manos de mentirosos ni de locos, sino de gente sensata.
Esa España incorregible que retrata el independentismo ya no es mayoritaria. Podemos no tiene la culpa de ser una fuerza con apenas tres años. Sin embargo ha demostrado, con mucha sensatez y sin dejar que las amenazas le hagan dar volantazos, que construir una España plurinacional es posible. Ha roto el bipartidismo, es responsable de que los jueces puedan imputar con menos miedo a los casi mil cargos del PP que pasarán por los juzgados, está dando lecciones de gobierno en los ayuntamientos, baja a la calle en cada pelea laboral en cada ciudad y le recuerda todos los días al nuevo Rey que así no vale para nada. Ha demostrado también que al PP sólo le interesa su negocio y sus problemas. Que Ciudadanos es una mera muleta de Rajoy. Y que el PSOE, aunque Sánchez haya resucitado, no termina de demostrar el coraje que tuvo en la campaña interna. Podemos no va a tolerar las detenciones, vulneraciones del derecho de reunión, de la libertad de expresión, la violencia ni la locura que ha desatado el PP por no querer escuchar a Catalunya. La sedición y la traición a España la ha cometido el partido en el gobierno que no ha escuchado las voces que decían que íbamos hacia el desastre. Puigdemont ha hecho simplemente seguidismo aprovechando el cansancio popular ante tanta cacicada del PP. Que Rajoy, con menos del 30% de los votos, esté causándole este dolor a España y a Catalunya le hace merecedor de la más grande repulsa, cuando no de responsabilidades ante la justicia. Ojalá que no haya que esperar a que sea Europa quien ponga a Rajoy y su séquito de hispanofóbicos en su sitio.
El día 2 algunos seguiremos diciendo que no hay solución con los que han generado este despropósito. Que se tienen que ir. Y después del 1-O con mucha más razón. Yo no quiero una Catalunya de rodillas en España. Quiero una Catalunya erguida y digna que se quiera sentir también parte de España. Eso se construye con respeto. No a hostias. No otra vez a hostias.
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